SEVILLA / Una ópera (o algo similar) proyectada al futuro

SEVILLA / Una ópera (o algo similar) proyectada al futuro

Sevilla. Espacio Turina. 5-XI-2021. Chillar todo el día. Ópera experimental. Isabelle Duthoit, voz. Dirección y creación musical: Proyecto Ocnos.

Hay que agradecer el arrojo del Espacio Turina de dar cabida a proyectos que, ya desde su mismo enunciado, se publicitan como experimentales, con toda la carga de riesgo, tensión y prueba que conlleva el término. El abrazo es extensible a los músicos de Proyecto Ocnos (nuclearmente el guitarrista Pedro Rojas-Ogáyar y el clarinetista Gustavo Domínguez Ojalvo); en su haber tienen participación decisiva en alumbramientos palpitantes como las dos óperas de Germán Alonso: Los pecados de las ciudades de la llanura (con Niño de Elche) y Marie.

Chillar todo el día ha sido su creación más imperfecta, aunque su misma gestación, en clave de improvisación libre aún con un concepto musical bien definido por Domínguez Ojalvo ya fuera aparejada a la gestación de un artefacto que tantea más que muestra cosas cerradas. Ahora bien, durante los aproximadamente 75 minutos de esta performance libremente inspirada en el relato Josefina la cantora o el pueblo de los ratones de Franz Kafka, echamos de menos la presencia de un compositor que, con todos los elementos en liza, acotara las situaciones y diera algo de forma a la riada.

Protagoniza absoluta de Chillar… fue la cantante Isabelle Duthoit, formada en el Conservatorio de Lyon, pero con una carrera que la ha llevado del free jazz al rock experimental, recalando en el ámbito de la exploración vocal; en la línea de Henri Chopin y Jaap Blonk, pero también de Fátima Miranda y Ute Wassermann. Voz antes de la voz, Duthoit realizó un tour de force plagado de rugidos, aullidos, gritos, respiraciones enfermizas, bisbiseos y recitados apenas inteligibles. Demostró haber asimilado su conocimiento de los cantos tradicionales japoneses, como también tener bien aprehendida la lección de los poetas fonéticos y, en fin, de las vanguardias más acechantes de la segunda mitad del siglo XX. Solo tenerla en el escenario ya suponía, en sí mismo, un pequeño acontecimiento.

Mientras que ella atormentaba su garganta con excursiones incluso al noise de Merzbow / Whitehouse, el ensemble ampliado de Proyecto Ocnos se aprestaba a un continuo, a un flujo sonoro que oscilaba entre el free jazz, ciertos esquejes rock y episodios más reposados de tics contemporáneos. No sentimos que importantes músicos especializados allí congregados, entre ellos, el pianista Alejandro Rojas Marcos y la violinista Luz Prado amortizasen su presencia. En medio del caudal, un nervioso ensamblaje audiovisual de Alfonso Camacho mezclaba a Pasolini, Hitchcock, Lynch y otras múltiples referencias con sobretítulos que incidían, un tanto reiteradamente, en el escueto armazón conceptual de la obra. Escénicamente, la manipulación constante durante toda la obra de distintas cajas de cartón pintadas con caras añadía un innecesario elemento distractor. Chillar todo el día quedará, no obstante, como un valeroso intento sin concretar; una caja de resonancia con excelentes mimbres y pasajes de innegable potencia que podrán servir como elementos que pervivirán incrustados en venideros empeños. Esa será la mejor forma que encuentre la creación de proyectarse en el futuro.