Scherzo | CRÍTICAS / CASTRO URDIALES / Las danzas y los mares, por Asier Vallejo Ugarte

CASTRO URDIALES / Las danzas y los mares

CASTRO URDIALES / Las danzas y los mares

Castro Urdiales. Iglesia de Santa María. 22-VIII-2022. Euskal Barrokensemble. Director: Enrike Solinis. Mare Cantabricum. Isla. Iglesia de San Julián y Santa Basilisa. 20-VIII-2022. Capella de Ministrers. Director: Carles Magraner. Il cortegiano. Fantasía y danza en la España del Siglo de Oro.

 Desde el inicio de las noches musicales de Santillana del Mar, a mediados de los 50, el Festival de Santander ha escrito en los marcos históricos de la comunidad algunas de las páginas más luminosas de su historia. No importa que coincidan con grandes conciertos en la capital (la Sinfónica de la Radio de Fráncfort el día 20, Lang Lang el 22), pues ofrecen siempre una entrada espléndida y la confianza de que en ellos ocurren cosas sorprendentes y se desvelan sensaciones nuevas desde la música antigua a la contemporánea.

Construida sobre un cerro protegido por vertiginosos acantilados, dominando como una fortaleza la vista del puerto pesquero, se alza la Iglesia de Santa María de Castro Urdiales. Allí estrenó Enrike Solinís su programa Mare Cantabricum, un encargo del festival que buscaba “recoger la importancia de los viajes de ultramar desde el Atlántico y el cambio del eje Mediterráneo al Atlántico a partir del Renacimiento”. El ser humano ha habitado la cornisa cantábrica desde tiempos inmemoriales y su sempiterna relación con el mar lo ha marcado con una fuerte identidad cultural, con costumbres y creencias que han perdurado a lo largo de los siglos. Son muchos los que sienten esa herencia correr por sus venas. Partiendo del Epitafio de Seikilos como muestra de su pertenencia a la antigua civilización greco-latina, Solinís transitó por diversas etapas de la historia cantábrica de manera que por el escenario de la iglesia desfilaban cantos y danzas tradicionales, cantigas medievales y piezas renacentistas como integrantes de un relato común: el sonido primitivo, la cristianización, las viejas leyendas, el roce musulmán, la formación de la Hermandad de las Marismas entre villas fraternas del mar (de San Vicente de la Barquera a San Sebastián), la participación de las flotas cantábricas en la expansión oceánica y el intercambio cultural con los pueblos indígenas del Nuevo Mundo.

Solinís es uno de los más imaginativos e inteligentes músicos que tenemos, no solo por esa versatilidad suya que le permite abordar con la misma maestría el rigor casi geométrico de una sonata de Bach y el maridaje de músicas antiguas y tradicionales, metiendo todo el color que estas demandan, sino porque sabe rodearse de los mejores en su Euskal Barrokensemble para que sus programas respiren autenticidad. Eran Mixel Etxekopar, Begoña Olavide, Gonzalo Pérez Trascasa, Vicente Parrilla, Alberto Jambrina, David Sagastume, Miren Zeberio, Pablo Martín Caminero y David Mayoral junto a voces capaces de elevarse en momentos mágicos como Ondas do Mar do Vigo de Martin Codax (Mariví Blasco) o la nana tradicional vasca Loa, loa (Leire Berasaluce). Con recuerdos de sus anteriores Euskel Antiqva y Elkano, como si ambos constituyeran su origen, Mare Cantabricum nació plagado de matices y exuberancia, del viento marero que inspiró a Alberti en estos abruptos parajes del norte.

El anterior programa de los Marcos Históricos había presentado en la Iglesia de San Julián y Santa Basilisa de Isla, ante uno de los mejores retablos barrocos de la comunidad, a la Capella de Ministrers destapando los encantos de la danza española en el Renacimiento y el primer Barroco. Antonio de Cabezón, Diego Ortiz, Luys de Narváez, Gaspar Sanz o Santiago de Murcia fueron algunos de los nombres ilustres con los que Carles Magraner y los suyos (Belén Nieto a las flautas, Pau Ballester en la percusión y Robet Cases a la tiorba y la guitarra barroca) peregrinaron por aquellos tiempos de irresistibles pavanas, gallardas, salterellos, romanescas, españoletas y jotas, imprimiendo frescura y una evolución lógica a un repertorio tan gozoso como heterogéneo. Con este programa celebraba la Capella sus treinta y cinco años de andadura, siete décadas de profundas transformaciones en la vida musical española en las que, sin embargo, su habilidad por aunar investigación y música viva se ha mantenido intacta.

 Asier Vallejo Ugarte