SEVILLA / La ciudad en torno a Bach

SEVILLA / La ciudad en torno a Bach

Sevilla. Espacio Turina. 17-XII-2019. Cristina Bayón, soprano. Ariel Hernández, tenor. Andrés Murillo, violín. José M. Cuadrado, oboe. Irene González, clave. Daniel Riquelme y Juan M. Illán, flautas de pico. Coro de la AAOBS. Orquesta Residente del Otoño Barroco. Director: Eduardo López Banzo.  Obras de Bach.

El Otoño Barroco es una de las citas que, desde 2013, complementa en Sevilla la profusa atención que las distintas programaciones dedican, en mayor o menor medida, a la música antigua. Más valor tiene si pensamos que nace a partir del esfuerzo de un colectivo ciudadano, la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla, una entidad que ha trascendido la ligazón con la formación hispalense para erigirse en un notable actor cultural.

Vino este concierto conclusivo del ciclo de este año a ahondar en la voluntad creciente de esta de servir de aglutinante de esfuerzos alrededor de las músicas históricas. Por eso coincidieron en el escenario en esta propuesta varios jóvenes instrumentistas que la Asociación ha ido distinguiendo con becas de estudio. Pero también concitó a un Coro propio, formado para la ocasión por Cristina Bayón e incluso a un ensemble cuya denominación se liga a esta serie de conciertos, Otoño Barroco.

Centrado en Bach, el Concierto para violín, oboe, cuerdas y continuo BWV 1060r contó con un muy entonado Andrés Murillo en el violín que no se permitió grandes piruetas pero que solventó sin desliz alguno. José M. Cuadrado, en el oboe, pasó apuros y le costó imponer su voz; le hemos visto mucho más notable en otras ocasiones. Los flautistas Daniel Riquelme y Juan M. Illán brindaron una lectura muy escolástica y bien leída del Concierto para dos flautas de pico, clave, cuerda y continuo BWV 1057. En ambas obras la también joven clavecinista Irene González hizo mucho más que acompañar, convirtiendo su instrumento en catalizador del buen discurrir de ambas ejecuciones.

Eduardo López Banzo [en la foto] dirigió la Cantata VI del Oratorio de Navidad BWV 248 con un tono ágil, eufórico, mucho más festivo que solemne. Encontró respuesta en un coro debutante pero bien empastado y sumó a solistas muy esmerados en el estilo y en la proyección (Cristina Bayón y Ariel Hernández). Vicente Alcaide tuvo que vérselas con una trompeta natural ostentosamente destemplada cuyo tono recuperó en la segunda exposición. Y la Orquesta Residente ayudó con ímpetu, sincronía y carnosidad al buen resultado.