SEVILLA / Presten oído a La Casa de los Pianistas

SEVILLA / Presten oído a La Casa de los Pianistas

Sevilla. La Casa de los Pianistas. 05-07-2019. María Testa, piano. Obras de Satie, Glass, Einaudi y Wolter.

Vaya por delante que La Casa de los Pianistas es un lugar único. Una aventura personal de una empresaria (y músico), Yolanda Sánchez, que hace un año inauguró este singular y multidisciplinar espacio en el centro de Sevilla, en la zona de la Judería. Sorprende que, pese a la juventud del proyecto, la cantidad de conciertos que se han dado aquí ronde ya el centenar.

Sin ningún apoyo público, el espacio -que es también lugar de aprendizaje y grabación- se ha configurado en muy poco tiempo como uno de los escenarios más constantes de la ciudad, toda vez que en él tienen cabida todo tipo de expresiones estéticas en torno al piano. Sin ninguna limitación estilística, la música clásica sería su asignatura troncal, pero también tienen cabida propuestas centradas en los teclados históricos, en la música de cine, el jazz, la música contemporánea e incluso la copla y la música de Semana Santa.

El pasado viernes, 5 de julio, la pianista argentina María Testa recalaba aquí con un concierto, un tanto ambiciosamente titulado The Minimal Experience. Propuso un ramillete de piezas que, partiendo de Satie, se fueron adentrando en el repetitivismo más amable y melódico, debido a Ludovico Einaudi y un por completo desconocido, Alain Wolter.

Comenzó Testa con unas versiones muy paladeadas, dichas sin prisa alguna, de la Gymnopédie I y las tres primeras Gnossienes de Erik Satie. Un repertorio este en el que se acumulan referencias fonográficas cuando nos enfrentamos a una nueva interpretación en directo. Testa no estuvo demasiado lejos de la delectación casi New Age de la emblemática y mediática grabación de Pascal Rogé, Après la pluie… Su camino es solo uno de los posibles en un repertorio de inabarcables resonancias y significantes. Pero pareció del todo coherente con el resto del programa concebido.

Las Metamorphosis de Philip Glass son obras que basculan entre la primera y más excepcional época del repetitivismo glassiano y la farragosa posmodernidad que abraza hoy el compositor cuando compone para piano. Son obras estas que él mismo sigue defendiendo en sus conciertos y que forman parte ya del olimpo minimalista. En la sala de música de La Casa de los Pianistas una y otra partitura resonaron con una parsimonia cuasi ritual. Al igual que con Satie, Testa se tomó su tiempo y no quiso subrayar el tono repiqueteante que subyace en estos pentagramas. Al contrario, con un elangate uso del legato y del pedal, enmarcó ambas composiciones como dos páginas que presagian la deriva hacia el minimalismo melódico.

No vamos a negar que al recital le sobraron minutos de Ludovico Einaudi. Y que para que la experiencia minimalista hubiera sido más intensa Testa podría haber recurrido a músicas más militantes de Steve Reich y Tom Johnson. Pero entonces la propuesta hubiera sido otra. Einaudi es un compositor de música pop y esto se advierte en unas páginas breves con muy poco desarrollo y melodías de vez en cuando efectivas, cuando no bastante ramplonas. Sus títulos, Love is a mistery, Fairytale, Elegy for the artic, hablan por sí solos. La pianista las solventó con delicadeza y buen hacer; tampoco es que estas músicas supongan escollo alguno. Pero la música de Einaudi, cuando no es él quien la presenta arropada con sus pertinentes delays e instrumentos amplificados, palidece. Y uno no alcanza a entender cómo el músico milanés ha llegado a tener una relevancia mayor que la de su colega (neo)minimalista Wim Mertens, inmensamente superior a él.

Terminó el concierto con Savior of the world, de Alain Wolter, una obra bien escrita, que comienza tentativamente buscando una melodía y que, cuando la encuentra, la expone sin sobreexplotarla.