SAN SEBASTIÁN / Mitsuko Uchida: respiración y silencio habitado

SAN SEBASTIÁN / Mitsuko Uchida: respiración y silencio habitado

San Sebastián. Auditorio Kursaal. 22-08-2021. 82ª Quincena Musical Donostiarra. Mitsuko Uchida, piano. Schubert: Cuatro Impromptus D 935 / Sonata D 894 en Sol Mayor.

No cabe duda de que en esta edición de la Quincena Musical los aficionados al piano han tenido muchas ocasiones de disfrutar, porque han podido escuchar a muchas y muy diferentes figuras del panorama: desde Yuja Wang, pasando por Sokolov, Leonskaja o Stephen Hough, y aún queda el croata Dejan Lazic con la Orquesta de Budapest. Ayer fue el turno de Mitsuko Uchida en la que ha sido su primera actuación en la capital guipuzcoana, con un programa consagrado enteramente a uno de sus compositores de predilección, Franz Schubert y los Impromptus D 935 y la Sonata D 894 en Sol Mayor.

La visión de Uchida destaca por tres características principalmente. La primera, relacionada con el fraseo y las respiraciones: la naturalidad con la que fluyen y se encadenan las frases es realmente pasmosa. El secreto está en tomarse su tiempo, muchas veces el mínimo, pero siempre el suficiente para terminar de decir una cosa y empezar a pronunciar la siguiente, como sucede con esas indicaciones forte-piano que aparecen a menudo en las partituras del compositor. La segunda característica está relacionada con una visión despojada de drama y casi luminosa de estas obras de la etapa final de Schubert. Se trata de una versión entre candorosa y angelical, ya por encima de las penurias humanas. Dicha visión puede gustar o coincidir más o menos con lo que cada uno tenga en la cabeza, pero no cabe duda de que se trata de una interpretación que, siendo personal, es bastante canónica en su relación con el texto y, además, extremadamente coherente y convincente en el pianismo de Uchida. Y por último, su forma de estar presente en los silencios, dejarlos vibrar dentro de las frases y permitirnos disfrutar de ellos.

Su gama de matices oscila entre el pianissimo más sutil y el forte, sin llegar más que una vez, en el primer movimiento en la Sonata en Sol Mayor, a un fortissimo al uso. Pero es que dentro de esa gama la gradación es infinita y cuenta siempre con una proyección sonora, merced a esa pulsación dulce y firme a la vez, que hace que cada nota sea perfectamente audible. Nadar en las procelosas aguas de la dinámica schubertiana es siempre un reto y Uchida se mueve como una náyade en un arroyo manso. Un sonido perlado y muy bello y una pedalización mimada al detalle terminan de redondear esa concepción tan suya de las obras.

Y al final de la sonata, pudimos comprender hasta qué punto había conquistado al público, porque un silencio largo y tranquilo como pocas veces se ha podido oír y escuchar en el Kursaal, sin toses y sin incomodidad, precedió a la catarata de aplausos y bravos que la pianista agradeció con el segundo movimiento de la Sonata KV 330 de Mozart.