Szymon Nehring: “No decidí dedicarme a la música, fue la vida la que me mostró el camino”

Szymon Nehring: “No decidí dedicarme a la música, fue la vida la que me mostró el camino”

El pianista polaco Szymon Nehring (Cracovia, 1995) ofrecerá un recital en el Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo el próximo martes día 28 de septiembre, en el Auditorio Nacional de Madrid. El mundo lo conoció sin preverlo. En 2017, el joven Szymon Nehring se alzaba con el primer premio de la Arthur Rubinstein’s Piano Master Competition, convirtiéndose en el primer polaco que se hacía con el galardón. Su forma tan simple, sin artificios, de conversar con el instrumento cautivó al jurado, posibilitando que Nehring comenzase un viaje musical repleto de giras y conciertos. Aun así, el éxito rápido no hizo que el pianista polaco dejara de lado su formación académica para centrarse en sus éxitos personales. Estudió en Yale con Boris Berman y actualmente se encuentra preparando su doctorado. ¿Nos encontramos frente al extinto perfil del intérprete intelectual cuyas ambiciones se centran más en el conocimiento que en la fama?

Cuando hablamos de comenzar a tocar un instrumento, suele haber dos corrientes: aquellos de lo hacen por obligación y los que entran en el mundo musical de forma natural. ¿Cuál fue su caso?

Todavía recuerdo el día en el que mi primer piano llegó a casa. Estaba sobre un remolque, delante de los apartamentos del edificio donde vivía. Tenía cinco años e iba a comenzar mis primeras clases, pero lo cierto es que la música había llegado a mi mucho antes. Lo hizo mediante antiguas grabaciones que mi abuelo solía poner en casa: sinfonías, sonatas… Sin yo saberlo, mi oído se estaba educando en un arte que más tarde sería mi vida.

¿Cómo decide uno dedicarse a la música?

En mi caso no lo decidí, fue la vida la que me mostró el camino. Hasta los 10 años no tuve un profesor que realmente me hiciera amar la música. Mi juventud y adolescencia fueron como la de cualquier joven normal. Tenía otras prioridades: quedar con mis amigos, salir de fiesta… A los 18 años decidí que quería ser un buen pianista, y entonces fue cuando me obligué a mí mismo a dedicarle horas y horas de estudio con este instrumento. No me imaginé nunca que pudiera hacer carrera de ello, pero cuando recibí mi primer dinero por tocar pensé: “¿Me han pagado por hacer algo con lo que disfruto?”.

La vida del pianista es solitaria por naturaleza. ¿Cómo fueron esos meses de confinamiento, teniendo en cuenta, además, que todo empezó en un momento en que su carrera estaba despegando?

Creo que para cualquier intérprete joven ser testigo de cómo la actividad cultural desparecía ha sido bastante depresivo. Los primeros meses fueron muy duros. Me replantee absolutamente todo en lo que creía. Pero incluso en las peores situaciones, hay algo positivo que aprender. El confinamiento me ayudó a bajar el ritmo, a volver a acercarme a la música desde el disfrute, sin tener que vivir con la presión de los conciertos, de los recitales… Es una forma de refrescar ideas a todos los niveles. Y, sobre todo, de entender que nada es para siempre.

Aun así, la industria de la clásica desarrolló métodos para seguir haciendo conciertos aunque fuera por streaming

La naturaleza del concierto es el directo. Pero dentro de estas soluciones digitales, hay formas más atractivas que otras. Creo que el streaming nos puede ayudar a divulgar la música de otras formas, explicando las obras con un lenguaje actual, directo y sencillo. Con todo, por mucha calidad que pueda tener la retransmisión, nada suplirá la experiencia de vibrar junto a una orquesta o un piano en directo.

¿Cómo podemos acercar la música clásica a los jóvenes sin escatimar en calidad?

Soy una persona que no solo escucha música clásica. Me encanta la electrónica, el techno, el rap, el jazz… No podemos comparar la música clásica con la moderna, pero sí que debemos aprender de sus lenguajes. La música como lenguaje universal debe también tener un toque de actualidad. No podemos cambiar la partitura, pero sí mirarla con una perspectiva contemporánea, sin perder parte de nuestra identidad. Esto no quiere decir que tengamos que salirnos de estilo, ni mucho menos, pero de la misma forma que Gould o Zimerman encontraron una forma propia de acercarse a la música, nosotros como nuevas generaciones tenemos que hacer lo mismo. Ser actuales. Vivir en el presente, en el ahora. En las últimas décadas, la industria se ha dejado engatusar por el dramatismo y la complejidad en la que muchas veces nos sumerge la música. Pero el lenguaje, cuanto más claro y sencillo, más sincero es.

Rachmaninov, Rubinstein o Horowitz han pasado a la historia por demostrar una maestría musical pura y sincera, siendo ellos y el instrumento. ¿Cuáles diría que son sus inspiraciones de aquella antigua generación de intérpretes?

Rachmaninov y Horowitz son dos pianistas que amo. El sonido que lograron sacarle al instrumento es algo que nunca envejece. También puedo citar a Ignaz Friedman y Josef Hofmann, cuyas grabaciones han llegado a formar parte de mi día a día en estos últimos meses. Ambos tienen un sonido muy personal, de esos que te llega dentro sin saber cómo. Son intérpretes que tienen una relación natural y sincera con su instrumento, sin impostaciones ni falsas pirotecnias. Ahí se esconde la auténtica identidad de cualquier pianista, y por desgracia, esa forma tan humana de relacionarse con la música está en extinción.

Entre sus vivencias destacan las grabaciones que realizó junto al recientemente fallecido Krzysztof Penderecki, con el que llegó a grabar su Concierto para piano y orquesta. ¿Cómo fue trabajar con uno de los compositores mas importantes de nuestra época?

Recuerdo que íbamos a grabar su Concierto para piano y orquesta y, tras estudiarme la pieza, fui a su casa para preguntarle sobre algunas dudas que tenía. Había pasajes imposibles de tocar y confiaba en que me diera alguna respuesta. Tras conversar durante horas acerca de la vida y otras vaguedades, cuando ya parecía que había terminado nuestro encuentro, le dije: “¡Maestro, que no hemos hablado nada de la pieza!”. A lo que me contestó: “¡Confío en que lo harás bien!”. No le gustaba hablar de música. Pero casualmente es la única grabación de la que estoy realmente satisfecho.

También grabaron los conciertos de Chopin… 

Si, pero reconozco que la música contemporánea tiene la magia de no poseer una tradición interpretativa. Lo que te ayuda a descubrirte a ti mismo tocando esa pieza, sin buscar referencias ni modelos a seguir.

En 2020 iba a participar en la International Chopin Piano Competition, pero, debido a la crisis sanitaria, su participación ha quedado pospuesta para la edición 2021, apenas una semana después de su concierto en el Ciclo Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Para esta ocasión, ha preparado un programa monográfico de Chopin.

Chopin es un compositor imposible de evitar en la educación musical de cualquier polaco. Había tocado muchas piezas suyas, pero todavía no me sentía enamorado de su música. Fue relativamente hace poco cuando, de repente, Chopin entró en mí, y no lo hizo ni en su etapa temprana, ni en su etapa virtuosa. Lo hizo en su etapa tardía, donde el nivel de profundidad va más allá de todos los estándares románticos. Es una música que todavía estoy procesando e intentando entender. Y aunque soy bastante joven, puedo apreciar que esos cinco o seis últimos años de su vida vibran de forma diferente al resto. Gran parte de las piezas que he escogido forman parte de este periodo.

Por tanto, diríamos que mantiene una relación peculiar con el genio polaco…

Más que peculiar, compleja. No es un compositor que pueda tocar todos los días. Hay veces que me levanto, me siento al piano, y no hay forma de hacerlo sonar. Puedo estar diez días sin tocarlo y, de repente, cuando lo hago, suena perfecto, dónde tiene que sonar. La mayoría de los compositores requieren práctica, como todo en la vida. Chopin es diferente. Él te pide un estado anímico y mental. El resto fluye.

[Foto: Bartek Barczyk]


Szymon Nehring
28 de septiembre de 2021, 19:30 horas
Auditorio Nacional. Sala de cámara

F. Chopin

Nocturno en Mi mayor op. 62

3 mazurkas op.56

Impromptu en Sol bemol mayor op. 51

Sonata nº 3 en Si menor op.58

Polonesa-Fantasía en La bemol mayor op. 61

Nocturno en Mi bemol mayor op. 55 nº 2

Estudio en La bemol mayor op. 10 nº 10

Estudio en Do mayor op. 10 nº 1

Balada nº 4 en Fa menor op. 52