SEVILLA / Luz Prado, el violín experimental frente a lo jondo

SEVILLA / Luz Prado, el violín experimental frente a lo jondo

Sevilla. Monasterio de San Isidoro del Campo de Santiponce. Festival de Itálica. 06-07-2019. Impulso II. Luz Prado, violín. Elena Córdoba y Rocío Molina, baile.

A medio camino entre la improvisación, la performance y el arte sonoro, la bailaora Rocío Molina (nombre fundamental e imparable del flamenco contemporáneo) está protagonizando en el marco del bienal Festival de Danza de Itálica una serie de tres Impulsos con distintos compañeros de viaje. El segundo de ellos concitaba a la bailarina Elena Córdoba y a la violinista e improvisadora Luz Prado.

Las tres mujeres recibieron al público leyendo sentadas y grabando, a la vez, un texto sobre botánica que, conforme se amalgamaba por medio de la reproducción y acumulación de voces, adquiría un cierto tinte inequívocamente poético. El solo recitado pausado y microfonizado conectaba el ambiente sonoro con cierta deriva del arte radiofónico deudora por igual de obras que podrían remitirnos a Luc Ferrari y José Iges, entre otros compositores. Se pensó, por ejemplo, en L’Escalier des Aveugles, del primero de ellos.

Luego Córdoba y Molina se embarcaron en una tentativa experimental en la que la danza pausada y reflexiva de la primera pretendía conectar con el baile espasmódico y rara vez (ortodoxamente) jondo de la segunda. No hubo demasiados puntos de encuentro entre ambas, y tampoco se transmitió al público la presunta complicidad que ambas insistían con sus miradas en proferirse.

Las mejores conexiones tuvieron lugar entre cada una de ellas y Luz Prado. Con Molina, la violinista atacó los verdiales de Comares que adquirieron nueva luz a partir del violín buscadamente desafinado y la voz destemplada y valerosa de Prado. Una y otra dieron sobrada muestra de su talento para la improvisación, aunque la músico buscó también pasajes más folk, como si temiera que toda la exploración sobre su instrumento (un tanto naïf en ocasiones) pudiera sobredimensionar la propuesta.

En esa indagación de la artificiosidad y la impostura, Luz Prado quiso evocar nada menos que al Alvin Lucier de Music in a long thin wire. A través de un extenso alambre amplificado que recorría en diagonal el escenario, la violinista, con dos arcos, extrajo áridos y cavernosos sonidos del mismo aunque estos sin excesivo interés conceptual. Le arropó, mucho, una esmeradísima iluminación y, en aquellos instantes, el baile abstruso y encriptado de Elena Córdoba reptando en una pared.

(Foto: Guille García – Festival de Itálica)