SEVILLA / 30 años: La ROSS, un tesoro siempre frágil

SEVILLA / 30 años: La ROSS, un tesoro siempre frágil

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 8-I-2021. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Marc Soustrot. Director. Obras de Turina y Mussorgski/Ravel.

En medio de restricciones por imperativo sanitario y con la borrasca Filomena dibujando una tarde que, seguramente, constituirá una de las más desapacibles de todo el recién estrenado año en Sevilla. Con este panorama la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) no se arredró a la hora de celebrar su 30 aniversario con un concierto que fue casi copia exacta del que ofreció la formación en su jornada inaugural, un 10 de enero de 1991 en el Teatro Lope de Vega a las órdenes del maestro Vjekoslav Sutej.

Si miramos al Norte, pero haciéndolo desde nuestra frontera con Francia, una institución cultural con tres décadas a sus espaldas como la ROSS representaría algo intocable. En estas tierras, sin embargo, la reivindicación de su relevancia resulta siempre pertinente, como demuestran los múltiples momentos de incertidumbre que, en los últimos años, ha venido padeciendo la orquesta. Un conjunto por cuyo podio han pasado, como titulares, el referido Sutej, también Klaus Weise, Alain Lombard, Pedro Halffter -cuyo legado se impone por compromiso y renovación al del resto- y John Axelrod. Ahora, en medio de una temporada programada rutinariamente, aguarda la llegada de un nuevo director artístico cuya elección genera más incertidumbre que certezas.

Introducido protocolariamente por un locutor local (… “ahora la orquesta silueteará hermosas melodias” -sic-), este concierto de 30 aniversario comenzó con la Sinfonía sevillana (1920) de Joaquín Turina, que el francés Marc Soustrot dirigió de memoria, lo que no dejó de resultar sorprendente pues no imaginamos que una partitura de tan conciso interés pueda tener mucho acomodo en conciertos clásicos fuera de la órbita hispalense. Soustrot, a quien se debe un concierto absolutamente histórico en la vida de la ROSS, la interpretación en 2008 de Des Canyons aux étoiles, de Olivier Messiaen, hizo todo lo bueno que pudo con el pintoresquismo de una Sinfonía de no escasas complejidades rítmicas. Y lo mejor vino por parte del subrayado afrancesado de una obra que contrólo sin desbocarla al más inane folclorismo al que batutas gruesas la condenan irremediablemente.

Los Cuadros de una exposición (1874/1922) de Mússorgski en la orquestación de Ravel presentaron más perspectivas. Arrancó el primer Promenade con tono moroso, excesivamente ceremonial; pero después, sorpresivamente, en El gnomo cargó la orquesta de aristas y precipitados silencios stravinskianos. Ahí estaba nuevamente el gran Soustrot sacando petróleo de una orquesta que conoce y con la que tiene una sintonía evidente (no es casual que, en 2014, su nombre estuviera entre los preferidos por los profesores para suceder a Halffter). Y, en fin, El viejo castillo fue un prodigio de construcción climática, Una carreta polaca sonó agria, fascinantemente turbia. La gran puerta de Kiev fue otro ejemplo de cómo Soustrot entiende la dirección, anticipándose, esculpiendo las tensiones sin desbaratarlas en pirotecnia insustancial.