SEVILLA / El Ensemble Sonido Extremo frente a músicas no extremas

Sevilla. Espacio Turina. 30-XI-2024. Ensemble Sonido Extremo. Jordi Francés, director. Obras de Debussy/Macchi, Estelche, Schreker, Río-Pareja, Fontcuberta y Torres.
En fértil conversación entre unas músicas y otras, el Ensemble Sonido Extremo participaba en el XV Festival Zahir Ensemble de Música Contemporánea con un programa de contornos más clásicos de los habituales, aunque urdido con la altura de miras que caracteriza a una formación que tiene ya un espacio propio considerable en el panorama español de las músicas presentes.
La versión para ensemble de Stephanie Macchi del Prélude à l’aprè-midi d’un faune (1894) se ofreció como estreno absoluto y resultó de una concreción deliciosa. Está en ella todo el mundo tímbrico de la obra sinfónica reelaborado de una forma flexible y con el mismo aprecio por el color que la pieza de referencia. Tienen en ella estos músicos una partitura que seguir explorando y han de hacer llegar a muchos públicos. Jordi Francés la dirigió con ejemplar sentido sinfónico, elevando la capacidad de calado de los ocho atriles dispuestos ante él. Menos interesante resultó la Sonata, it’s alive… (2024), a partir de la Sonata Op. 1 de Alban Berg, de Israel López Estelche. El pianista Antonio Jesús Cruz (con un instrumento que debería haberse adelantado toda vez que la ausencia -temporal, esperemos- de la concha acústica dificulta las cosas) expuso el material del que iba tirando una música firmemente académica pero bien imbuida, esto sí, de ese espíritu decadentista de la Viena de final del siglo XIX.
Con la curiosa Der Wind (1909), de Franz Schreker, el programa empezó a dar muestras de uniformidad tímbrica y estilística aunque es justo reivindicar este quinteto extraviado de encendidos contornos posrománticos -pareciera servir como vaporoso interludio lírico- extraordinariamente interpretado por el grupo (destacando la viola de Alfonso Noriega y el violín de Beatrice Gagiu) a las órdenes de un atentísimo Francés, cuyo juego de manos no deja una costura sin zurcir y demuestra unos ensayos bien aprovechados.
Justo por ello no se entendió que la pieza más sugestiva del programa, Estrellas variables (2015), de José Río-Pareja, diera la sensación de una ejecución que podía haberse exprimido más. Faltaron graves en la exposición de esta música que arranca concisa y se desenrosca con violencia; también por ello se añoró una percusión más audible. El Ensemble Sonido Extremo ha demostrado poseer una solvencia mucho mayor como para, solamente, exponer el material sin llegar a estrujar cuanto de bueno hay en él. Así lo hicieron con el Preludio a Boris. In memoriam Modest Mussorgsky (2011), de Carles Fontcuberta, una rememoración muy personal del autor. Concluyó el concierto con Opus incertum (2018), de Jesús Torres. De lenguaje conservador, pero de notabilísima escritura, Francés y el conjunto ofrecieron una lectura excepcional de una música agradecida que, sin duda, tendrá su público en el constante juego rítmico e imitativo, con algún pasaje central de apreciable y clásica belleza.
Ismael G. Cabral


