TAÜLL / Los lamentos y los gozos

TAÜLL / Los lamentos y los gozos

Taüll. Iglesia de Santa María. 5-VIII-2019. Ars Atlantica (María Espada, soprano; Marta Infante, mezzosoprano; Calia Álvarez, viola da gamba; Ramiro Morales, archilaúd). Director y arpa: Manuel Vilas. Obras de Barbara Strozzi.

En el mismo día en que se cumplían los cuatrocientos años del nacimiento de Barbara Strozzi se pudo escuchar en la conocida iglesia de Taüll, dentro del Festival de Música Antigua de los Pirineos, una buena muestra de las varias formas creativas de esta singular y espléndida compositora: cantatas, ariette y dúos. Hay que señalar, en primer lugar, la gran labor de Manuel Vilas en la realización del bajo continuo, aprovechando la variedad de colores que suponen el arpa, la viola da gamba y el archilaúd y, sobre todo, sacando partido de las virtualidades como intérpretes de los tres instrumentistas. Vilas realizó bellos pasajes ornamentales,  Calia Álvarez extrajo una rica variedad de timbres de su viola, con ostinati sólidamente marcados y un dramático trémolo al final de Il lamento, mientras que Ramiro Morales ayudó con brillantez a crear un relleno armónico.

Afrontar la obra de Strozzi supone, si se quiere hacerlo con perspectivas de éxito, un concienzudo trabajo de estudio de la relación entre texto y música desde el conocimiento de la retórica barroca de los afectos, porque, de lo contrario, se caerá en un discurso inexpresivo. Ambas cantantes hicieron bien sus deberes, de manera que sus versiones dieron idea sonora al complejo laberinto de pasiones que la compositora veneciana plantea en sus obras. María Espada abrió el concierto con la cantata Sino a la morte y con una muy medida y matizada serie de vocalizaciones sobre la “o” de “morte”, consiguiendo una espléndidas dinámicas por debajo del mezzo-piano. Con su voz brillante, de emisión perfecta y su dominio de la coloratura (algo esencial para darle sentido a los pasajes más concitati y a algunos momentos más en stile passegiato), puestos al servicio de un fraseo incisivo y flexible, fue desgranando con sensibilidad las numerosas inflexiones afectivas de la cantata, combinando acentos dramáticos y pasajes dolientes con igual efecto sobre el oyente. En la arieta Mi fa rider destacó su control de la emisión para conseguir adelgazar el sonido o engrosarlo en función del contenido del poema.

Marta Infante tiene en la obra de Strozzi un tablero perfecto sobre el que desplegar sus mejores armas y estrategias como cantante, porque se trata de un repertorio y un estilo expresivo en el que se mueve con una pasmosa facilidad. Su voz de sólidos graves, pero de timbre claro fue ideal para enfrentarse a esa obra tan original e innovadora como es la cantanta Il lamento, toda una exaltación del amor homoerótico sin par en todo el Barroco en el que Infante se adentró en los recovecos más dramáticos de la voz sin forzar nunca la emisión y sin cambios de color, hasta conseguir un impactante Tremò Parigi final sobre el trémolo de la viola da gamba. Su dominio de las agilidades emergió en Amor non si fugge, con gran flexibilidad en los cambios de ritmo.

Y en los dos duetti se pudieron unir las virtudes de ambas solistas en unos delicados entrelazamientos de dos voces perfectamente complementarias en materia de color.