Scherzo | CRÍTICAS / SAN SEBASTIÁN / España según Francia, pasando por Portugal, por Imanol Temprano Lecuona

SAN SEBASTIÁN / España según Francia, pasando por Portugal

SAN SEBASTIÁN / España según Francia, pasando por Portugal

San Sebastián. Claustro del Museo de San Telmo. 9-VIII-2022. Quincena Musical (Ciclo de Música Antigua). Ludovice Ensemble (Andrè Lacerda, tenor; Joana Amorim, flauta; Ayako Watanabe, violín; Sofia Diniz, viola da gamba; Fernando Miguel Jalôto, clave y director). Obras de François Couperin, Boësset, Lully, Charpentier, Campra, Courbois y Demarets.

Las relaciones políticas de Francia y España durante el siglo XVII fueron extremadamente conflictivas. A pesar de que Luis XIII y Luis XIV se casaron con princesas españolas, Francia no dudó en declarar la guerra a la monarquía hispánica en sucesivas ocasiones aprovechando el desgaste y la debilidad —no tan acusada como a veces se quiere hacer creer— tras décadas de esfuerzo bélico en tiempos de Felipe IV y Carlos II. Como es sabido, todo cambiaría con la Guerra de Sucesión y la llegada al trono español de un Borbón, Felipe V, nieto de Luis XIV, estableciéndose desde entonces una alianza con Francia bajo la forma de los llamados ‘Pactos de Familia’ que regirán la política exterior española durante la mayor parte del siglo XVIII.

En este contexto no deja de ser curioso el prestigio del que gozó la cultura española en Francia durante el siglo XVII. Es conocido el esfuerzo de Luis XIV por crear e imponer desde la corte un gusto marcadamente francés a la producción artística pero no lo es tanto que bajo el reinado de Luis XIII lo español estaba de moda en Francia. La literatura, la vestimenta o la lengua españolas (Cervantes escribió en Los trabajos de Persiles y Sigismunda, quizás de una forma un tanto exagerada, que “en Francia ni varón ni mujer dejan de aprender la lengua castellana”), despertaban interés y admiración en los círculos cortesanos y las élites intelectuales. Cierto es que después, bajo el reinado del Rey Sol, el dictado de la Corte barrió del campo cultural todo lo que no fuera francés, pero lo español mantuvo cierta presencia.

Valga esta introducción para situar y resaltar lo atractivo del programa que presentó anoche el Ludovice Ensemble dentro del ciclo de Música Antigua de la Quincena, compuesto por una serie de obras de algunos de los principales compositores franceses del siglo XVII y principios del XVIII que tienen en común su temática o inspiración española, generalmente de raíz literaria.

La columna vertebral del concierto fue L’Espagnole, segunda parte o segundo orden —como denominaba el propio Couperin a sus piezas— de esa magna obra que es Les Nations, publicada en 1726. Como los otros tres conciertos que componen la colección (La Françoise, L’Impériale y La Piémontaise), consta de una sonata en trío alla italiana, siguiendo libremente el modelo de Corelli, y una suite de danzas francesa, dando forma al del ideal del compositor de reunir lo mejor de la música italiana y la música francesa de su tiempo. El concierto empezó con la sonata en trío y el resto de la obra se fue intercalando con las obras vocales.

El Ludovice Ensemble, uno de los grupos portugueses de música barroca más interesantes en un momento en el que la música antigua está viviendo en nuestro país vecino un enorme florecimiento de talentos, demostró la afinidad que desde hace años tiene con el estilo francés. Atrás quedaron los tiempos en que la música barroca francesa era patrimonio de los músicos galos y hoy, afortunadamente, es posible asistir a conciertos donde un grupo luso o español ofrecen notabilísimas interpretaciones de este repertorio. En el caso del Ludovice Ensemble, merece ser destacada su sección de bajo continuo: la violagambista Sofia Diniz y el clavecinista —y director del grupo— Fernando Miguel Jalôto, supieron transmitir los contrastes, la elegancia y majestuosidad de esta música a lo largo de todo el concierto, constituyendo un soporte rítmico y armónico perfecto para las dos instrumentos melódicos, el violín de Ayako Watanabe y la flauta de Joana Amorim,  a las que faltó un poco de intensidad en los movimientos más vivos pero a las que hay reconocer el equilibrio entre ambas, la impecable afinación y un bello sonido que consiguieron mantener pese a la humedad del ambiente.

La interpretación de la parte vocal corrió a cargo del tenor (más bien habría que decir en este caso que haute-contre) Andrè Lacerda. Empezó con una delicada versión de Frescos ayres del prado, un air de cour de Antoine Boisset, el más destacado represente durante el reinado de Luis XIII de este género genuinamente francés. A continuación vino, quizás, el momento más destacado del concierto con Sé que me muero de amor (seguida de El dolor solicita el que al dolor se da), que forman parte de la música que compuso Lully para la famosa obra teatral de Molière El burgués gentilhombre. En esta aria, un galán español se lamenta y se recrea en los rigores del amor. Esta música se incluye en la ceremonia que se ofrece en el quinto acto a ese maravilloso arquetipo del nuevo rico que es Monsieur Jourdain y en la que comparecen diversos personajes de distintos lugares ‘exóticos’ dentro del llamado ballet de las naciones, entre ellas España. A su vez, esta ceremonia se inspira en un suceso real que merece ser recordado.

En 1669 la corte francesa fue visitada por un curioso personaje, Soleiman Agha (las grafías son muy diversas), embajador del emperador turco Fazil Ahmed. La idea era reforzar una alianza entre Francia y el imperio otomano en una época en que éste constituía una seria amenaza para la Europa cristiana. Con este fin el rey agasajó al emisario con toda serie de atenciones y riquezas pero todo fue en vano pues el supuesto embajador permaneció impasible al despliegue del monarca (algunas versiones incluso hablan de que era un impostor). Luis XIV encajó el engaño de la mejor manera posible y encargó a Molière y Lully que preparara “un ballet turco ridículo”, petición que constituirá el germen de El burgués gentilhombre, una comédie-ballet estrenada en el Château de Chambord en 1670. En esta obra, la llamada ceremonia turca constituye, efectivamente, el momento culminante de la farsa que organizan los sirvientes y familiares de Jourdain para engañar al protagonista y conseguir sus fines. André Lacerda mostró ser un cantante versátil, con grandes dotes actorales que puso de nuevo de manifiesto en los Airs sur les stances du Cid de Charpentier, basados en la célebre tragedia de Corneille sobre el héroe medieval español, mostrando con gran implicación el conflicto entre el amor y el honor que constituye el eje del texto.

André Campra es uno de los compositores franceses más importantes de la generación posterior a Lully. De padre italiano y originario del sur de Francia, con él empezó a llegar la influencia del país transalpino a la ópera francesa. Aunque en sus orígenes compuso sobre todo música religiosa, posteriormente se consagró a la escena detentando los cargos más importantes en la Académie Royal de Musique. Dentro de su producción operística, una de sus obras más famosas es sin lugar a duda L’Europa galante, cuyo estreno en 1697 constituye un hito en la creación del género de la ópera-ballet. De ella se interpretaron dos arietas de la segunda entrée o acto, dedicado a España: Sommeil, qui chaque nuit jouissez de ma belle y El esperar en amor, es merecer.

La voz de Lacerda dio las inflexiones oportunas a esta música logrando un perfecto equilibrio entre contención y expresividad. Más desmelenado estuvo en la cantata Dom Quichotte de Philippe Courbois, uno de los compositores que más impulso dieron a la cantata profana en la Francia del primer tercio del siglo XVIII. Lacerda encarnó alternativamente a los dos personajes principales de la inmortal obra de Cervantes, que reflexionan sobre el amor, cada uno a su manera, con la figura de Dulcinea de fondo. No escatimó en todo tipo de recursos onomatopéyicos y teatrales para diferenciar los dos caracteres, despertando las risas del público. Hay que decir que el interés por la obra de Cervantes en Francia fue muy temprano, traduciéndose ya la primera parte antes de que apareciera la segunda en España. En el plano musical, múltiples son las obras de compositores franceses basadas en El Quijote en el periodo barroco, entre ellas Les folies de Cardenio de Delalande o esa pequeña obra maestra que es Don Quichotte chez la Duchesse de Boismortier.

El concierto terminó con otro lamento amoroso, esta vez de la ópera Venus y Adonis de Henry Demarets: Funeste et rigoureuse absence. Demarets es el único compositor del programa que estuvo en España, concretamente al servicio de Felipe V en la corte de Madrid durante unos pocos años. Allí fue a parar porque en Francia pesaba sobre él una sentencia de muerte por seducir y fugarse con una alumna perteneciente a una importante familia. De nuevo Lacerda destacó por su sensibilidad y control de sonido, siempre bien acompañado por los miembros del Ludovice Ensemble, a los que hay que felicitar por haber confeccionado un programa coherente, interesante y muy disfrutable.

Imanol Temprano Lecuona