SEVILLA / Entre Couperin y Bach

SEVILLA / Entre Couperin y Bach

Sevilla. La Casa de los Pianistas. 18-VI-2019. Javier Núñez, clave. Obras de F. Couperin y J. S. Bach.

En los últimos meses, la recién abierta Casa de los Pianistas ha venido a dinamizar la vida musical sevillana merced a una programación casi diaria que explota todas las posibilidades de la música para teclado, desde el jazz al cine mudo con música en directo, pasando por el fortepiano y, obviamente, el piano. Faltaba el clave y dicha laguna fue subsanada con el soberbio recital de Javier Núñez, uno de los clavecinistas más serios del actual panorama. Núñez montó un apasionante programa en el que se exploraban las influencias francesas en la música para clave de Bach, confrontando obras de Couperin “el Grande” con las del genio de Eisenach.

En las piezas de Couperin, Núñez mostró una total idiosincrasia con el estilo francés. El uso de apoyaturas y la perfecta resolución de las cláusulas ornamentales, especialmente los trinos al final de las frases, junto con el libre juego con los ritmos y el tempo, hicieron que la música fluyese con todo el perfume francés esperable. Al ritmo apuntillado de La Visionaire le siguió una articulación muy ligada y delicada en Les Langueurs y un especial rubato en La Lugubre. La digitación siempre ágil y precisa y la absoluta nitidez de los acompañamientos y ostinati de la mano izquierda permitieron unas versiones cargadas de matices y de acentos, con toda la riqueza textural puesta en evidencia.

En algunas de las piezas de Bach, como el coral BWV 691, de tan claro aire francés, Núñez intensificó dicha filiación estilística mediante una acentuación más intensa y una especial relieve de los trinos de la mano derecha. Algo similar se pudo apreciar en la Suite “aufs Lautenwerk” BWV 996, ornamentado alla Couperin. Y en el resto de las obras bachianas el clavecinista sevillano mostró su capacidad para clarificar las densas texturas de, por ejemplo, la fuga BWV 870 y de una Fantasía cromática y fuga BWV 903 en la que a la fulgurante exposición de la primera parte, cargada de acentuaciones, le siguió una fuga fluida en el fraseo y en la que todas las voces eran perfectamente identificables. La  Fantasía BWV 906 fue un todo un torrente de energía sonora milimétricamente fraseada y acentuada que puso colofón a un magnífico concierto.