Rentrée news 4: ¿mascarillas musicales?

Rentrée news 4: ¿mascarillas musicales?

Tras el despliegue publicitario en forma de publirreportajes, recogidos por varios medios con tanta presteza como sorprendente entusiasmo, y como tantas veces en este tiempo pandémico, sin filtro crítico alguno, parece oportuno repasar en esta sección la arrolladora irrupción de una empresa que fabrica “productos exclusivos para la nueva normalidad al servicio de los músicos y de la música”, según reza el dossier propagandístico. Repasemos, en primer lugar, hechos y datos.

Hace unos días, algunos medios de comunicación se hicieron eco de un pasacalle celebrado en la localidad valenciana de Potries (aunque hay más, les dejo aquí la noticia que anticipaba el susodicho pasacalle, publicada en La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/politica/20200619/481837834900/potries-celebra-pasacalle-musical-con-distancia-minima-y-nuevas-mascarillas.html), en el que una banda ejecutaba la música con “nuevas mascarillas”. Cuando uno avanzaba en la noticia, se encontraba con este párrafo: “Los músicos de la Banda de Potries mostrarán una mascarilla con corte transversal para músicos de instrumentos de viento y pantallas de protección para percusionistas y su director, elementos que ayudan a garantizar la seguridad de las distancias marcadas”.

Otro párrafo inmediatamente posterior, confirmaba el tono de publirreportaje que se apreciaba en el primero: “Todos los elementos de protección tienen su garantía de calidad y las certificaciones correspondientes gracias a los productos de la empresa valenciana SANIMUSIC, expertos desde hace más de 30 años en desinfectantes y en el ámbito musical”.

Tras la empresa Sanimusic ( https://www.sanimusic.net/ ) está otra, ATQ Quimyser (http://atq.es/ ), cuyo CEO es Pedro Manuel Rodríguez Navarro, que en su perfil de Twitter (https://twitter.com/pedro_rn) se presenta como químico. En la web de Sanimusic encontramos que “SANIMUSIC garantiza que todos los beneficios de esta actividad irán a parar a la FUNDACIÓN PARTITURA Y TERRITORIO que se está constituyendo actualmente y de la que seremos patronos”.

Conseguí, a través de una amiga, el dossier en el que la empresa en cuestión presenta sus productos. Documento extenso, de 44 páginas, cuya portada incluye el eslogan mencionado al principio..

Encontramos primero la “mascarilla higiénica para cantantes” que “… permite la transmisión del sonido a la perfección y previene la trasmisión de contagios gracias a sus capas absorbentes que evitan una filtración bacteriana. Impide que traspasen líquidos y permite aumentar la cercanía en cantantes pertenecientes a coros”. [Nótese que se habla de “filtración bacteriana”. Nada de virus]. Eso sí, “Patentada y certificada en España (cumple con la UNE 0065)”. Esta mascarilla ya se la han vendido al coro de RTVE, que, según parece está tan feliz (https://www.nuestrasbandasdemusica.com/noticias/noticias-nbm/festivales-y-conciertos/14151-el-coro-de-rtve-actuo-en-el-escorial-con-todas-las-garantias-sanitarias-con-las-soluciones-de-sanimusic.html), a juzgar por el titular del nuevo publirreportaje, que habla de “todas las garantías sanitarias gracias a las soluciones de Sanimusic”. [Nótese que lo de “todas las garantías sanitarias” es muy rotundo. No son algunas, ni bastantes, ni muchas. Son “todas”].

Los productos estrella, no obstante, son la mascarilla higiénica específica para músicos de instrumentos de viento, cuya fotografía encabeza este artículo, y su siguiente e inevitable compañera. Atentos al primer párrafo: “Se trata de una Mascarilla multicapa fabricada en nuestro país fruto de la adaptación de nuestra industria a las exigencias de la nueva normalidad. Nuestra colaboración se ha basado en la adaptación necesaria para que proteja al músico mientras interpreta. Esta mascarilla permite la práctica de tocar casi la totalidad de la familia de los instrumentos de viento, según la medida del corte realizado en ella”.

El texto que figura acompañando a la imagen es aún más significativo (los subrayados son míos): “Hemos preparado un corte transversal en la mascarilla para que pueda ser utilizada por los instrumentistas. El corte puede ser mayor o menor según el instrumento que vaya a utilizarse. Como puede entenderse, la protección del músico no es completa, pero la intención es mejorar la protección hasta un límite razonable mientras se interpreta. El uso de esta mascarilla no elimina la necesaria distancia de protección entre músicos, pero minimiza los riesgos, sobre todo, si se utiliza en unión de nuestra mascarilla para instrumentos de viento.”

La culminación llega, en efecto, con esta última: “[hemos] diseñado nuestra mascarilla para instrumentos de viento adaptable a una protección parcial y en bolsas de 10 unidades (1 sola mascarilla, 70% de protección o 3 mascarillas, protección certificada superior al 90%)”.

Según la propaganda, el efecto sobre el sonido es imperceptible por el oído humano.

Más adelante en el dossier hay una “Pantalla para director/a, percusionistas, músicos de cuerda y otros”, que es una “Perfecta protección facial frente a gotas y salpicaduras y amplia libertad de movimientos y campo visual. Se vende desmontada para facilitar la adaptación a cada usuario. Reutilizable si se limpia y desinfecta correctamente con nuestros productos desinfectantes”. [Nota: llamo la atención del lector sobre “si se desinfecta correctamente con nuestros productos desinfectantes”, frase que parece implicar que otros desinfectantes no funcionan].

Se cierra el capítulo de destacables del dossier con los “guantes para pianistas”, pretendidos sobre todo para escuelas de música.

Y ahora vienen las opiniones. Mías, naturalmente, aunque creo que debidamente fundamentadas.

Creo que las mascarillas higiénicas para cantantes proporcionarán una protección bastante limitada (la misma propaganda habla de “protección bacteriana”, de forma que su capacidad de filtración de partículas portadoras de virus parece dudosa), y en todo caso creo que es un error pensar que tales mascarillas permiten acortar la distancia de seguridad entre cantantes, como se dice en el dossier en cuestión y parece haber ocurrido en el coro de RTVE cuya imagen aparece en el susodicho publirreportaje. El CDC recuerda oportunamente que la mascarilla es una medida a utilizar en combinación con, y no en lugar de, la distancia social (https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/prevent-getting-sick/social-distancing.html).

Capítulo aparte merece la mascarilla higiénica con un agujero para la boca para los instrumentistas de viento. El corte en esa mascarilla la convierte, ténganlo claro, en perfectamente inútil. Naturalmente, el dossier reconoce que la protección “no es completa”. Efectivamente, no es que no sea completa. Es que es perfectamente incompleta, inexistente vamos. A los efectos de un virus de transmisión respiratoria, abrir un orificio en una mascarilla para la boca es convertirla en algo por completo inútil. Francamente, no sé qué clase de riesgos “minimiza” su uso. Desde luego no el de la transmisión del virus.

La combinación con el siguiente producto estrella, la mascarilla higiénica específica para los instrumentos de viento, es sin duda una genialidad de charlatanería comercial, y, además de las dudas que pueda haber sobre la protección frente a la transmisión del SARS-Cov-2, tengo muy serias dudas de que, si se pone por partida triple, como sugieren, no altere el sonido, sin contar con que, en el caso de algunos instrumentos de viento, no evitan la salida de aire por otros orificios (las llaves abiertas, por ejemplo).

Las pantallas para director, “algunos” músicos de cuerda y percusionistas que previenen de las gotas y salpicaduras no dejan de ser casi un chascarrillo, sobre todo si tenemos en cuenta que los aerosoles pueden escapar por la parte inferior de la pantalla. Y sin duda es memorable comprobar que son reutilizables si se desinfectan correctamente con “sus” productos desinfectantes. Con los de otros, no. Solo con los suyos.

Y, en fin, los guantes, para pianistas y para todo lo demás, son perfectamente desaconsejables porque proporcionan una falsa sensación de seguridad. Por esa razón, los guantes han sido manifiestamente desaconsejados por el centro europeo de control de enfermedades, para todos los contextos que no sean el sanitario, como puede leerse aquí https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/infographic-use-gloves-healthcare-and-non-healthcare-settings-context-covid-19. Si llevo guantes, me toco la cara y luego el piano ya he llevado el virus al teclado, desde donde el alumno puede tomarlo haciendo eso mismo al revés.

En fin, mientras algunos siguen empeñados en creer que la pandemia “ha pasado” o que las medidas de protección son una estupidez, conviene recordar que el famoso tema de la transmisión por aerosoles, hasta ahora desdeñado por muchos, y defendido por el firmante hace bastante tiempo en más de un artículo, cada vez va tomando más cuerpo. La carta de 239 científicos a la OMS reclamando que se tenga en cuenta esta vía de contagio y se tomen medidas, sobre todo en lugares cerrados, con ventilación pobre, cantidad considerable de personas y largos tiempos de exposición, firmada en primer término por la profesora Lidia Morawska (cuyos trabajos al respecto llevo citando semanas), puede leerse aquí: https://academic.oup.com/cid/article/doi/10.1093/cid/ciaa939/5867798. Es una lectura instructiva, créanme.

Y por cierto, entre las referencias citadas por Morawska está el artículo (https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.06.15.20132027v2.full.pdf) en el que se describe el caso de contagio masivo en un coro norteamericano tras la presencia, en un ensayo rutinario, de un único paciente infectado, con el resultado de 53 contagiados de los 61 cantantes que asistieron. Dos de los contagiados fallecieron.

Así que, como dirían los ingleses, “food for thought”. Que cada uno saque sus conclusiones.