SEVILLA / Alberto Miguélez y Los Elementos: Scarlatti renovado

Sevilla. Espacio Turina. XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. 27-III-2026. Natalie Pérez (Colpa), Sara Mingardo (Pentimento) y Natalia Labourdette (Grazia). Los Elementos. Director: Alberto Miguélez Rouco. Scarlatti: Colpa, Pentimento e Grazia.
Hace más de veinte años que Eduardo López Banzo y la Orquesta Barroca de Sevilla recuperaron el oratorio de Alessandro Scarlatti Colpa, Pentimento e Grazia, interpretándolo y más tarde grabándolo. Pero ahora Alberto Miguélez ha utilizado una versión retocada por Adolph Hasse (sobre todo en la segunda parte) para volverlo a poner en circulación. Una pena que las restricciones presupuestarias obliguen a presentar una disposición instrumental minimalista, porque el día del estreno en el Palacio de la Cancillería de Roma en la Semana Santa de 1708 se dispuso de una gran orquesta dirigida desde el primer violín nada menos que por Arcangelo Corelli. Miguélez y sus compañeros (dos violines, una viola, un violonchelo, dos contrabajos, cuatro trompetas, dos trompas, tiorba, clave y timbales) suplieron la carencia de músculo instrumental con su entusiasmo y su energía en ataques y tempos. Miguélez lleva en las venas el fraseo barroco y la acentuación incisiva, los contrastes dinámicos y el sentido del color apropiado a cada momento, como se pudo disfrutar en las dos arias con las cuerdas en sordina, una delicia de delicadeza. En sus manos los recitativos no son nunca rutinarios; todo lo contrario, están cuajados de inflexiones retóricas y expresivas. Hay que aplaudir el que los cuatro trompetistas tocasen trompetas realmente naturales, sin recurrir a esos instrumentos tuneados con agujeritos tan usuales: labio y pulmón. Y no fallaron ni una nota. Su disposición espacial por las plantas altas de la sala ayudó a darle teatralidad a sus intervenciones.
Trío vocal de lujo. Sara Mingardo sigue conservando ese velluto tan seductor, ese color dorado que, unido a su capacidad de fraseo y matización, hizo de sus intervenciones una auténtica lección de gusto en el canto barroco. Natalie Pérez disfruta de un color oscuro pero también de una emisión clara, lo que le hace alcanzar la franja superior de su registro con brillo. En las diversas salmodias en las que afrontó las lamentaciones de Jeremías recurrió a un parlato muy matizado, lleno de pequeñas inflexiones, con un amplio fiato. Natalia Labourdette, por su parte, puso la nota squillante de la noche. Su voz es un prodigio de metal y de potencia (quizá excesiva en algunos ataques iniciales) y sus agudos se abren y llenan la sala más grande y de acústica más exigente. Es todo un espectáculo escucharla, con su fraseo siempre cargado de intención y esa articulación clara e inteligible.
Andrés Moreno Mengíbar
Foto: Lolo Vasco


