SEVILLA / Marina Rebeka es Lucrezia Borgia

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 3-XII-2025. M. Rebeka, D. Kim, T. Iervolino, K. Baczyk, J. Franco, M. Marín, P. Gálvez. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena: Silvia Paoli. Dirección musical: Maurizio Benini. Donizetti: Lucrezia Borgia.
Pocos personajes históricos han sido más manipulados, maltratados y fabulados como el de Lucrezia Borgia. Víctor Hugo se movió entre el tópico de la incestuosa y envenenadora y la mujer que se redime por la maternidad y Silvia Paoli, en esta producción conjunta del Teatro de la Maestranza con el Auditorio de Tenerife, la Ópera de Oviedo y el Teatro Comunale de Bolonia, parece querer reivindicarla como víctima del incesto paterno y de la manipulación de los hombres de su entorno. La traslación a la Italia fascista no es mala idea en sí, dado el paralelismo con la época renacentista en cuestiones como la crueldad, la manipulación política y la ausencia de valores morales. La ubicación única en una escenografía que representa un matadero, con sus azulejos sórdidos, las manchas de sangre y las cadenas y ganchos (que sirven para abusar de chicas), funciona a medias, porque Paoli cae en la tentación de dejar sus señas personales: Lobo Feroz y Caperucita (¿trasunto freudiano), ejercicios gimnásticos y bailes cabareteros de los esbirros fascistas, lápiz de labios tóxico en vez de veneno. Cosas que no ayudan, sino que confunden en la comprensión de la acción. Eso sí, hubo una iluminación clara (a cargo de Alessandro Carletti) con algunas escenas de gran plasticidad a base de luces mórbidas y sombras.
En lo musical fue fundamental contar con un maestro de la vieja escuela como Maurizio Benini. En sus manos la orquesta sevillana sonó con una transparencia y una delicadeza inusitadas. Benini se sabe los códigos belcantistas, no cae en languideces, lleva a la orquesta a tempo vivo, con acentos bien marcados y encuentra esos momentos de fuerte carga dramática de la orquesta, como la irrupción de un sonido denso y oscuro antes de la escena final de Lucrezia. Equilibró al decibelio el sonido del foso con el de los cantantes, sin taparlos nunca incluso cuando éstos estaban situados al fondo del escenario.

Apenas se notó que Marina Rebeka estuviese debutando en este papel tan exigente, tal fue la identificación actoral y vocal con el mismo. La voz es corpórea, de resonancias considerables, bien timbrada en toda la gama, de color homogéneo en los pasos de registros. Resolvió a la perfección las notas más comprometidas por arriba (Si bemol final, por ejemplo), pero también las de una zona grave que suena con proyección. Hubo incluso, en su escena final, una amplia escala descendente espectacular. Pero es que a ello se le suma una línea de canto impecable, detallada y regulada, así como una laudable soltura en materia de ornamentación y coloratura. Llegó fresca a su exigente escena final, conmovedora al máximo.
Duke Kim (Genaro) fue toda una gratísima sorpresa: voz de clásico tenor lírico romántico, de timbre cálido, sonido firme, expansivo y de fraseo cuidado nota a nota a nota, acento a acento. Con una muy delicada línea de canto y una actuación muy convincente, cerró una escena final muy cuidada. Desde su racconto inicial y hasta su balada en el segundo acto, Teresa Iervolino fue un Orsini impecable, con su voz sedosa, su proyección apropiada y su fraseo plenamente belcantista. Baczyk, como el celoso y violento esposo de Lucrezia, fue el clásico bajo cantante de medios contundentes (algo apurado en la zona más aguda), graves imponentes y facilidad para un fraseo ágil. Del amplio conjunto de secundarios señalaríamos la voz bien timbrada y la actuación canalla de Moisés Marín, así como las de Javier Franco y Pablo Gálvez. En su buena línea el coro masculino de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil.
Andrés Moreno Mengíbar
(Fotografía: Guillermo Mendo)


