SEVILLA / Cambiantes amores barrocos

SEVILLA / Cambiantes amores barrocos

Sevilla. Sala Turina. 23-II-2020. Vandalia ( Rocío de Frutos, soprano; Gabriel Díaz, alto; Víctor Sordo, tenor; Javier Cuevas, bajo).  Manuel Vilas, arpa. Selección del Cancionero de la Sablonara.

Tras su anterior colaboración discográfica centrada en tonos humanos polifónicos de la segunda mitad del siglo XVII, Vandalia y Manuel Vilas han abordado la grabación de una amplia selección de los tonos contenidos en el Cancionero de la Sablonara (sello IBS), una antología de los mejores y más afamados tonos que se cantaban en la Corte madrileña en el primer cuarto del siglo XVII.

El Siglo de Oro español fue capaz de tomar el tópico del amor platónico renacentista y elevarlo a su máxima expresión poética (los sonetos de Quevedo, por ejemplo), pero también de bajarlo al mundanal terreno de los celos y de las burlas, de los engaños que acaban en cornamenta (la letrilla de Góngora sobre Gil y el Sotillo) o en desengaño absoluto y renuncia al amor.

De toda esta paleta de materializaciones poéticas de los afectos amorosos hay buena muestra en este cancionero, una selección del cual se presentó en la Sala Turina. El grupo, con la colaboración esencial de un especialista en este género como Manuel Vilas – fantásticas sus intervenciones, añadiendo preludios, interludios y postludios que enfatizaron siempre los aires de danza sobre los que se construyen muchos de los tonos – ha realizado un profundo estudio de las posibilidades expresivas de estas músicas, partiendo siempre de la clara articulación que permite seguir de oído los potentes y bellos textos y del respeto a la integridad de los mismos. Para poder repetir todas las coplas con la misma melodía es necesario dotar a cada una de ellas de un matiz, de una acentuación diferencial, de un juego con las dinámicas, apianando aquí (final de Desiertos campos, por ejemplo), fortaleciendo el sonido allá (sobre la palabra “potencia” o sobre el repetido “¡No!” de Amor, no me engañarás), reteniendo sutilmente el tempo sobre la palabra “dolor” o acelerándolo en “veloz”.

Y todo ello sobre la base de un sonido empastado sin renunciar al color individual y cimentado sobre la potente y redonda voz de bajo de Javier Cuevas, capaz de dotar de un soporte armónico alrededor del cual se construye el sonido del cuarteto vocal, de afinación impecable y de una precisión en ataques e inflexiones que denotan un serio trabajo conjunto.