Scherzo | OPINIÓN / Sigma Project, canela fina en Mode Records, por Ismael G. Cabral

Sigma Project, canela fina en Mode Records

Sigma Project, canela fina en Mode Records

Reconozcamos que, hasta hace unos años, no pocos pero tampoco demasiados, la música para cuarteto de saxofones era una excentricidad incluso para los generosos márgenes de la música actual. Una curiosidad gestada por un puñado de instrumentistas empecinados en emancipar el instrumento de ser poco más que un color en los aparatos camerísticos y sinfónicos. En 1995 Philip Glass se cruzó por el camino y dio un inesperado empujón escribiendo su Concierto para cuarteto de saxofones y orquesta, que estrenó el Raschèr Saxophone Quartet, quienes durante años fueron algo así como el Intercontemporain de los instrumentos que ideara Adolphe Sax. Pero, al contrario que el ensemble de Pierre Boulez, la agrupación norteamericana no se arremangó tanto y transitó un lustroso camino en el que fueron dando pábulo al alumbramiento de obras menores y siempre sin dejar de soplar las cañas glassianas.

En los últimos días de 2022 desde Estados Unidos, vía Mode Records, llegaba a nuestras manos el disco New Mexican Music for Saxophone Quartet, que viene a ser la guinda del pastel tras los muchos kilómetros recorridos por el continente americano en diferentes giras por parte de los miembros de Sigma Project. El sello de Brian Brandt es oro puro para los coleccionistas más conspicuos de música de la segunda mitad del siglo XX, en el continúa en proceso una magna edición dedicada a John Cage, allí se han editado decenas de discos fundamentales de Iannis Xenakis y Morton Feldman, allí pueden rastrearse algunas de las mejores grabaciones del Cuarteto Arditti, y de obras de Alvin Lucier y de piezas electroacústicas de Morton Subotnick y de… Canela fina.

El grupo que conforman Josetxo Silguero, Andrés Gomis, Ángel Soria y Alberto Chaves saben de qué va todo esto. Por eso han querido que su nuevo disco (tras la palpitante y abisal Poética del laberinto, de Alberto Posadas, en Wergo) viera la luz en Mode. Y ahí quedará, yendo al meollo, como retrato de cinco compositores mexicanos actuales que son referencia absoluta (falta, no todo es perfecto, Julio Estrada, aunque desconocemos qué grado de actividad mantiene el veterano músico): Víctor Ibarra, Hebert Vazquez, Hilda Paredes, Arturo Fuentes y Javier Torres Maldonado. A los Sigma les han metido, en su trayectoria, muy pocos goles por la escuadra, y este compilado, felizmente, está cien por cien garantizado libre de malas partituras.

Podrá pensarse que esto de nueva música mexicana para cuarteto de saxofones es material de especialistas y/o de oídos engrasados. A la postre la cuestión geográfica del título podría ser perfectamente intercambiable. Si mañana son capaces de ponernos por delante una panorámica de nueva música sudanesa para saxofones y resulta tan expresiva como esta vuelva usted por aquí y leerá unas líneas parecidas. El Grande Équerre: ensayo sobre la negación, de Ibarra (1978), es una potentísima página que exuda el oscuro violentado de la plástica de Antoni Tàpies, una obra de colores decantados y texturas informalistas y agrietadas. Bajo la higuera, de Vazquez (1963), es una partitura más amable lanzada desde unísonos que se bifurcan en colores e impresiones aéreas para convocarse en su tercio final con una mayor convencionalidad que no resta ápice de encanto a una creación de las que aficionan al saxofón.

Hilda Paredes escribió Espacios intemporales en 2017 y es la apuesta más dilatada de la reunión, también la que concede más exposición virtuosa a cada uno de los cuatro atriles, sin que la pirotecnia reste lucidez y capacidad de sugestión a una búsqueda tímbrica que parece estar, durante todo el tránsito, en permanente calibración y recalibración de distintos estados anímicos, de afectos en un sentido casi barroco. Fuentes  (1975) escribe excepcionalmente bien para vientos, así lo apreciamos en la reciente Cala (2022) para saxofón y electrónica (de cuyo estreno dimos cuenta aquí). En la creación recogida en el álbum, Influx (2012), se bucea en multifónicos, diseminación de células, springs drums y ralentización y aceleración de flujos sonoros; todo este banco experimental no resta fortaleza a una música que asalta los oídos con una garra instrumental luminosa. Como también lo hace, de otro modo, Torres Maldonado (1968), que en Masih indaga -antes que en heterogeneidades- en homogeneidades colindantes con el cuarteto de cuerdas; un acercamiento a la materia sonora más tradicional (desde el punto de vista de la caligrafía musical contemporánea centroeuropea) pero de acabado satisfactorio.

Todos los compositores tienen en común haber experimentado una similar transfiguración al comprobar, en el mano a mano, la capacidad de contar cosas de las dos parejas de saxofones que dominan los Sigma. Probablemente, también para ellos, hace unos años escribir música para una formación así debería resonarles tan parecido como un encargo para dos theremin y dos ondas martenot. Los días 10 y 11 de febrero, con otro repertorio, el conjunto ofrece dos conciertos en la Fundación March; Sinergias: arte visual y arte sonoro. “Y vas a ver lo que es canela fina y armar la tremolina cuando [los oigas en Madrid]”, que cantaba (más o menos) Lola Flores.

Ismael G. Cabral

(Foto: Francisco Galán)