SEVILLA / El paso de gigante de Juan Pérez Floristán

SEVILLA / El paso de gigante de Juan Pérez Floristán

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 19-12-2019. Juan Pérez Floristán, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: John Axelrod. Obras de Chaikovski.

No resulta nada fácil para un solista clásico cuya carrera empieza a mostrar bríos de internacionalidad aquilatar una voz propia, distinguirse de los demás, que no son pocos. Por eso el concierto que esta semana ha ofrecido Juan Pérez Floristán (Sevilla, 1993) en el Teatro de la Maestranza quedará en su trayectoria como un paso de gigante, como el día en el que, como músico, se hizo más mayor. En el que fue valiente y osado, saliendo al escenario con una frase resonando en su cabeza: “La prudencia es la muerte de la música”. La pronunció Stendhal y no se nos ocurre una aserto mejor.

Hasta ahora Pérez Floristán se había revelado como un buen pianista, pero su Primer Concierto de Chaikovski le ha consagrado como un excelente artista. Llegó dispuesto a sacudir de polvo y paja una partitura que casi todos leen de forma hiperbólica; a desenmarañar tanta apretada épica para entregarnos una lectura diáfana, ágil, ¡hasta clarividente!, un punto arrobada y ensimismada, pero auténtica y novedosa. Se alejó de toda tentación hercúlea para abrazar desde la exposición en los primeros arpegios un lirismo que no abandonaría en todo el viaje; se atrevió, en definitiva, a apagar las llamas fogosas de los virtuosos que le antecedieron y hacer algo hermoso con estas notas.

En las cadencias se desenvolvió de forma imaginativa, como atreviéndose a detener la lógica del discurso orquestal, jugó a estirar y contraer los tiempos, mantuvo el legato a raya y recreó el Andantino semplice con una belleza inmarcesible. Ojalá Pérez Floristán continúe por un sendero que le permitirá asombrar a nuevos públicos e incluso hasta a aquellos que insisten en creer que el repertorio ha de afrontarse hoy como hace medio siglo. La batuta de John Axelrod se plegó a las necesidades del pianista sevillano, y en esto el director norteamericano siempre ha demostrado ser un estupendo acompañante. Mimó el sonido y cinceló la expansividad de una orquesta que trabajó de forma casi camerística, lo que ya es difícil en el torrencial Chaikovski.

Previamente había abordado la poco transitada Obertura-Fantasía de Hamlet del autor ruso. Con una ROSS en plena forma, Axelrod apoyó con fluidez los diálogos entre distintas secciones e instrumentos. En una obra que por sus afilados contrastes parece ir más allá de su tiempo (¿cabe pensar que Chaikovski quiso tantear el futuro?) la batuta fue capaz de mantener la tensión narrativa, suponiendo un momento importante la audición de esta interrogadora pieza.

En esta sobredosis de Chaikovski que constituía el programa, la audición de la Sinfonía nº4 se antojó algo cuesta arriba. Con todo pudimos comprobar el excelente momento de la Sinfónica en una obra que examina a cada familia. Axelrod y los profesores sevillanos se desquitaron del tono inmerso del Concierto para abrazar una lectura más temperamental, incluso llena de furia y desgarro en el primer movimiento. Si habláramos de una versión escolástica no estaríamos haciendo justicia a la sobresaliente entrega de orquesta y director. Un Andantino henchido de melancolía antecedió un Scherzo resonante y dibujado idealmente con tiralíneas, propio de las mejores orquestas que usted tiene en la mente ahora mismo.

(Foto: Guillermo Mendo)