Scherzo | CRÍTICAS / SANTANDER / Minkowski y lo profundo en Mozart, Asier Vallejo Ugarte

SANTANDER / Minkowski y lo profundo en Mozart

SANTANDER / Minkowski y lo profundo en Mozart

Santander. Palacio de Festivales. 6-VIII-2022. Mozart: Las bodas de Fígaro. Iulia Maria Dan, Arianna Venditelli, Chiara Skerath, Thomas Dolié, Robert Gleadow, Miriam Albano, Norman Patzke, Manon Lamaison, Paco Garcia. Les Musiciens du Louvre. Director musical: Mark Minkowski. Puesta en escena: Romain Gilbert.

Llevaba tiempo la ópera ausente en el Festival de Santander y su vuelta suponía una feliz noticia que se unía a la alegría de ver nuevamente a Mark Minkowski y sus Musiciens du Louvre en el escenario del Palacio de Festivales. Minkowski es un músico carismático y descomunal del que muchos recelan si sobrepasa la frontera del Clasicismo, pero cuando se trata de Mozart te atrapa irremediablemente en su mundo desde que hace sonar las primeras notas: bastó la obertura de Las bodas de Fígaro para advertir el estilo rápido, vital y adictivo de sus incursiones sinfónicas, la expresividad apabullantemente vigorosa que adquiere la música de Mozart cuando sus instrumentistas se arman de un virtuosismo volcánico.

Pero tan importante como alimentar la impetuosa corriente musical que atraviesa la ópera entera es identificar a sus personajes con lo profundo de la vida, mostrar la habilidad mozartiana para caracterizarlos de la manera más sublime a través de la música, y así, por destacar dos momentos especialmente elevados de la velada, Minkowski trazó un elegantísimo retrato de la Condesa en las frases que preludian su Porgi amor y recreó con extrema sutileza el ambiente nocturno bajo el que Susanna canta su Deh, vieni, non tardar. Todo cuanto demandaba musicalmente la ópera, el colorido orquestal único, el ritmo trepidante de la vida moderna, esa poderosa mezcla de comedia, melancolía y transgresión, fue asegurado por un Minkowski al que la madurez no parece privar de ilusiones. Y quizás Les Musiciens du Louvre no sea un conjunto infalible, pero no abundan las orquestas capaces de desprender semejante energía cuando se trata de insuflar vida al lenguaje de los clásicos.

El elenco fue otro mundo. Se entiende que los grandes celebrantes del historicismo vean fundamental la homogeneidad del conjunto para crear algo real, orgánico y vivo, de manera que las individualidades muy marcadas sean extrañas en sus producciones, pero la templanza, la musicalidad, la naturalidad en el fraseo y la belleza vocal fueron cualidades mostradas únicamente por Iulia Maria Dan como Condesa y Arianna Venditelli como Susanna, unidas en el deseo mutuo de cantar Mozart con expresividad y matices. También puede destacarse, pese a la brevedad del papel, a Manon Lamaison como Barbarina. Chiara Skerath compuso un Cherubino tan pulcro como previsible, sin aura romántica en un Voi che sapete tímidamente aplaudido. Tampoco Thomas Dolié logró imponerse en lo vocal a pesar de sus buenas intenciones, mucho más difíciles de percibir en el rudo Figaro de Robert Gleadow.

Lo que no puede negarse a ninguno es intuición escénica, desenvoltura para sumergirse en el juego teatral de la obra (aun tratándose de una versión semiescenificada) y seguir las indicaciones de Romain Gilbert sin apenas estridencias que desviasen la atención de lo esencial: la eterna complejidad de las relaciones humanas.

Asier Vallejo Ugarte

(Foto: Pedro Puente)