SABADELL / OPA vocalmente exitosa a Mozart con ‘Le nozze di Figaro’

Sabadell. Teatro La Farándula. 17-X-2025. 38º ciclo Ópera en Cataluña. 43ª temporada Ópera en Sabadell. Milan Perisic, Laura de Río, Guillem Batllori, Violeta Alarcón, Laura Orueta, Assumpta Cumí, Laura Gibert, Arturo Espinosa, Jorge Juan Morata, Roberto Redondo-Sáinz, Víctor de la Fuente. Orquesta Sinfónica del Vallés. Coro AAOS, Director musical: Daniel Gil de Tejada. Director de escena: Miquel Górriz. Mozart: Le nozze di Figaro.
Desplazarse a la ciudad vallesana el día después de la noticia del fracaso de la OPA del BBVA al Banco Sabadell fue constatar no solo el alivio sino también la felicidad que se respiraba en la ciudad que vio nacer a la institución financiera que forma parte de su ADN económico y social desde hace 144 años. Los responsables de la Fundación Òpera a Catalunya (FOC), muy unida por patrocinio a la fundación bancaria gracias a una fructífera relación desde sus inicios, estaban también exultantes.
Dicho júbilo se trasladó a la folle journée, por citar el subtítulo de la obra de Pierre Caron de Beaumarchais, Le marriage de Figaro, estrenada tras muchos problemas con la censura en la Comédie Française en 1784 y transformada en libreto por Lorenzo da Ponte, aun a costa de pulir mucho de la crítica al Antiguo Régimen personificada en Fígaro. Dos de las obras agrupadas en la trilogía Le Roman de la famille Almaviva fueron rápidamente convertidas en óperas, Il barbiere de Siviglia (Paisiello en 1782 y Rossini en 1815) y Le nozze di Figaro (Mozart en 1786), mientras que la tercera y última, L´autre Tartuffe ou la mère coupable, estrenada sin pena ni gloria en 1792 y retocada exitosamente en 1797 para el teatro Feydeau, tuvo que esperar a 1966 para ser musicada por Darius Milhaud. En esta última, la condesa tiene un hijo de Cherubino.
La escenografía de Pau Monterde destacó por su amplia sobriedad, con espacios delimitados por paredes blancas y fondo con arcos en el tercer acto y mínimo mobiliario: una cama en el primer acto, otra cama con dosel en el segundo y una mesa y algunas sillas en el tercero, junto a un columpio que destacaba de un fondo de decoración vegetal y moqueta de césped artificial en la cita nocturna en el jardín del cuarto acto. Tan amplios espacios daban sobre el papel mucho juego a la dirección escénica, a cargo de Miquel Górriz y Jaume Sangrà, que paradójicamente no fue mucho más allá de lo expuesto en el libreto. Hubo demasiado freno de mano en esta comedia de enredos donde hay intrigas domésticas que obligan a saltar a pajes por ventanas o pases de notas cogidas con agujas. Aunque se siga apostando por la comprensión escénica del argumento, apta para todos los públicos en la posterior gira, es necesario para el futuro potenciar más la imaginación para evitar esa sensación de cosa trillada. Más agradecido visualmente fue el vestuario, diseñado por Eva Selma, con toques goyescos en la vestimenta de los criados y más elaborados, en tonos apastelados, de los nobles, que aportaban comodidad y claridad, auspiciada por la correcta iluminación de David Bofarull.

Daniel Gil de Tejada se empleó a fondo en concertar el foso con los solistas, la mayoría debutantes en sus respectivos roles. Tras una obertura algo monótona, se observó una falta de energía y empaque en numerosas escenas, con tiempos muy acelerados en algunas arias, en especial en los dos primeros actos, viéndose afectados Fígaro, Susanna y la Condesa. Algo similar sucedió con los recitativos, muy veloces, aunque los intérpretes ahí demostraron rapidez de reflejos para resultar inteligibles y verosímiles en su actuación. Aunque el resultado final fue más pulcro y calmo tras la pausa, faltaron esos destellos vivaces que Mozart desplegó en la partitura. Con todo, hubo una impecable cuadratura en los monumentales finales de los actos segundo y cuarto.
El conde Almaviva del barítono serbio Milan Perisic fue espléndido gracias a la morbidez de la voz, homogénea arriba y abajo, muy bien proyectada y con un cuidado fraseo, perfecto para poner de manifiesto las dobleces del pérfido noble. Impecable estuvo en su aria “Hai già vinta la causa?…Vedrò mentre io sospiro” o el previo dúo con Susanna “Crudel perchè finora farmi languir così” donde dio toda una lección de seducción en unos apianados “mi mancherai?”. Dominante en los números de conjuntos, en sus careos con la Condesa, Susanna, Fígaro o Cherubino quedó bien expuesta su credibilidad actoral. Excelente evolución la suya desde un meritorio Lescaut en Manon Lescaut de hace dos años o en la reciente Zorrita astuta, de Janacek en el Liceu como cazador furtivo, además de otros compromisos de importancia. Esperamos verlo en roles de mayor enjundia porque tiene mimbres para una carrera internacional.
La condesa de la soprano Laura del Río empezó fría en “Porgi amor”, con emisión algo tensa pero gradualmente fue entrando en el papel y destacó en el dueto “Canzonetta sull´aria” y en “E Susanna non vien?… Dove sono i bei mommenti” con una voz que, a pesar de cierto toque metálico en centro y agudo, mostró un canto legato de gran clase, si bien interpretativamente faltó algo más de implicación, así como de timbre distintivo junto a Susanna.

La madrileña Laura Orueta hizo un Cherubino delicioso por la adecuación interpretativa de ese mozalbete que siente ya las calenturas de la pubertad y estuvo extraordinaria en “Non so più cosa son…” y en “Voi che sapete”, con ese toque andrógino de mezzosoprano lírica que conviene a la parte, además de diferenciarse tímbricamente en sus cuitas con todas las féminas con las que interactuaba.
Dado que es el rol titular, Fígaro tiene que llevarse el gato al agua y el barítono Guillem Batllori lo logró plenamente gracias a su plena seguridad en grave, centro y agudo, una voz fluida, perfectamente dosificada a lo largo de la obra, bien proyectada, de dicción impecable y fraseando con gusto tanto en su vertiente de intrigante criado como de celoso novio. Desde su cavatina “Se vuol ballare” a la irónica “Non più andrai” hasta la más buffa en recursos canoros del cuarto acto, “Aprite, un po’ quelgli occhi” se impuso sin problemas a la velocidad de los tiempos marcados desde el foso. Aunque ya había cantado el Conde en Oviedo, su Fígaro en Sabadell demostró su versatilidad y adecuación al repertorio mozartiano.
Otra de las gratas sorpresas de la noche fue la Susanna de la soprano Violeta Alarcón, que imprimió la necesaria picardía, dulzura y agitación a sus arias e intervenciones con el resto de personajes, gracias a una emisión natural y pulidísima, con pianísimos de gran clase en su aria sobre el columpio “Deh, vieni non tardar”. Violeta Alarcón posee además la capacidad de emocionar con su fraseo, rasgo bastante infrecuente en una intérprete de su edad que además debutaba el rol. Con tempi algo más calmados habría dado más relieve a los recitativos, que en el primer acto fueron algo nerviosos, si bien a partir del segundo ya mostró más confianza en sus posibilidades, lo que es de agradecer pues merece futuros roles de mayor enjundia para destacar sus cualidades.
A la soprano lírico-ligera Laura Gibert el rol de Barbarina se le quedó muy pequeño ya que tiene clase de sobra para papeles mucho más lucidos. Así lo demostró en su brevísima aria “L’ho perduta”, con un carácter más propio de una ópera seria y que anuncia el Rossini serio de soprano más angelical. Con todo, aprovechó sus decisivas frases para poner en un grave aprieto al Conde en el tercer acto y mostró un fraseo de joven muy lista y no de una perticchina pizpireta como la abordan otras.

La Marcellina de la mezzosoprano Assumpta Cumí resultó matronal en su rifirrafe del primer acto con Susanna para luego sacar carácter en el final del segundo acto y una apropiada dulzura en el tercer acto, al descubrirse que es la madre de Fígaro. Una pena que le cortaran su aria del cuarto acto, pues habría podido lucirse. El bajo barítono Arturo Espinosa hizo un Don Bartolo algo grotesco en fraseo, como es debido, y en “La vendetta” hubo ciertos sonidos fijos en el registro inferior que han de pulirse para una emisión más homogénea en una pieza que incide en la zona grave y la vocalización rápida.
El tenor lírico Jorge Juan Morata hizo un Don Basilio de una presencia vocal inusual, pues lejos de quedarse en mero comprimario, dio amplio relieve a sus frases y fue una verdadera lástima que le cortaran también su aria del cuarto acto pues habría dado buena cuenta de sus capacidades para frasear y colorear su canto. El bajo Víctor de la Fuente hizo gala de una voz sonora como Antonio, destacando en sus intervenciones por un notable control de la emisión y proyección y eso que debía cantar bastante encorvado. El tenor Roberto Redondo-Sáinz aprovechó bien sus frases como tartamudo Don Curzio, rol comprimario que no da para más. El coro cumplió en sus intervenciones.
En definitiva, el reparto profesional de la función del viernes mostró una modélica homogeneidad y alto nivel, con apenas lunares, con lo que vocalmente hizo una opa muy exitosa a la partitura mozartiana, aún más meritoria cuando casi todos debutaban en sus respectivos roles, lo que dice mucho y bien de su desempeño canoro y actoral. La presente temporada sabadellense ha tenido pues un buen arranque con una dirección musical que seguro irá puliendo ciertas irregularidades a medida que avancen las funciones.
Josep Subirá
Foto: A. Bofill


