SANTIAGO DE COMPOSTELA / Tres generaciones de compositores impulsados por el Ircam

Santiago de Compostela. Fundación Eugenio Granell. 22-IV-2025. Pablo Peláez, Esteban Cabana y Pablo Rodríguez, saxofones. Pablo Coello, electrónica. Obras de Jodlowski, Boulez y Alonso.
Tras haberles dado cuenta del comienzo, el pasado 15 de abril en Vigo, del ciclo Do Audible, una semana después nos encontramos con el inicio de otra serie de conciertos de música contemporánea en la primavera gallega, Latexos, ciclo que en 2025 alcanza su sexta entrega, aunque con una sustancial disminución de su número de actividades con respecto a las últimas ediciones.
Lo que no cambia en 2025, en todo caso, es la firme apuesta de Latexos por poner en valor a los jóvenes instrumentistas que se adentran en el repertorio contemporáneo, de forma que han vuelto a ser tres músicos de IXOR (Aula de saxofón del CMUS Superior de La Coruña) los que nos han ofrecido un concierto que ha tenido en su programa a tres compositores directamente relacionados con el Institut de recherche et coordination acoustique/musique (Ircam) fundado en 1970 por Pierre Boulez, cuya música creada en el Ircam también pudimos escuchar el 22 de abril en la Fundación Eugenio Granell de Santiago de Compostela, en el que (hasta donde tengo noticia) es el primer homenaje a Pierre Boulez en suelo gallego con motivo del centenario de su nacimiento (conmemoración que en 2025 tendrá uno de sus platos fuertes el próximo 3 de mayo, fecha en la que el Quatuor Diotima interpretará en La Coruña cinco secciones del Livre pour quatuor (1948-49, rev. 1954-2012) dentro del Festival RESIS).
Como sostenía el compositor francés Philippe Manoury el pasado mes de marzo en nuestro dosier dedicado a Pierre Boulez, el Ircam y sus potentes recursos informático-musicales han alimentado la creatividad de los muchos compositores de todo el mundo que por los estudios de la Place Igor-Stravinsky han pasado; entre ellos, el francés Pierre Jodlowski, de quien en el ciclo Latexos hemos escuchado Mixtion (2002, rev. 2020), partitura para saxofón tenor y electrónica interpretada por Pablo Peláez.
En palabras de Jodlowski, Mixtion celebra la posibilidad de la diferencia, explicitada en las urbes contemporáneas y en la acumulación que en ellas se produce de heteróclitas sonoridades cohabitando en un mismo espacio-tiempo. Esa abigarrada síntesis es convertida en un diálogo entre el saxofón y la electrónica en el que ambos medios reaccionan mutuamente entre sí, partiendo de una larga sección en progresivo crescendo de la electrónica que, además de proveer una suerte de base musical, sirve para establecer unos marcos temporales más permanentes y estables sobre los que se desarrollan las efímeras contingencias que son nuestras vidas y su interacción con cuantas fugacidades nos rodean.
En la Fundación Eugenio Granell, dicha electrónica sirvió, asimismo, para construir una dramaturgia espacial que ya palpitaba antes de la entrada a la sala de Pablo Peláez, un saxofonista, como los otros dos a los que escuchamos en este concierto, que demuestra las lecciones bien aprendidas de Pablo Coello, uniendo técnica, expresividad y una fuerte presencia escénica que dota de gran energía a cada una de las partituras. A ello se suma una profundización a nivel conceptual que, en Mixtion, convierte a Pablo Peláez en todo un paseante de la urbe remedada por la electrónica, estableciendo sucesivos diálogos con los muchos objetos sonoros que en cinta resuenan, creando sutiles contrapuntos acústico-electrónicos que se multiplican gracias a las exigencias técnicas especificadas por Jodlowski en el saxofón, incluidos aire sin tono, slaps, vibratos de distintas naturalezas, espasmódicas figuraciones, etc.

En todo ello ha brillado Pablo Peláez, tanto en lo más aguerrido como en lo más lírico y poético de este flâneur que es su saxofón en Mixtion; aunque, en global, ha sido la suya una versión nada agresiva, expuesta con gran refinamiento, así como con un ajustado control de las dinámicas para no saturar una sala de techo no demasiado alto y cierta estrechez en la que un volumen de sonido mayor hubiese saturado en exceso la escena acústica. A que ésta se haya habitado de forma transparente, con una espacialización bien definida, ha contribuido el control de Pablo Coello en la electrónica, buen conocedor de dicho medio y de la música de Pierre Jodlowski. Así, tanto en las secuencias más puramente armónicas y rítmicas como en los compases más ruidistas, al retirar la boquilla y proyectar/aspirar el aire directamente al tudel, la continuidad entre el saxofón de Peláez y la electrónica de Coello funcionó como un mecanismo de precisión, antes de que, despojado del micrófono y tras unas bellas secuencias de multifónicos, el saxofón se fuese perdiendo por el fondo de la sala, camino de la infinidad de los tiempos, de la que había surgido quince minutos antes.
La segunda partitura del programa, Dialogue de l’ombre double (1985), reunía en una sola obra a dos de los más ilustres compositores cuyos centenarios conmemoramos en 2025: Pierre Boulez y Luciano Berio, pues al italiano dedicó Boulez Dialogue de l’ombre double con motivo, entonces, del sexagésimo aniversario de Luciano Berio.
Cuarenta años más tarde, Dialogue de l’ombre doublé sigue interpelando la creatividad de sucesivas generaciones de intérpretes, bien sea en su forma original, para clarinete y dispositivo electroacústico, bien en las diferentes versiones que para otros instrumentos se han ido creando, como la de Vincent David publicada en disco compacto por el sello æon en el año 2008 (disco en el que, por cierto, dialogaban la música de Berio y la de Boulez); una transcripción para saxofones soprano, alto y tenor que Vincent David realizó en colaboración con el propio Boulez.
En Santiago de Compostela, Esteban Cabana nos ha ofrecido una versión para saxofón alto, electrónica y vídeo que ha multiplicado su instrumento en la más pura esencia de Dialogue de l’ombre double, convirtiéndose en sombra de sí mismo no sólo musical, sino visual, pues gracias al trabajo de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Pablo Picasso pudimos ver una filmación en la que precisamente Esteban Cabana ejecutaba las partes correspondientes a la cinta, grabadas por él mismo igualmente con saxofón alto, lo que confiere una mayor homogeneidad a nivel de timbre y tesitura que la antes citada versión con tres saxofones de Vincent David.
Ello requerirá que las diversas strophes se ataquen con un mayor virtuosismo, para rescatar, así, parte de la excelencia de la versión original para clarinete y su gran cantidad de matices en este diálogo del yo consigo mismo. Esteban Cabana lo ha logrado con creces, regalándonos un pasmoso ejercicio de virtuosismo y digitación, tanto en los pasajes más estructuralistas y de sentido postserial (que evidencian la importancia del piano en el pensamiento de Boulez a la hora de componer), como en aquellos compases en los que explota de forma más específica la idiosincrasia del instrumento de viento, como la gradación del color por medio del tenuto en multifónicos. Al igual que Pablo Peláez, Esteban Cabana ha sido muy cuidadoso a la hora de contener las dinámicas de su saxofón, lo que, unido a la electrónica espacializada en cuatro canales, nos permitió disfrutar de una versión de hondo calado psicológico en cuanto a ese diálogo (en versión de Cabana, auténtico parlamento) que tantas veces somos nosotros con nosotros mismos.
Dicha polifonía acústico-electrónica se resolvió en el progresivo unísono del saxofonista y de su sombra en cinta, progresivamente esfumada la segunda, para que el Esteban Cabana de carne y hueso (dualidad hoy más difusa y permeable que cuando Boulez compuso Dialogue de l’ombre double) rubricase su soberbia interpretación, en una obra, como la de Pierre Jodlowski, en la que la electrónica nos sugiere interesantes reflexiones sobre la multiplicidad del espacio y el tiempo, y cómo éstos han devenido, con el paso de las décadas, una cuestión clave en nuestra identidad como habitantes de las sociedades virtuales (aunque, para recorrerlas, siempre serán necesarias, a modo de brújulas, las voces de los poetas, como la del propio Paul Claudel que inspiró a Pierre Boulez en la creación de este diálogo de sombras).
El tercer y último compositor de tan heterogéneo y denso programa acústico-electrónico, el madrileño Germán Alonso, también pasó por el Ircam, donde se formó en nuevas tecnologías musicales con el compositor veneciano Mauro Lanza.
De Alonso pudimos escuchar El gran cabrón (2012), obra para saxofón barítono y electrónica en vivo que tiene en Pablo Coello, fundador y responsable de IXOR, a uno de sus mejores intérpretes, como ha demostrado en las diversas ocasiones que ha tocado esta radical partitura que dio a conocer en Galicia en el año 2013, desatando toda la energía, tan feroz y primordial, que aquilata la obra de Germán Alonso.
Como ya me había ocurrido con el propio Coello hace doce años, al escuchar El gran cabrón en la estupenda versión de Pablo Rodríguez me he vuelto a acordar más de las Pinturas negras (1820-23) de Francisco de Goya que del cuadro que, stricto sensu, inspira la partitura de Germán Alonso, El aquelarre (1797-98), dado el torrente de violencia expresiva impulsada por Pablo Rodríguez desde su comienzo, con la boquilla del saxofón retirada, desbordando un frenesí de resonancias graves que multiplica la electrónica en vivo, en una nueva vuelta de tuerca con respecto a la electrónica, más estática y prefijada, de Dialogue de l’ombre double.
Aquí, la electrónica multiplica, transforma y confiere nuevas vidas a los materiales del saxofón, de nuevo, como si esas torturadas pinturas del último Goya dejasen escapar a sus personajes, retorciendo sus rostros en un rictus baconiano. Aquelarre de medios acústicos y electrónicos, El gran cabrón no es tan exigente en cuanto a digitación como la partitura de Pierre Boulez, pero sí demanda del saxofonista un total dominio de la producción del sonido en cuanto a timbre, textura y balance con la electrónica, todo lo cual fue llevado a cabo por Pablo Rodríguez con gran templanza, a pesar de que su instrumento no parase de rugir y vibrar como poseído por la feroz expresividad de su interpretación de tan furibunda partitura, redondeando un estupendo concierto.
Paco Yáñez
(Fotos: Paco Yáñez)


