SEVILLA / Gregorio Benítez y sus pájaros hiper vitaminados

Sevilla. Espacio Turina. 29-XI-2025. Gregorio Benítez, piano. Olivier Messiaen: Catalogue d’oiseaux (selección).
El pianista Gregorio Benítez (Ubrique, 1985) lleva años, bastantes, enfrascado en el estudio y asimilación de mucha de la música que escribió Olivier Messiaen (1908-1992), singularmente su Catálogo de pájaros. Lo ha presentado en numerosos escenarios, la inmensa mayoría de ellos fuera de nuestras fronteras; por eso la oportunidad de conocer qué tenía que decir sobre esta imponente obra no podía ser pasada por alto.
Lo ha hecho en el Espacio Turina y a su encuentro se llegaba con los deberes de desaprendizaje —de infructuoso deseo de desmemoria— intentados. Esto es, la fonografía es amplia y, con ella, las referencias; acaso dos muy inmediatas; la de Pierre-Laurent Aimard (que interpretó todo el ciclo en una sola jornada durante el pasado Festival Internacional de Música y Danza de Granada, de la que dimos cuenta en esta crónica) y la de Alfonso Gómez (una reseña de su reciente grabación en el sello Kairos puede ser leída aquí).
No se trata desde luego de establecer un jugoso pero un tanto inútil juego de referencias cruzadas, de qué hace cada quién. Gregorio Benítez tiene su visión de esta música, y tras la atenta audición prestada, podemos opinar que no la compartimos. Hace algo que nadie o casi nadie hace ante una partitura masiva como el Catálogo de pájaros de Messiaen: tocarla de memoria. En alguna entrevista ha asegurado que esto le permite centrarse en la búsqueda de la creatividad; es decir, de la interpretación pura comprendida como forma de expresión razonablemente libre con respecto a la letra escrita.
En el caso de Benítez, este abordaje pasa por presentar una articulación soberbia, como si cada pequeño brinco o pasaje estuviera cargado de una importancia fundamental. Cada entrelazamiento de figuras rítmicas, los numerosísimos acordes de resonancia y su capacidad de ser pianista-orquesta; el músico demostró en todo ello una capacidad memorística imponente. ¿Qué faltó entonces en una página del perfume y el encantamiento de, por ejemplo, L’alouette lulu? Un entendimiento mayor de la sutileza; los pájaros cantaban desde las teclas a pleno pulmón, infatigablemente, como si cada uno de ellos, ya fuera la Collalba rubia o la Oropéndola, tuviera un altavoz en el pico.
Todos los acentos eran enfatizados con la misma intensidad; Gregorio Benítez no ofreció detalles del paisaje con el que Messiaen arropó a cada ave; su mano derecha atacaba el piano con una teatralidad impertérrita, pasando de capítulo a capítulo persiguiendo la potencia, lo musculado frente a lo tímbrico. No obstan estas prevenciones el hecho, ya expresado, de su conocimiento y claridad expositiva en cada garrapatea, en cada atomización de notas; pero desde esta visión, el paseo por la naturaleza se hizo fatigoso y la tendencia a la uniformidad acabó por causar sopor.
Ismael G. Cabral


