SANTIAGO DE COMPOSTELA/ Espídica Venditti, musicalísima Rodiles

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 5-XII-2024. Noelia Rodiles, piano. Real Filharmonía de Galicia. Directora: Nil Venditti. Obras de Beethoven, Mozart, Martínez y Schubert.
La espídica aparición -—una miniperformance micrófono en mano para explicar que todo el programa era bellissimo— de la directora del concierto del jueves en el Auditorio de Galicia, la turco-italiana Nil Venditti, fue toda una premonición de lo que habría de venir inmediatamente después: una lectura de brocha gorda de la beethoveniana obertura de Las criaturas de Prometeo. Lo mismo sucedería en la segunda parte con la Segunda Sinfonía de Franz Schubert, hipervitaminada e hipermineralizada, como diría Súper Ratón, para mantener un apresuramiento inmisericorde. Una vez despachado el de Bonn, cabía la posibilidad de que el vienés fuera tratado con mayor cuidado. Pero no fue así: muy rápido, muy exagerado todo, siempre de mezzoforte para arriba, guiado el conjunto con una gestualidad básica y extrovertida. Un planteamiento que es una lástima cuando se dispone de una orquesta del formato de la Real Filharmonía, que permite, por ello mismo, transparencia, cuidado en las líneas expresivas, esa sutileza que el Schubert de diecisiete años ya poseía y que sólo apareció, como de milagro, en una suerte de demostración de autoestima de las cuerdas en el Allegro vivace que sigue al Largo inicial y en el trío del Menuetto.

Quizá Venditti debiera sopesar lo que supone llevar a cierto extremo algunas prácticas que sin duda le han influido. La rapidez de los tempi o la rotundidad de determinados acordes sólo tienen sentido pleno si la expresividad se enriquece con ellos, no si esta se ahueca, si lo energético del discurso general se come los detalles, si se trata de llegar lo antes posible y de la manera más brava a un final que, vía una innegable demagogia, se intuye apoteósico. Y a fe que en este caso lo fue. Orquesta y respetable aplaudieron a rabiar a la maestra que podrá decir, sin temor a equivocarse, que triunfó en toda la línea en Santiago de Compostela.
La solista de la velada fue Noelia Rodiles, una de las grandes pianistas —ellos y ellas todos reunidos— españolas de hoy. La asturiana posee en grado superlativo eso que tantas veces se dice y pocas se define con exactitud pero que, cuando aparece, aparece, y que llamamos musicalidad. En efecto: no se puede ser más musical. La técnica se muestra con una naturalidad admirable, todo es lógico y al mismo tiempo consecuente con un criterio estético que se detiene siempre, como para pensar, en el interior de la partitura, en lo que está más allá de las notas —y perdonen por lo que puede parecer un tópico pero en ella es muy de verdad. Su Concierto nº 12 de Mozart —acompañado, todo hay que decirlo, con relativa buena mano por parte de Venditti— fue espléndido. Impecable en las cadenze, plenamente en estilo y, por eso, evocando aquí y allá lo extraordinaria schubertiana que es y, de paso, lo bien que conoce el terreno que pisa. Como encore ofreció una impecable versión de la muy hermosa Rosa de abril del coruñés Andrés Gaos. Para abrir la segunda parte se recuperó el infrecuente Concierto en la mayor de la vienesa, contemporánea de Haydn y de abuelo español, Mariana Martínez. Muy poquita cosa, gracioso en su tiempo central, Rodiles lo negoció de memoria, delicadamente, como quien bebe agua en una copa de cristal de Bohemia.
Luis Suñén


