SAO PAULO / Una soprano, tres reinas

SAO PAULO / Una soprano, tres reinas

Sao Paulo. Theatro São Pedro. 25-VIII-2019. Maria Pia Piscitelli, soprano. Orquesta Sinfónica de Santo André. Director: Abel Rocha. Arias de Donizetti.

La soprano italiana Maria Pia Piscitelli está en Brasil para espectáculos donde interpreta las escenas finales de las óperas Anna Bolenna, Maria Stuarda y Roberto Devereux, la llamada ‘trilogía Tudor’ de Gaetano Donizetti. El domingo pasado, actuó con la Orquesta Sinfónica de Santo André en el Theatro São Pedro, en un espectáculo de Cia. Ópera São Paulo; y el 31, canta en el Theatro Municipal de Río de Janeiro.

Piscitelli ha desempeñado los tres papeles en escenarios principales, como el Teatro alla Scala de Milán. Su comprensión del bel canto está lejos de un simple malabarismo vocal. Cada frase, cada idea musical, dijo en una entrevista concedida a la revista Concerto, debe tener su función dramática muy clara. Y en el concierto del domingo dejó en claro que no son solo palabras, sino un credo fundamental.

Donizetti no pensó en las óperas como una trilogía, pero hay similitudes entre ellas. Todos tienen como protagonistas reinas fuertes, miembros de Casa Tudor. Y todos sufren de dramas personales que refuerzan el carácter trágico de las vidas atrapadas entre el deseo individual y la realidad que los rodea. Ana Bolena es acusada injustamente de traición. María Estuardo es arrestada por atreverse a amar, y amenazar con su propia existencia el poder de Isabel I, quien en Roberto Devereux recrea el dilema tan costoso del siglo XIX entre el sentimiento y el deber del Estado.

Pero Piscitelli nos recuerda en el escenario, junto a jóvenes cantantes (Jessica Leao, Andreia Souza, Eduardo Gutiérrez, Pedro Côrtes, Rodrigo Andrade e Gustavo Lassen), precisamente lo que es diferente entre ellos. Ana Bolena acepta la muerte, pero con orgullo lo hace, con una enérgica escritura vocal; María Estuardo, a su vez, mientras abraza y acepta su destino, ya parece estar conectada con el mundo celestial, imaginándose a sí misma con Dios y perdonando a quienes la condenaron. E Isabel I es casi violenta en la furia de una mujer que todavía cree en encontrar respuestas a su drama interior.

La soprano dice que Isabel I es su personaje favorito. Y así parece en el escenario, donde los matices y matices del personaje se revelan sin rodeos. Pero no sería justo definir esto como el mejor momento de la actuación, comandado por el director de orquesta Abel Rocha de forma segura y teatral (las sinfonías de las óperas fueron realizadas por Natalia Larangeira, una joven talentosa directora de orquesta brasileña). Porque lo que llama la atención es, sobre todo, la capacidad de Piscitelli para establecer una voz diferente para cada uno de los personajes, así como diferentes gestos y expresiones, a menudo tratando con pasajes que la ponen en su límite. Una verdadera lección sobre las posibilidades dramáticas de la voz.