SEVILLA / ¡Vive la France! Pero la de siempre…

SEVILLA / ¡Vive la France! Pero la de siempre…

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 23-I-2020. Tatiana Postnikova Y Natalia Kuchaeva, pianos. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Daniel Smith. Obras de Ravel, Saint-Saëns, Debussy y Bizet.

Podría haberse sustituido una de las obras del programa —por ejemplo, la tan agradable y leve como intrascendente Petite suite de Debussy— por una página de la segunda mitad del siglo XX (¿Messiaen, quizá?) y no hubiera pasado nada. Bueno sí, que nos habríamos ido con una sensación todavía mejor, la de una panorámica más completa y seductora de la música francesa, a la que se consagraba este programa de la temporada de abono de la Sinfónica de Sevilla.

Ni una sola de las obras propuestas era novedad en los atriles de la ROSS, lo que ya es lástima. Pero si por algo no se recordará el paso de John Axelrod por la dirección artística será por la renovación del repertorio. Nada de lo dicho es óbice para valorar este como un excelente concierto. A la invitación cursada al notable Enrique Diemecke la pasada semana se sumó esta la visita del maestro australiano Daniel Smith, al que resultó un placer verle dirigir de manera tan contenida, sin aspaviento alguno, y con una visión muy apropiada de cada una de las partituras seleccionadas.

Desde luego la Sinfónica ofreció una ejecución primorosa de El carnaval de los animales de Saint-Saëns, una obra que suele ser menú común en programas didácticos y/o infantiles y que, pese a lo popular de algunos de sus pasajes, deviene casi en una rareza su audición completa en un concierto al uso. Se acertó además con la elección de la versión de cámara, de mucha más viveza que la orquestal. Como también fue apropiada la inclusión de la lectura de unos simpáticos textos de Francis Blanche leídos por el concertino Éric Crambes. Smith y los profesores de la ROSS ofrecieron una versión vibrante, absolutamente sobresaliente, apoyados por los dos pianos de Tatiana Postnikova y Natalia Kuchaeva. La espontaneidad humorística que destilaron los músicos y la total desafectación que imprimieron a la obra propició una audición cercana a lo fascinante; mucho más de lo que cabría esperar de una creación que tiende tanto a la liviandad.

Antes con Le tombeau de Couperin, de Ravel, Daniel Smith había buscado una interpretación ligera, mucho, en el último movimiento; pero también de un evidente recogimiento. Persiguió más lo elegante y salonesco que lo barroquizante, aunque huyó con acierto de cualquier tentación romántica. Con la Petite Suite de Debussy la orquesta continuó por idénticos parámetros de refinamiento y cercanía al estilo. Y, finalmente, la Sinfonía nº 1 de Bizet gozó de una lectura ágil (apreciable desde los primero compases del primer movimiento, muy alejados, por ejemplo, de la serenidad con la que Marc Soustrot concibe esta música en su versión discográfica). La ROSS pareció encantada, una y otra semana, con sus respectivos maestros invitados al podio. Y esto se notó rotundamente en la respuesta ofrecida.

(Foto: Guillermo Mendo)