Segundo disco de Mäkkelä: un buen Stravinsky, ma non troppo

STRAVINSKY:
La consagración de la primavera. El pájaro de fuego. Orquesta de París. Director: Klaus Mäkkelä. DECCA 4853946 (1 CD)
No se es artista exclusivo de una multinacional impunemente. Tras su magnífico Sibelius, a Klaus Mäkkelä le han endosado un Stravinsky mientras Bernstein, Svetlanov, Boulez, Chailly o Salonen lo contemplan desde su olimpo. Los resultados de este disco —lógicos en alguien tan joven, decepcionantes si a su protagonista se le presenta como un genio— corresponden, ni más ni menos, a lo que cabe esperar de una promesa de la dirección de orquesta. Mucho cuidado, pues, no sea que el ansia —espera la Concertgebouw— se coma el talento.
Empecemos por lo bueno: una Orquesta de París mejor que nunca, supongo que por culpa de sus últimos titulares Paavo Järvi y Daniel Harding. El sonido y el color de los franceses son diáfanos, muy bellos, muy elegantes y están muy bien grabados. Esos mimbres, curiosamente, ayudan a que las lecturas de Mäkkelä sean un tanto asépticas, estilísticamente más cercanas a un impresionismo de suaves claroscuros que a unos ballets que revolucionaron el cotarro hace más de cien años. Y eso se nota, sobre todo, en una Consagración de la primavera muy bien tocada, pero a la que faltan la fuerza que lleva dentro y esos detalles expresivos que diferencian lo correcto de lo bueno de verdad. No hay color respecto a lo que comprendió perfectamente Currentzis con musicAeterna en su versión para Sony, un buen punto de comparación con la que nos ocupa.
El pájaro de fuego, que se ofrece completo, se amolda mejor al concepto de Mäkkelä y las sutilezas de los parisinos lucen en un contexto que las recibe con mayor naturalidad. Pero estamos un poco en las mismas y el conjunto vuelve a quedarse corto. Como referencia contemporánea, uno destacaría la estupenda lectura de Jukka-Pekka Saraste con la Orquesta de la WDR para Profil.
Luis Suñén


