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SANTANDER / ‘El oso’: extravagancias en palacio

SANTANDER / ‘El oso’: extravagancias en palacio

Treceño. Palacio de Hualle. 11-VIII-2022. Walton: El oso. Paloma Chiner, Pablo Rossi Rodino, Isidro Anaya. Tatiana Studyonova, piano. Directora de escena: Rita Cosentino.

Desde el verano de 2008 se han celebrado en el Palacio de Hualle, una preciosa casa del siglo XVII en la localidad cántabra de Treceño, unas noches líricas inspiradas en los festivales europeos de ópera en casas de campo. Mavra de Stravinsky, Cendrillon de Viardot, Fantochines de Conrado del Campo, El Pelele de Julio Gómez o Il Segreto si Susanna de Wolf-Ferrari son algunas de las obras que se han representado en su singular escenario, tan pequeño como encantador, en el que se establece un maravilloso clima de intimidad entre los artistas y el público.

Integradas en el Festival de Santander desde 2014, las Noches Líricas del Palacio de Hualle reservaban para su actual edición el estreno español de la ópera de cámara The Bear (El oso) de William Walton, basada en la comedia homónima de Chéjov, que une con ritmo, ligereza y un sentido del humor deliciosamente cáustico lo cotidiano y lo extravagante en torno al duelo de una mujer enganchada al recuerdo de su difunto marido y su encuentro con un grosero acreedor que termina obsesionándose con ella. De la mano de un lenguaje limpio, veloz y eficaz en el que cuesta reconocer al modernista de los años treinta (la estrenó en el Festival de Aldeburgh de 1967), Walton levanta un mundo en miniatura y construye unos personajes impulsados a vivir disparatadamente, sin ataduras morales, al límite de sus capacidades de amar y de odiar. Rita Cosentino se hizo con el pulso de la obra y valiéndose de pocos recursos montó un espectáculo muy ágil en el que podíamos percibir, gracias a una narrativa diáfana y transparente, la grandeza de las obras pequeñas: un teatro sencillo, tremendamente humilde, pero certero y bien rodado.

Dentro de ese juego hallaron su espacio los dos principales del elenco, una Paloma Chiner (Popova) y un Pablo Rossi Rodino (Smirnov) muy implicados con cuanto sucedía a sus personajes, ella con una voz de cierta entidad que la ha llevado a cantar Tosca en el Teatro San Carlo de Nápoles. Isidro Anaya cumplió con su breve parte (la del mayordomo Luka) con corrección exacta, exhibiendo una vis cómica similar a la de los criados mudos de Aarón Martín y Máximo Esteban. No avasalladora sino contenida, inteligentemente expresada. Y la magnífica labor de Tatiana Studyonova permitió concentrar en su piano todos los matices de una orquesta de cámara, de manera que solo el inesperado anuncio del fin de estas noches líricas (soplan vientos de cambio en el verano cántabro) pudo ensombrecer los logros de esta agradabilísima velada.

Asier Vallejo Ugarte