Temporada de La Filarmónica: virtudes del salto de mata

Temporada de La Filarmónica: virtudes del salto de mata

Se ha presentado la nueva temporada de La Filarmónica, que, como en los nueve años precedentes, se desarrollará en el Auditorio Nacional. Continúa esta entidad, que preside José María Prat, con la inteligente, ordenada y bien engrasada política de construcción de conciertos centrados en obras maestras de la historia de la música sinfónica, de cámara y coral defendidas por intérpretes de calidad. Una programación, avanzada en sus líneas generales en estas páginas hace unos días, que se va edificando poco a poco, si se quiere, lo que no es desdoro, ‘a salto de mata’, hablando, conversando, cambiando impresiones con los intérpretes de una manera que podríamos calificar de familiar, lo que otorga a la temporada un desusado aire cercano y acogedor. Y que parece tener el beneplácito de un público cada vez más numeroso, como ya se ha comprobado en la primera reunión a cargo del Cuarteto Cosmos y la pianista Varvara.

Tras esta sesión se anuncia la presencia de dos pianistas bien distintos: en primer término, el muy joven y talentoso Eudald Buch, un descubrimiento, que concurre con un programa de bigote: Partita nº 5 BWV 829 de Bach, Sonata nº 53 Hob.XVI:34 de Haydn, y la monumental Sonata de Liszt. Se acoge al epígrafe Fomentar el talento (25 de noviembre). Luego volverá al Auditorio Nacional el veterano Maurizio Pollini, cuyo anunciado recital de hace unas semanas hubo de suspenderse por enfermedad. Bajo el epígrafe El mito tocará el 8 de diciembre, en sesión compartida con Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, un programa la mar de atractivo, que rememora sus primeros pasos: Tres piezas op. 11 de Schoenberg; ….sofferte onde serene de Nono (escrita en su tiempo para él), y tres obras de Chopin: Sonata nº 2 op. 35, Berceuse op. 57 y Polonesa op. 53. Nos encontraremos de seguro con un Pollini más reposado y más interiorizado; y menos preciso.

Las orquestas que concurrirán en el curso que acaba de presentarse son de probada calidad y relevancia, todas ellas de primer rango y total competencia; los mismos que sus respectivos directores, maestros consolidados y solventes, lo que otorga un indudable nivel a las propuestas. Ahí tenemos, por ejemplo, a la tan compacta, flexible y poderosa del Teatro Mariinski de San Petersburgo, de cálidas irisaciones, con el siempre seguro, variado, trabajador, intenso y nervioso Valery Gergiev, que ofrecerá (2 de febrero) Una vida de héroe de Strauss, obra pintiparada para el maestro y sus huestes. El programa, que se acoge al significativo título Los héroes musicales de la pandemia, se completa con otra obra enjundiosa y difícil: el Concierto para piano nº 2 de Brahms, que  tocará el ya experimentado y competente Nelson Goerner.

Muy distinta es la segunda cita (Viaje en el tiempo, 2 de febrero), en la que Forma Antiqva, a las órdenes de su fundador, Aarón Zapico, con Bach como base de operaciones, dará forma a las Suites BWV 1066 y 1067 y cortejará al contratenor Carlos Mena en las Cantatas BWV 35 y BWV 170. Buena ocasión de comprobar nuevamente el arte pulido, maduro, el fraseo y el timbre oscuro del cantante vitoriano.

Nueva cita orquestal, esta vez con Beethoven en los atriles, es la concertada con la Sinfónica de Viena, agrupación histórica que parece adquirir brillos singulares bajo el mando de su reciente titular, el colombiano Andrés Orozo-Estrada, bien conocido en nuestro país. Su claro gesto, su impulso y su apasionamiento, siempre a partir de un estudio serio, son buenos mimbres para acometer un programa Beethoven: Séptima sinfonía y Concierto para violín, en el que será solista la expresiva y sutil Vilde Frang (Vienés de adopción, 2 de marzo).

Será el turno luego del discutido y discutible Teodor Currentzis [en la foto], siempre tan amigo de nuevas descubiertas y de darle la vuelta (o intentarlo al menos) a las partituras más reconocidas. Esta vez el objeto de análisis es la Sinfonía nº 1 de Brahms, cuyos claroscuros ofrecen buen caldo de cultivo al olfato investigador del artista. Su gesto, un tanto amanerado pero efectivo, controlará las voluntades de los músicos de la Orquesta Sinfónica SWR de Stuttgart. A la reunión (Un terremoto, 30 de marzo) se suma el reconocido viola Antoine Tamestit, que tañerá el Concierto para viola del serbio Marko Nikodijevic, compositor de rara sutileza.

Enseguida nos situamos para degustar el siempre admirado arte de la pianista Martha Argerich, quien, como suele ser costumbre en ella desde hace años, actuará acompañada, en este caso por el antes nombrado Nelson Goerner, protegido suyo y argentino como ella. Tocarán composiciones para dos pianos: En blanc et noir de Debussy y Danzas sinfónicas de Rachmaninov op. 45b. La sesión ha sido bautizada El milagro, que se refiere al eterno rejuvenecimiento de la pianista (3 de abril).

Otro pianista insigne, estudioso, analista, descubridor, repasador de conceptos, fino y profundo, Andras Schiff, es el protagonista de la cita siguiente, El debut de una leyenda del piano, que indica la primera presencia del instrumentista en estas series de conciertos madrileños. Para la oportunidad Schiff ha propuesto nada menos que El Emperador de Beethoven. Qué mejor para comprobar sus habilidades. Con él la Orquesta Sinfónica de Düsseldorf y el consolidado Ádám Fischer, húngaro como el pianista, que ofrecerá una pieza muy popular de Mahler: la Sinfonía nº 1 (6 de abril).

La temporada se cierra el 12 de mayo con otro plato orquestal protagonizado por la notable y brillante Sinfónica de Radio Suecia y su director Daniel Harding, cimbreante, diligente, claro de gesto, nada enfático, que coloca en atriles las Sinfonías segunda y cuarta de Brahms. Hace años había gustado mucho su interpretación de la Tercera. La enjundia de la última obra, su diáfana construcción, tan imponente en la Passacaglia final, son siempre un reto (El sonido del Norte de Europa).