SAN SEBASTIÁN / Isabel Villanueva y François Dumont, felices descubrimientos

SAN SEBASTIÁN / Isabel Villanueva y François Dumont, felices descubrimientos

San Sebastián. Museo de San Telmo. 24-VIII-2021. Quincena Musical Donostiarra (Ciclo de Música de Cámara). Isabel Villanueva, viola. François Dumont, piano. Obras de Liszt, Hahn, Granados, Martinu y Clarke.

No son tantas las oportunidades de disfrutar de un recital para viola y piano y los amantes de la música de cámara tuvimos esa suerte el pasado martes en la Quincena Musical Donostiarra. La afamada violista navarra Isabel Villanueva y el pianista francés François Dumont ofrecieron un estupendo y variado programa confeccionado en buena parte con obras de su CD Bohèmes. Una obra de Liszt arreglada para viola y piano al final de su vida, pero basada en una melodía de juventud, Romance oubliée, sirvió casi como preludio introductorio para ir sentando las bases de lo que vendría después y que no haría sino aumentar en implicación musical y calidad.

Si conocida es la producción melodística de Reynaldo Hahn, su Solliloque et Forlane para viola y piano, escrita en el periodo final de su vida, lo es mucho menos. Villanueva y Dumont dieron una lección de clase y buen gusto en esta obra en la que, como sucede siempre en Hahn, encontrar el equilibrio entre el gracejo y la elegancia es siempre un encaje de bolillos.

Es la propia intérprete la autora del arreglo para viola de la Sonata para violín y piano de Granados, obra inacabada y que consta de un solo movimiento. La tónica ascendente del recital se fue confirmando en la delicadeza y carácter que Villanueva imprimió a estas páginas y que en su instrumento sonaban con una intensidad reforzada, en lo que Dumont fue el partenaire ideal. Bravo tanto por la interpretación como por la transcripción.

Y llegaron las dos obras que constituyeron el centro del recital. En primer lugar, la Sonata nº 1 para viola y piano del compositor checo Bohuslav Martinu (despejamos ya la incógnita: no hubo nunca una segunda sonata), en la que ambos músicos demostraron haber trabajado mucho y muy bien. Villanueva se crece con las dificultades y así quedó demostrado en esta obra de gran exigencia técnica con no pocas trampas rítmicas y numerosos escollos para una buena conjunción que fueron salvados con aparente naturalidad por ambos intérpretes.

Y se cerró el programa con el que constituyó quizás el gran descubrimiento de la velada para los no iniciados en el mundo de la viola: la Sonata para viola y piano de la compositora británica Rebecca Clarke. Violista profesional y compositora, compuso esta partitura en 1919 cuando contaba con 33 años y le valió no poco reconocimiento. Aunque hoy en día es muy conocida en el mundo de la viola, es una lástima que a pesar de su calidad no haya conseguido imponerse en el repertorio de cámara. Se trata de una sonata plenamente inscrita en su tiempo, en la que resuenan ecos debussystas, tanto en lo que se refiere a recursos técnicos como en lo puramente armónico. Villanueva y Dumont brillaron individual y conjuntamente y regalaron un derroche de expresividad y saber hacer que encandiló al público.

Una melodía de Debussy en su adaptación para viola, Beau soir, fue el bis perfectamente apropiado para cerrar este fantástico recital.