SANTANDER / Javier Eguillor, el éxito de un estreno

SANTANDER / Javier Eguillor, el éxito de un estreno

Santander. Palacio de Festivales. 29-XII-2021. Javier Eguillor, batería. Orquesta Juvenil de la UIMP-Ataúlfo Argenta. Director: Vicent Pelechano. Obras de Saint-Saëns, Mancini, Gershwin y Bizet.

El timbalero y baterista Javier Eguillor (Xixona, 1975) es, desde hace tiempo, uno de los grandes y más activos músicos de la Comunitat Valenciana, además de timbalero de renombre nacional e internacional. El miércoles ha estrenado con carácter mundial la versión sinfónica de la Suite para batería solista y banda de concierto, del estadounidense David Mancini. Lo ha hecho en el colosalista Palacio de Festivales de Cantabria, arropado por el acompañamiento eficaz y atento de Vicent Pelechano, que lució sus evidentes competencia y sensibilidades al calibrar con pericia y oficio las energías y entusiasmos de los jóvenes profesores de la Sinfónica Juvenil UIMP-Ataúlfo Argenta, orquesta residente en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de la que el maestro de Alfarp (Valencia) es titular desde 2017.

Eguillor recrea la renovada suite de Mancini desde una perspectiva apasionadamente instrumental, que reivindica y exhibe la fuerza expresiva de la batería más allá incluso de su esencia rítmica. Deslumbra el virtuosismo espectacular, pero, sobre todo, el modo en que ennoblece el alarde técnico para elevarlo a la categoría de arte sonoro. Los compases de Mancini se percibieron como un inmenso caudal musical, de dinámicas, de ritmos y contratiempos, de pulsos y acentos, de progresiones, colores y registros. De imaginación no reñida con el rigor; de música bien dicha. Javier Eguillor se funde con la batería y su océano de artilugios sonoros para conformar esa homogénea unicidad de instrumento e intérprete en la que es difícil adivinar donde comienza uno y acaba lo otro.

Jesús Salvador, “Chapí”, que es quien ha orquestado la suite de Mancini, ha respetado el universo melódico y brillante originales, para mantener las esencias y colores de una obra que Eguillor, apóstol de la música del estadounidense en España, ha tocado reiteradamente en escenarios españoles e internacionales en su versión original. Ahora, en la flamante transcripción, la suite mantiene los refulgentes esplendores primigenios, pero queda enriquecida por las sutilezas que brinda la policroma paleta de la gran orquesta sinfónica. El éxito fue unánime y caluroso, con un Palacio de Festivales a media entrada, pero que aplaudió con ganas y entusiasmo. Al éxito tampoco fue ajeno el fino acompañamiento de los jóvenes sinfonistas cántabros y de su titular. Como propina, solista, maestro y atriles regalaron la más que brillante Paconchita, “obertura latina” para batería y banda sinfónica del alicantino de Novelda Óscar Navarro (1981).

La música de Mancini llegó arropada en esta ocasión por un inteligente programa de evidente inspiración francesa, en el que los jóvenes profesores cántabros -que tienen el honor de ser nominados bajo el nombre insigne de Ataúlfo Argenta, su paisano inolvidable-, y su titular Vicent Pelechano, surcaron compases arriesgados y comprometidos. No solo por la desnudez sin escondrijos de sus pentagramas, sino también por las intrincadas escrituras. Salieron airosos del reto, en lecturas que, más allá de cualquier tropiezo puntual, dejaron asomar virtudes y hasta maravillas. Se lucieron particularmente el violín-concertino en la Danza Macabra de Saint-Saëns, el flauta solista en La Arlesiana de Bizet y la orquesta en su nutrida plenitud en un risueño Un americano en París cargado de contento y resonancias de ambos lados del charco. Una orquesta y un maestro que son un orgullo para Cantabria, para la tierra de Ataúlfo Argenta, pero también para la nueva música española.  El éxito impuso que el largo programa, desarrollado sin intermedio, se prolongara aún con la recuperación del vistoso final de la suite de Mancini. ¿Qué mejor para despedir este condenado 2021? ¡Feliz y sano Año Nuevo!