SANTANDER / La exuberante austeridad de Gardiner

Santander. Palacio de Festivales (Sala Argenta). 1-VIII-2022. Monteverdi Choir. English Baroque Soloists. Director: John Eliot Gardiner. Obras de Carissimi, D. Scarlatti y Schütz.
Tras el colofón sinfónico de Granada al frente de Sinfónica de Londres, compareció anoche John Eliot Gardiner en la Sala Argenta para descorchar la 71ª edición del Festival Internacional de Santander con un programa radicalmente distinto pero concebido asimismo para la reflexión. Si en el Palacio de Carlos V el maestro británico cerró el cartellone con la Pequeña Rusia de Chaikovski (oportunamente reivindicada como Sinfonía ‘Ucrania’), esta vez convocó a su Coro Monteverdi y a cinco integrantes de los English Baroque Soloists para un programa, entre espiritual e intimista, que invitaba al recogimiento y servía de contrapunto a los habituales fastos inaugurales con tres obras maestras del barroco.
La Historia di Jephte de Carissimi, el Stabat Mater de Domenico Scarlatti y las Exequias musicales de Schütz sintetizan las influencias y los cambios de estilo del repertorio sacro de los siglos XVII y XVIII a su paso por Italia y Alemania. Pero todo el mundo sabe que a Gardiner el rigor historicista le interesa en la medida en que le permite hablar del presente y conectar con las emociones del público a través de un subtexto —el de la crisis y la inestabilidad política de Europa— que encontró anoche puntos de anclaje en la Guerra de los Treinta Años y las recreaciones de la peste de Caravaggio, pero también en la exuberante austeridad con que estos tres compositores allanaron el camino a la esperanza.
Gardiner dirigió el pequeño drama musical de Carissimi (toda una rareza del repertorio) como si de una ópera se tratara para contar la historia del líder israelita Jefté, quien según el Antiguo Testamento se vio obligado a sacrificar a su propia hija. La soprano Charlotte La Thrope conmovió al público con el desgarrador Plorate colles, dolete montes. También se lució el tenor Graham Neal, cuyo padecimiento (Heu mihi! Filia mea) se fue abriendo paso entre pasajes meditativos y plegarias a varias voces hasta llegar al apoteósico lamento final (Plorate filii Israel), donde Gardiner logró enfatizar el carácter prescriptivo, casi visionario, de Carissimi como referente indiscutible de la música coral barroca.
Que nunca se haya encontrado el manuscrito autógrafo del Stabat Mater de Scarlatti ha justificado todo tipo de versiones, algunas más acertadas que otras. La de Gardiner (que grabó por primera vez en 1985 para el sello Erato) pertenece a la mejor tradición (la de Harry Christophers con The Sixteen o Lionel Meunier con Vox Luminis) por su dominio del estilo contrapuntístico, la rica paleta de recursos del bajo continuo (viola da gamba, contrabajo, laúd y órgano), su capacidad para crear texturas combinando el estilo coral polifónico con una retórica apasionada (como en el Sancta mater, istud agas) y por esa forma tan suya de exaltar el sagrado misterio de la partitura con una amenidad casi mozartiana.
El concierto concluyó con las Exequias musicales de Heinrich Schütz, discípulo de Gabrieli y Monteverdi, a quien Gardiner considera el eslabón perdido que conecta la música italiana con Bach a través de esta suerte de “réquiem alemán que se adelantó más de dos siglos al de Brahms”. En esta exquisita meditación escrita para el funeral del conde Heinrich Posthumus von Reuss, las 19 voces del Coro Monteverdi (más la del alto Tim Morgan en calidad de solista invitado) se ensamblaron a la perfección a lo largo de 27 pasajes en los que se alternan los soli y cappella sobre textos de autores luteranos del siglo XVI, con algunos episodios especialmente emotivos, como Es ist das Heil und selig Licht.
A modo de propina, el director de 79 años ofreció el bellísimo extracto coral de Gran Giove del tercer acto de Il ritorno d’Ulisse in patria de Monteverdi. De esta manera, y ante la presencia de autoridades locales y un público entusiasta que no llegó a llenar el Palacio de Festivales, Valentina Granados, directora del FIS, dio por inaugurada una edición que recupera su habitual nómina de nombres propios y orquestas de primer nivel para dejar atrás, de una vez por todas, los peores augurios de la pandemia.
Benjamín G. Rosado
(Foto: Pedro Puente)


