SEVILLA / Literatura en música

SEVILLA / Literatura en música

Sevilla. Fundación Cajasol.  30-V-2022. Pedro Vicente Alamà, clarinete, Miguel Puchol, fagot. Banda Sinfónica Municipal de Sevilla. Director: Francisco Javier Gutiérrez. Obras de Strauss y R.W. Smith.

A pesar de su imagen devaluada en los círculos más elitistas, las bandas, las bandas de música, han sido y siguen siendo vivero, hábitat y proyección de incontables grandes músicos. Desde el compositor Carmelo Bernaola, que fue ilustre clarinete de la Banda de Madrid, a tantos otros directores e instrumentistas de fuste. La Banda Sinfónica Municipal de Sevilla en absoluto es una excepción, y cumple una función nada desdeñable en el mantenimiento de un repertorio, una actividad y tradiciones ineludibles en las esencias y costumbres de la capital hispalense.

El lunes, en el marco precioso aunque acústicamente inapropiado del patio central de la sede de la Fundación Cajasol, la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla se adentró en un programa que, bajo la denominación La fuerza de la imaginación y dirección musical del titular, Francisco Javier Gutiérrez, combinaba obras de clara vocación descriptiva. El genio sustancializado del último Richard Strauss frente a la grandilocuencia sonora del estadounidense Robert W. Smith (1958). “Literatura en música”, como dijo con palabra clara el presentador Fernando Fabiani, en alusión al contenido programático del programa. Desde la historia de la Bella y la Bestia que narra Strauss en su Dueto concierto para clarinete y fagot, en el que “la Bella” es el clarinete y “la bestia” el fagot, al Quijote que inspira la Tercera sinfonía de Smith o las leyendas irlandesas de la obra que cerró el literario programa.

Lo más enjundioso fue, evidentemente, el Dueto concertino que Strauss compone en 1947, cerca ya del final, después incluso del Concierto para oboe. Los aires clásicos, la remembranza añorante del pasado irrecuperable, de El caballero de la rosa —el rudo Barón Ochs asoma y reaparece en el fagot co-solista—, se alían con la escueta escritura, casi camerística. El clarinete, coqueto, nostálgico pero también pimpante, luce su ligereza y belleza de sonido.  Pedro Vicente Alamá (clarinete) y Miguel Puchol, ambos valencianos, ambos artistas de largo recorrido, hacen brillar sus instrumentos con virtuosismo y genuino sentido expresivo, identificados con Strauss y su narración. Implicados con lucidez sinfónica y subrayando el latido solista en el sutil tejido sinfónico, aquí eficazmente trasladado por el transcriptor Rafael Villaplana a la sonoridad, quizá contraria, de la banda. El oficio y buen trabajo concertador del director Francisco Javier Gutiérrez y de sus ilustres protagonistas lograron establecer y clarificar el contraste entre todos, en medio de la adversa acústica.

Luego, en la segunda parte, toda ella dedicada al estadounidense contemporáneo Robert W. Smith, Francisco Javier Gutiérrez defendió un repertorio de claras reminiscencias cinematográficas. Narrativo y de brillante y eficaz escritura, con más ambición de impactar que de crear universos propios. Música epidérmica, obvia y desalambicada. Nacida para gustar. La comparación con los Quijote straussiano o fallesco, Telemann, Guridi o los Halffter, sería inoportuna. Incluso impertinente. Gutiérrez, figura espigada sobre el podio, a lo Argenta, dirigió todo el programa de memoria —incluido el acompañamiento straussiano—, como si fuera Gómez Martínez, cuyo gesto risueño también recuerda. Con natural frescura y solvencia. Fue un buen concierto; una grata velada, en la que el genio de Strauss y sus virtuosos solistas se impusieron ante un público encantado de disfrutar de su banda y titular. Un éxito, vamos.

Justo Romero