SANTIAGO DE COMPOSTELA / José Iges y Concha Jerez en performance para resignificar el tiempo

Santiago de Compostela. Centro Galego de Arte Contemporánea. 15-II-2025. José Iges, electrónica y performance. Concha Jerez, performance. José Iges y Concha Jerez: Paisajes de 4’33”.
Después de que la magna exposición dedicada al pintor Antón Lamazares hubiese ocupado (por primera vez en su historia) el Centro Galego de Arte Contemporánea al completo, poco a poco las salas del CGAC han ido estableciendo nuevos diálogos con otras disciplinas artísticas, como el cine, en la exposición Nuevos Imaginarios; la fotografía, en Mayte Vieta. El sonido del mar; y, ahora, la música, de la mano de la artista canaria Concha Jerez y del compositor, artista y teórico madrileño José Iges, ambos unidos en Resignificaciones, exposición que ocupa tres grandes espacios del CGAC y que, tras su inauguración el pasado 14 de febrero, podremos visitar hasta el 7 de septiembre (siendo, por tanto, una de las muestras que involucran a lo musical —aunque Resignificaciones abarque muchos más ámbitos del arte y el pensamiento— de mayor duración de cuantas haya programado el CGAC).
Resignificaciones compendia una muestra muy significativa de las colaboraciones de Concha Jerez y José Iges desde sus primeros trabajos en común, fechados en 1989, hasta sus últimas piezas, del año 2024, presentándose en el CGAC obras (y abundante documentación sobre las mismas) como Punto singular (1989-2016), Utopías rotas (1993), Net-ópera. Teatros de la memoria (2000-01), Agujeros negros (2003-24) o Arenas movedizas (2008), entre muchas otras que nos exigirán revisitar las salas del CGAC, pues abundan las piezas audiovisuales que piden tiempo, atención y cierto desaprendizaje de los imaginarios con los que hoy entramos, inducidamente contaminados, a un centro de arte contemporáneo: crítica de los modelos sociales y políticos (no sólo dominantes, sino perniciosamente asimilados en nuestra cotidianeidad) que es uno de los ejes del trabajo de José Iges y Concha Jerez.

A la propuesta puramente expositiva se le suma todo un cartel de performances, mesas redondas y conciertos que se desarrollarán en el propio CGAC desde el 15 de febrero hasta el 3 de junio, y en las que, junto a Concha Jerez y José Iges estarán artistas, músicos y especialistas en su obra como Miguel Álvarez Fernández, Gloria Picazo, Ana Vega Toscano o Alicia Murría, comisaria de Resignificaciones.
Con la primera de estas actividades nos quedamos hoy. Se trata de Paisajes de 4’33”, una performance-concierto que hemos de poner en la estela de obras de Concha Jerez como Cuatro visitas guiadas de 4’33” o —ya con José Iges— de Seis Paisajes de 4’33”, propuesta que desde septiembre de 2011 ha ido conociendo sucesivas versiones en Alicante, Berlín, Madrid o Arnuero, variando de formato en función de los espacios donde se desarrollase cada acción.
En Santiago de Compostela, Paisajes de 4’33” tuvo lugar sobre el escenario del Auditorio del CGAC, desplegando una serie de cuadros que involucraron la música, con electrónica controlada por José Iges, y la performance, a cargo de Concha Jerez, aunque ambos hayan visitado los roles del otro, pues las acciones performativas de Jerez suponían un contrapunto ruidista y musical en sí mismo, mientras que Iges ha desarrollado puntuales lanzamientos de monedas sobre el escenario que, además de un paisaje acústico propio, han dado lugar a todo un eco gestual de los procedimientos de azar cageanos.
Son, por tanto, distintas formas de habitar el tiempo, ya sea fluyendo con él, ya revolviéndose contra su paso y manipulación, siendo en esto último donde ha concentrado Concha Jerez sus acciones más contundentes y virulentas (en el tramo final de Paisajes de 4’33”). En el otro extremo, el comienzo de la performance convocó sobre el escenario ecos de Luigi Nono y Antonio Machado, con ese camino que se hace al andar: en el caso de Concha Jerez, al ir deambulando sobre un sendero de papel de aluminio que ella misma iba desplegando al caminar: desenvoltura que ha sido el leitmotiv de los primeros cuadros de Paisajes de 4’33”, en los que, en un gesto puramente jereziano, la artista ha ido desplegando rollos de distintos materiales y texturas para expresar ese paso del tiempo (uno de ellos, con notaciones musicales), hasta que el último de esos rollos se atasca en manos de Concha Jerez, traspasado el umbral de la edad en la que el tiempo empieza a ser, para cada uno de nosotros, una batalla cada día que avanzamos sobre sus huidizas sendas.

Paralelamente, la escena acústica desplegada por José Iges desde la electrónica convoca ecos asimismo nonianos, por su concepción espacializada del sonido y la proyección de grabaciones de campo tratadas para multiplicar las capas musicales y las líneas de temporalidades que en Paisajes de 4’33” discurren en paralelo. Los recitados numéricos (en castellano, alemán e inglés) redoblan esa sensación de carrera con(tra) el tiempo, de simultáneas cuentas atrás: ésas que, en el fondo, somos el conjunto de quienes nos reunimos en una performance como ésta. El propio título y su referencia a la emblemática obra de John Cage pone sobre la mesa esa vivencia del tiempo, ya desorientada y con sus marcos dislocados, ya perfectamente estructurada y sometida a fríos cronometrajes: de todo ello hay en Paisajes de 4’33”; de ahí, que el propio Iges se levante puntualmente de la mesa de control informático o que active una pequeña caja de música en la que, como contrapunto acústico, escuchamos La Internacional en un eco intimista y delicado tras haber oído en la electrónica una versión organillero-discotequera de la misma.
Dicho pasaje musical se corresponde con las acciones más agresivas por parte de Concha Jerez, con su rotura de periódicos previamente manchados con sanguíneos trazos rojos: toda una revuelta contra la dictadura de la actualidad y su imposición de un tiempo progresivamente acelerado (aunque, si quisiese darle una mayor actualidad a su performance, lo que debería destruir frente a nuestra mirada Concha Jerez deberían ser móviles, portátiles y todo tipo de pantallas como nos someten hoy a una constante nece(si)dad de información).
Así pues, una buena dosis de denuncia de este tiempo de posverdades, fake news y manipulación de la información (cambiados sus nombres, cosas de toda la vida) tiene Paisajes de 4’33”, algo que comparte con la propia exposición que de ambos artistas podemos ver en el CGAC y que los emparenta con el movimiento Fluxus, con Zaj y con cuantas propuestas artísticas conjugaron música, performance, instalación y teatralidad con un humor nunca exento de fuertes dosis críticas, como con Paisajes de 4’33” vuelve a ser el caso.

El final de Paisajes de 4’33” (performance de aproximadamente media hora de duración) continúa transitando esa tensa relación del yo con el tiempo, envuelta Concha Jerez sobre el escenario no sabemos si en su propio sudario (antesala del fin del tiempo personal) o en una crisálida desde la que, finalmente, emerge rompiendo el propio cascarón del tiempo como forma de atadura y prisión, momento en el que la música se interrumpe, pues, al desaparecer el tiempo, movimiento, música y matemática (indisolubles en Paisajes de 4’33”) se trascienden y/o aniquilan, dejando al criterio del espectador la decisión de si el propio tiempo es finitud o infinitud, perennidad o caducidad.
La dictadura del tiempo en nuestro organismo va, en todo caso, más allá de utopías, poéticas y ensoñaciones, y en la última década ha mostrado su inclemencia llevándose a artistas y compositores que, como Juan Hidalgo, Carles Santos o, más recientemente, Eduardo Polonio, han unido en sus performances la música, el teatro y la reflexión sobre el tiempo, de forma que acercarnos cara a cara al trabajo de Concha Jerez y José Iges (como a las propuestas de Llorenç Barber o Esther Ferrer) es un privilegio que no podemos desatender.
El Centro Galego de Arte Contemporánea así lo ha entendido, y a lo largo de los próximos meses nos invita a performances de José Iges y Concha Jerez (ya sean conjuntas o individuales) entre las que se encuentran Dedicatorias: present-acciones (2014-15), Intervalo único de tiempo autocensurado (2013-25) o Préstame 88 (1995), además de a la mesa redonda sobre el trabajo de ambos que, moderada por la comisaria Alicia Murría, tendrá lugar el viernes 25 de abril en Santiago de Compostela.
Paco Yáñez
(fotos: La Diapo – Centro Galego de Arte Contemporánea)


