SEVILLA / Proyecto Ocnos reivindica su territorio

Sevilla. 24-I-2025. Espacio Turina. Proyecto Ocnos (Gustavo A. Domínguez, clarinete y clarinete bajo; Pedro Rojas Ogáyar, guitarra y guitarra eléctrica; Cachito Vallés, diseño escénico). Obras de Núñez Hierro, Lim, Paúl, Rykova y Pauly.
El conjunto sevillano Proyecto Ocnos lleva años honrando su nombre, esto es, dando forma a algo, sea lo que sea, amasando ideas, proyectando ideas sólidas y algunos esbozos provocadores. Ya dos sólidas óperas de cámara de Germán Alonso (The Sins of the Cities of the Plain, Marie), la performance experimental Chillar todo el día o lo que quiera que fuera el pájaro demoníaco y plural llamado Hafune. Con Cuerpos resonantes, su nueva propuesta, el dúo formado por el clarinetista Gustavo Domínguez y el guitarrista Pedro Rojas plantea un recomenzar; reencuentro de ambos solistas (activos en otras tantas iniciativas, dentro y fuera de la ciudad) en la soledad de los dos instrumentos (multiplicados). Un viaje al territorio que les es propio. Por eso este programa tenía mucho de reclamación, de la historia del mismo grupo, y también de los lenguajes que quieren hablar sus integrantes.
Toda puesta de largo debe asumir calibraciones posteriores. Este también. Y ojalá fuera así porque significaría que mucha de la suculenta música presentada aquí tiene más recorrido. Lo merece, también para que otros públicos puedan sentirse atrapados visualmente por los dispositivos escénicos galácticos diseñados por Cachito Vallés. Unas estructuras móviles circulares que envolvieron al dúo de distinta manera y que, sin generar distracción alguna, multiplicaron la capacidad de sugerencia de las dos obras mayores presentadas. De un lado, Mapa e interior, estreno absoluto de Abel Paúl (1984), un compositor cuya música siempre merece una escucha atenta porque demuestra con creces ser un sagaz escultor de la materia sonora. De fiero estatismo e hiperconcentrada escritura, en Paúl parecen cruzarse de un modo personal esquejes sónicos de un Alvin Lucier, también divagaciones silentes del movimiento post-Cage wandelweiser. Esto es, arte presente, que no habla desde las notas, lo hace desde la asunción de un espacio habitable en el que estamos y oímos; convirtiendo a los instrumentistas en intermediarios de una rara liturgia: guitarra con transductores, clarinete bajo con altavoz.
Si acaso, Mauricio Pauly (1976) extremó aún más la sugerencia de Paúl en su pieza The Threshing Floor, para clarinete bajo y banjo amplificados con pedales y electrónica. El creador costarricense va más lejos en el manejo de la temporalidad y permite que su propuesta se dilate (más podría haberlo hecho); su terreno volatiliza la concreción de la academia instrumental y abraza sin ambages el sound art. Solo una secuencia percutiva en el tramo final retoma cierto halo camerístico; grandes Domínguez y Ogáyar apostando por partituras como esta, que radicalizan la característica osadía de la formación conectándonos con la música de ahora mismo.
Abrió el concierto OCNOS, escrita para el dúo por Núria Núñez Hierro (1980), página con la que demostraron sus intérpretes haber felizmente desaprendido estilemas de conservatorio y saber ejemplarmente trabajar las rugosidades lachenmanianas de esta música estimulante y compleja en recursos (tapping en la guitarra, golpes en la caja, diferentes slaps en el clarinete, etc.) Elena Rykova (1991) es una interesantísima compositora poco representada por la brevísima Zig-Zag for Callisto, para guitarra eléctrica preparada. También lo es Liza Lim (1966) a la que ningún favor le hace la reivindicación de una obra de estudio que no debería salir de un aula de clarinete contemporáneo: Sonorous Bodies sobró por completo.
Ismael G. Cabral


