SEVILLA / Madama Butterly, entre columnas y escombros

SEVILLA / Madama Butterly, entre columnas y escombros

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 6-X-2021. Puccini, Madama Butterfly. Ermonela Jaho, Jorge de León, Damián del Castillo, Gemma Coma-Alabert, Moisés Marín, José Manuel Díaz, Pablo López Martín, Diana Larios. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Director musical: Alain Guingal. Director de escena: Joan Anton Rechi.

Ante una ópera de una delicadeza extrema y de un lirismo íntimo y desgarrador, donde todo está medido y controlado para evitar desbordamientos lacrimógenos, no caben ocurrencias extemporáneas como las que se le han ocurrido a Joan Anton Rechi al lanzar la bomba atómica justo al final del dúo de amor entre Butterfly y Pinkerton, acaecido cuarenta años antes. Un ruido ensordecedor derrumbó el bosque de altas columnas, coronadas con capiteles corintios, que se supone que era el consulado norteamericano y a su vez el nido de amor de la pareja de amantes, en vez de la casita en la colina, y hasta el mismo patio de butacas se estremeció. Así terminaba este primer acto de esta Butterfly que ya no pisaría más que escombros radiactivos en los dos actos siguientes.

Puede que algunos espectadores aceptasen ese desolador panorama como proyección del desgarro anímico de la protagonista, pero esa escenografía era a todas luces, aunque la iluminación fuera muy tenue, una exageración caprichosa, pues el texto del libreto con su precisa didascalia y la muy rica paleta del compositor expresaban mucho mejor el drama íntimo de la heroína con sus ilusiones, esperanzas y desengaños. No es coherente que esta atómica Butterfly siga teniendo idealizada a Norteamérica después de lo que le han hecho, quedando reducido su idílico espacio a chatarras y a una pequeña tienda de indio apache.

Musicalmente fue otra historia y el espectador podía prescindir del desastre nuclear. La albanesa Ermonela Jaho es una Butterfly ideal, como cantante y como actriz, entregada en cuerpo y alma a encarnar a su criatura hasta acabar exhausta, pero muy recompensada por un público entusiasta que la aclamó puesto en pie. Su voz sonó cálida en su amplio registro, aunque el descenso a los graves resultara a veces poco homogéneo. En los parlati era excepcional, como demostró en el segundo acto con Sharpless, muy bien representado por Damián del Castillo. No tan rotundo resultó el Pinkerton de Jorge de León, que sustituyó a ultimísima hora al anunciado Amadi Lagha. Tal vez la falta de ensayos no limó la aspereza de una voz por otra parte firme y potente. Desde luego no cautivó en su dúo amoroso, como sí lo hizo la Suzuki de Gemma Coma-Alabert en el de las flores con su ama.

Muy en su papel estuvo el Goro de Moisés Marín, con mucha soltura apicarada como corresponde a su personaje. Algo precipitado estuvo, sin embargo, Pablo López Martín como el tío Bonzo en su breve intervención. Bien el resto de los comprimarios: Yamadori, Kate Pinkerton y los otros, incluido el niño. Sobresaliente el coro femenino, e inolvidable el pasaje a bocca chiusa del final del segundo acto. En este acto la orquesta estuvo más equilibrada que en los anteriores. A veces Alain Guingal no controló del todo la potencia del foso y los decibelios fueron más de la cuenta, pero sí supo sacar muchos de los matices de la partitura pucciniana, desde esos relámpagos hirientes hasta la rotundidad trágica y también la ingenua dulzura o la ironía. Una Butterfly, la cuarta ya, con doble reparto, que ha inaugurado la nueva temporada con la alegría de ver todo el teatro abarrotado.