SEVILLA / Chopin, Hindemith y una compositora local  

SEVILLA / Chopin, Hindemith y una compositora local  

Sevilla. Teatro de la Maestranza 4-XI-2021. Olga Scheps, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniel Smith, director. Obras de Lobato Montoya, Chopin y Hindemith.

Flaco favor se hace a la apreciación de la música contemporánea cuando la que se programa es mediocre o, directamente, mala; algo que suele ser habitual en las temporadas de orquestas españolas. A un público al que se le ha hurtado el conocimiento de la gran creación sonora de nuestro tiempo, que apenas conoce a los nombres de la segunda mitad del siglo XX y que, directamente, ignora a quienes hoy capitanean la composición se les ofrece naderías que son tan pronto olvidadas como comienza la primera nota de la siguiente obra de repertorio en el concierto.

Viene al caso del estreno absoluto de Miranda (2019), de la sevillana Noelia Lobato Montoya (1985); una pieza de apenas cinco minutos de la que ni siquiera se puede decir que sea pésima; simplemente porque es irrelevante. Apenas es un esbozo en forma de crescendo sinfónico tonal; un ejercicio académico de imitación de una textura straussiana, con su pertinente timbal Zaratrustra en el final. Tras despacharla la ROSS, Daniel Smith y la pianista Olga Scheps enfrentaron el Concierto para piano nº2 de Frédéric Chopin. En sus discos Melody, Satie o, el más reciente, Family, la teclista rusa ha demostrado sentirse cerca de pianistas como Jean-Yves Thibaudet y Maria Joao Pires, tanto en repertorio como en estética, ligera, menuda, un punto ensimismada cuando conviene. Eso no le impide, como ejemplificó en el concierto, hacer filigranas y divertirse con los cánones. Su Chopin fue dulce y diáfano, precipitado y controlado a la vez que calmado y replegado sobre sí mismo en el célebre Larguetto. Es posible que las manos de Scheps sean de las que más tienen hoy que decirnos en este repertorio. La Sinfónica limitó su quehacer a arroparla con pulcritud y corrección.

Smith no es un director especialmente clarificador (para el público), su juego de manos se centra de forma un tanto bouleziana en el frente, sin resultar expansivo. Los resultados pueden ser muy notables. Como sucedió en la Sinfonía Matías el pintor, de Paul Hindemith, otro de esos compositores casi nunca programados. Los metales de la ROSS volvieron a demostrar estar viviendo una temporada plena, y el australiano acertó con una aproximación mística y serena. ¶

[Foto: Guillermo Mendo]