Empieza el momento Nagano

En la entrevista aparecida en el número de septiembre de SCHERZO, y coincidiendo con el inicio de su compromiso como director titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, Kent Nagano mostraba las líneas maestras de lo que debiera ser su responsabilidad como sucesor de un David Afkham que ha coronado su etapa con indudable éxito. El maestro californiano de origen japonés se limitaba lógicamente a esbozar proyectos todavía por definir, que cabe confiar en que lleve a buen término gracias a su enorme experiencia y prestigio.
El nombramiento de Nagano —quién lo iba a suponer hace solo unos años— ha partido de la idea de ligar la OCNE a una personalidad, por decirlo así, suficientemente hecha. Su experiencia con músicos y públicos muy distintos —Buffalo, Lyon, Mánchester, Montreal, Múnich, Hamburgo…— le otorga un conocimiento singular del oficio y sus circunstancias, incluyendo en estas las características propias de las ciudades en las que viven las orquestas, de cómo deben ser las relaciones entre audiencia y programadores, incluyendo, como señalaba en la entrevista, la demografía y las tensiones que conlleva: “Un director titular tiene la responsabilidad añadida de servir a la comunidad”. Y en ese servicio entran también dos aspectos cruciales: la nueva creación y el repertorio hispano.
Nagano hereda una orquesta en excelente momento de forma, a la que conoce bien, pues la ha dirigido en ocasiones recientes, en cuyos atriles conviven jóvenes y veteranos y que ha conseguido reconducir su trayectoria desde los tiempos en los que Josep Pons se propuso cambiar un panorama imposible. La propia orquesta ha apostado por el modelo del maestro con experiencia sobre aquel que liga su desarrollo personal con el propio crecimiento de sus músicos en una operación que parece suponer una apuesta por lo que considera ya una base suficientemente sólida para cualquier nombre de la primera fila internacional.
Hay un deseo igualmente de promocionar fuera de nuestras fronteras los logros de la OCNE. Las giras son siempre un elemento que aparece en cualquier planificación a corto, medio o largo plazo. Este año, algunas ciudades alemanas y los Proms londinenses han sido testigos del buen hacer de la orquesta en la música patria, aunque, como suele suceder, haya faltado ese punto de comparación imprescindible que significa el gran repertorio, vehículo imprescindible a la hora de valorar la realidad de una formación como la nuestra en plazas acostumbradas a algunas de las más grandes.
Otro eje de esa presencia de la OCNE en el panorama internacional debieran ser las grabaciones discográficas. Bien en forma de discos físicos o de presencia en las llamadas plataformas de streaming. La primera opción requiere algo tan complicado como la complicidad de una discográfica de prestigio, pues las cosas o se hacen bien o no se hacen. Y ahí es donde el nombre Nagano, firmante de unas cuantas grabaciones de referencia, debiera abrir puertas. En lo que se refiere a las plataformas, son ya muchas orquestas de prestigio las que ofrecen sus conciertos en sus propias páginas web, bien en forma de novedades o bien como archivos de sus mejores actuaciones.
Una orquesta es un organismo que muestra su vitalidad con su presencia allí donde se la espera. O donde se la debiera esperar. Todo ese trabajo de promoción discográfica o en redes debiera tener como colofón la presencia de la OCNE en esas salas de conciertos que reciben a orquestas de su mismo nivel o en esos catálogos en los que otras, evidentemente inferiores, presentan novedades que incluyen desde obras de estreno a grandes ciclos sinfónicos. Es verdad que, en muchas ocasiones, ello se debe a una financiación privada que encuentra en la cultura una forma de devolver a la sociedad lo que esta aporta a sus beneficios.
Nagano lo conoce bien y quién sabe si no sería un elemento de atracción para esos posibles mecenas empresariales con vocación internacional a los que, por otra parte, tampoco parece preocuparles demasiado esa ley de mecenazgo que el Ministerio de Hacienda tiene en el cajón de los expedientes inútiles.
El heroísmo de Pons más la constancia de Afkham y la entrega de unos músicos decididos a dar lo mejor de sí han llevado a la OCNE a su mejor momento. Sólo cabe, pues, crecer, de la mano de un maestro prestigioso y fiable como Kent Nagano. ¶
[Foto: Rafa Martín / OCNE]


