Sin ellos no hubiera sido posible

Creo que en el editorial de este número de noviembre de 2025 se explica la realidad del pasado, el presente y el futuro de SCHERZO. Así, pues, seguramente la manera más justa y más directa de repasar mis años —de 2004 a 2016— como director sea resumirlos en los nombres que hicieron que aquella etapa fuera tan importante en mi vida personal y profesional. Helos aquí.
Antonio Moral es quien me llama para sustituir a Tomás Martín de Vidales. Debió pensar que mi mezcla de veteranía editorial y gestora podría venirle bien a la empresa. Su confianza fue tan constante como su amistad. Noblesse oblige, él ha se ser el primero en esta lista.
Enrique Martínez Miura, muchos años mi puntilloso y conspicuo redactor jefe.
Arantza Quintanilla sabe muy bien lo que fue capear la crisis, solos los dos en la redacción, en esa etapa en la que empezaban a verse algunas nubes tirando a negras.
José Antonio Andújar y su equipo de Administración —Choni Herrera y Cristina García-Ramos— que conocían la casa y la sabían explicar.
Antonio Muñoz Molina enriqueció las páginas de opinión con la pasión propia de quien ama la música sin pedirle nada a cambio. Él sabe que, como decía Stendhal, esa misma música sólo tiene de real el estado en que deja el alma.
Norman Lebrecht nos aportó, y sigue en ello, una visión diferente de la actualidad, siempre en el ojo del huracán.
José Luis Téllez fue una herencia maravillosa. Nuestra experiencia con un editorial transformó lo que pudo habernos distanciado en un lazo aún más fuerte.
Arturo Reverter, personaje único en su clase y en muchas otras, firmó conmigo la mejor entrevista que hemos hecho en nuestra vida.
Javier Pérez Senz toreó el toro de la redacción en Barcelona con el aseo propio de los maestros de la lidia.
Asier Vallejo Ugarte fue el primer jovencísimo que entró en nuestro plantel de críticos durante mi etapa. Ya apuntaba maneras y hoy es un ejemplo de cómo la claridad casa con la proporción.
Blas Matamoro y Fernando Fraga, que estaban siempre preparados.
Rafael Ortega Basagoiti, experto en marrones discográficos, quiero decir en esas críticas que había que hacer de la noche a la mañana y en las que no fallaba nunca.
Remy Franck, nuestro eterno presidente en el jurado de los ICMA, esa forma de asomarnos al exterior que supuso, además, el inicio en unos casos y la consolidación en otros de las relaciones con nuestros colegas internacionales.
Javier Pouso, que supo muy bien lo importante que para nosotros era ser independientes.
Rafael Pardo Avellaneda, que confió en SCHERZO desde la Fundación BBVA y nos echó, con su mecenazgo, una mano salvadora.
Manuel Ortuño, presidente de la Asociación de Revistas Culturales Españolas (ARCE), inteligente luchador contra una realidad amenazante.
Hay unos cuantos que se nos fueron antes de tiempo y sin los que ni la revista ni yo mismo hubiéramos sido lo que fuimos: José Luis Pérez de Arteaga, ese genio imprevisible; Rafa Banús, corazón y cabeza; Joaquín Martín de Sagarmínaga o cómo a veces la brillantez antes que deslumbrar prefiere esconderse; Federico González, sucesor de Ebbe Traberg como crítico de jazz que, antes de dejarnos, me recomendó a Pablo Sanz; Pedro Sarmiento, discreto, elegante y sabio.
Y last but not least mi sucesor, Juan Lucas, amigo antes de llegar a la revista —a la que incansablemente aprovisionó de discos para crítica desde su inolvidable Diverdi— y hoy más amigo aún. Le dio unas cuantas vueltas y culminó valientemente la etapa de su transformación digital. Pero esa es otra parte de esta historia.
Muchas gracias a todos.
Luis Suñén
Director de SCHERZO entre 2004 y 2016
Concierto 40 aniversario de la Revista SCHERZO
1 de diciembre de 2025. Auditorio Nacional. Madrid.


