SEVILLA / La Pasión apolínea de Arcangelo

Sevilla. Teatro de la Maestranza. XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. 29-III-2026. Nick Pritchard, tenor (Evangelista), Alex Rosen, bajo (Cristo), Carolyn Sampson, soprano, Hugh Cutting, contratenor, Hugo Hymas, tenor, Thomas E. Bauer, bajo. Orquesta y Coro Arcangelo. Director: Jonathan Cohen. Bach: Pasión según San Mateo.
Todo el Teatro de la Maestranza a rebosar y levantado para ovacionar durante varios minutos al final de esta emocional versión de una de las cumbres de la creación musical universal certifica el éxito de este concierto de clausura del Femàs 2026. Jonathan Cohen planteó una versión a mitad de camino entre las introspectivas y las dramáticas. No renunció a tempos vivos, sobre todo en los magistrales números de apertura y clausura de la obra, llevándolos con movimiento animado, pero sin forzar los acentos ni buscar contrastes dinámicos exagerados. Hubo teatralidad donde hizo falta, incidiendo con sforzandi y crescendi en los momentos más dramáticos, como en la rugiente entrada del coro en “O infierno, abre tus abismos de fuego” y, sobre todo, en las irrupciones de las turbas durante el juicio de Jesús. No se dejó llevar por la languidez en los momentos más líricos, a los que siempre imprimió un punto de velocidad muy calculado y con los acentos en su justa medida. Orquesta y coros respondieron a la maravilla. El empaste de las dos orquestas fue soberbio, con un sonido sedoso en el que hay que señalar con mayúsculas a las oboistas Clara Blessing y Rachel Chaplin (encargadas de partes fundamentales con oboe tradicional, d’amore y da caccia), las flautistas Rosie Bowker y Flavia Hirte y la fagotista Inga Maria Klaucke: crearon un clima sonoro casi de ensueño arropando con mimo a las voces solistas. Y los dos concertinos (Zefira Valova y Colin Scobie) estuvieron brillantes en las sendas partes obligadas en algunas arias. Los dos coros estuvieron insuperables, con un empaste superlativo y una maravillosa claridad y transparencia que permitía distinguir todas las voces incluso en los momentos en que cantaban juntos. De entre ellos salieron algunas espléndidas voces para asumir los personajes secundarios.
En la senda de los mejores evangelistas históricos estuvo Nick Pritchard, con su voz de un bellísimo lirismo, penetrante, regulada al milímetro, capaz de innumerables matices, abriendo y cerrando el sonido, desde la terribilità del terremoto y la ruptura del velo del templo hasta la delicadeza de la descripción de los suplicios de Jesús o las lágrimas de San Pedro. Jesús estuvo en manos de Alex Rosen, con su poderosa pero también controlada voz de bajo, resonante, con graves de fuerte presencia y un fraseo claro y capaz de plegarse a los matices del fraseo. Hugh Cuttin tuvo en su garganta algunas de las joyas de esta obra, como el infinitamente bello “Erbarme dich”. La voz es de una enorme belleza, sin asperezas en los cambios de registro y capaz de un fraseo delicado y una perfecta proyección, con fiato suficiente para sostener largas frases. Difícil pensar en un canto más dulce y delicado que el de Carolyn Sampson, de timbre luminoso y una capacidad de matización de cada frase exquisita, lo que quedó en evidencia en su interpretación del aria “Aus liebe” arropada por dos oboes da caccia y un fagot, en uno de los momentos más bellos y delicados de la mañana. Igualmente brillante el tenor Hugo Hyma, cuya versión de “Ich will bei meinem Jesu wachen” fue magistral. Aunque algo apurado de graves en su primera aria, Thomas E. Bauer cumplió con corrección sus intervenciones.
Andrés Moreno Mengíbar
Foto: Lolo Vasco


