SABADELL / Una ‘Norma’ brillantemente dirigida y con equilibrios vocales

Sabadell. Teatro de la Farándula. 20-II-2026. Carmen Buendía, Marc Sala, Olga Syniakova, Jeroboám Tejera, Laura Obradors, Roberto Redondo-Sáinz. Orquesta Sinfónica del Vallés. Coro de los Amigos de la Ópera de Sabadell. Dirección escénica: Carles Ortiz. Dirección musical: Julio García Vico. Bellini: Norma.
La octava de las diez óperas compuestas por Vincenzo Bellini, Norma (1831), siempre se ha mantenido en el repertorio y ha superado los embates de la producción de Verdi, los veristas, la grand opéra francesa, Wagner, los nacionalismos musicales… aunque cada cierto tiempo Norma se ha cantado según los métodos de canto predominantes en cada época hasta llegar a la bel canto renaissance de mediados de la década de 1950 con la aparición de la Callas que, aun teniendo una voz amplia que la hacía muy apta para el repertorio en boga entonces: Verdi, Wagner y el verismo, gracias a su maestra, Elvira de Hidalgo, entroncó con un estilo de agilidades que pudo hacer justicia a la partitura tal y como la concibió Bellini.
Eso no quita que, antes y después de Callas, toda soprano que haya abordado el rol la haya hecho suya, adaptándola a sus medios, y no solo quien cante Norma, si no a tenor de lo visto en Sabadell, otros protagonistas del drama galorromano.
La función de la Fundación Òpera a Catalunya del pasado viernes 20 contó para el exigente rol protagonista con la jienense Carmen Buendía, una soprano lírica amplia que ha frecuentado roles como Aida o Violetta y que mostró un buen centro, amplio y sonoro, a la vez que un registro agudo suficiente, aunque no pletórico, ya en la cabaletta “Ah, bello a me ritorna” pasó apuros en alguna nota extrema, así como al final del terceto final del primer acto, algo justo. Sin embargo, lejos de esa zona, tanto en“Casta diva” como en sus dos dúos con Adalgisa y el “In mi aman, alfin tu sei” con Pollione, y el emocionante final “Deh, non volerli vittime” exhibió una bella línea de canto, cuadrando muy bien con los otros cantantes participantes. En cuanto a fraseo, lució una notable conexión con las contradicciones del personaje que solo se liberan con la muerte final. Sin ser una belcantista nata, tampoco adoptó el camino verdiano con agilidades las justas. Un sabio enfoque que pivotó una función notable.

El tenor Marc Sala esbozó un Pollione lírico, dados sus medios naturales, para nada un tenor spinto y estentóreo, sino un lírico que supo salir airoso de unos pasajes donde otras voces femeninas y la orquesta hubieran podido taparlo. Conocedor de sus medios, abordó bien su escena, aria y cabaletta, dando con seguridad el pertinente Do4 en “sensi” de la cavatina “Meco l’altar di Venere” y notas cercanas en la cabaletta “Mi protegge, mi diffende” posterior, no repetida. Con excelente presencia actoral, hizo bien creíble el personaje, tanto como soldado, seductor de novicia y hombre que al final de la ópera está a la altura de la mujer que le ama hasta el último sacrificio. Aunque sobre el papel podía haber dudas, en el escenario confirmó su enfoque con plena solvencia para la posterior gira.
Ante dos intérpretes con unas voces cautas en el abordaje de sus personajes, la Adalgisa de la mezzosoprano ucraniana Olga Syniakova, que en la temporada pasada logró una Carmen vocalmente redonda, no se quedó atrás gracias a un instrumento amplio, rico en armónicos, con el volumen y la proyección ideales para la parte, cantada con naturalidad y poderío. Voz mórbida en centro, de fácil ascenso al agudo y con graves suficientes, mostró candor y deseo ante Pollione y empastó modélicamente con Norma en los dos dúos. En el terceto con el que acaba el primer acto marcó el paso a tenor y soprano, con un canto generoso y pletórico.
El bajo tinerfeño Jeroboám Tejera cantó un Oroveso firme, con su voz amplia, con grano y bien timbrada, además de mostrar la autoridad del personaje en su aria “Ah, dal Tebbro” y en otras intervenciones, así como en sus frases al final de la ópera con Norma suplicando por sus hijos.

La Clotilde de la soprano sabadellense Laura Obradors fue cantada con suma corrección en su papel de confidente de Norma y el Flavio del tenor soriano Roberto Redondo Sáinz lució una voz sonora en sus breves frases como centurión y amigo de Pollione.
El coro de los Amigos de la Ópera de Sabadell logró su mejor empaste al reunir a los dos géneros, con buen cuidado de las dinámicas y los volúmenes, aunque el movimiento escénico les hizo actuar con una rutinaria frontalidad.
Al frente de la sinfónica del Vallés en estas funciones de Norma, todo un hallazgo: el gaditano Julio García Vico firmó una sorprendente y agilísima dirección orquestal por sus tiempos rápidos y precisos, perceptibles desde la obertura. Llevó muy bien el pulso dramático de las escenas que así lo demandan y solo se vio algo lastrado por las pausas debidas a los cambios de decorados a telón bajado. De haberse planteado un continuum escénico, la dirección habría sido brillante de principio a fin. Estuvo García Vico en todo momento pendiente de los solistas y el coro, concertó con mano férrea y logró un volumen potente sin tapar a nadie, lo que no siempre es fácil, además de hacer hervir a la orquesta en los momentos álgidos como el terceto conclusivo del primer acto o el coro guerrero y el final de la ópera, con ese punto de emotiva magnificencia del clímax final.
La escenografía de Jordi Galobart y la dirección escénica de Carles Ortiz focalizaron la acción en torno a un tronco de madera funcional como árbol sagrado y hoguera al final, que a la vez cobijaba un supuesto gong en forma de luna, satélite que aparecía inmenso en un fondo a modo de cielo. Un mural con aberturas aludía a la morada de Norma y poca cosa más, pues la acción en la aldea gala se da más en exteriores que eran fácilmente imaginables, con pocos obstáculos para el movimiento del coro. El vestuario tenía toques medievalizantes, muy deudores de la estética de la serie televisiva “Juego de tronos”, con melenas lacias de las mujeres y guerreros con profusión de pieles.
El equilibrio vocal asegurado y asentado desde un inspirado foso hizo que esta Norma sabadellense, que en breve hará gira por diversas localidades catalanas, fuera un buen ejemplo de solvencia en todos los aspectos.
Josep Subirá
(fotos: A. Bofill)


