RASCAFRÍA / El caos estructurado

RASCAFRÍA / El caos estructurado

Rascafría. Monasterio de Santa María de El Paular. 22-IX-2019. Euskal Barrokensemble. Director: Enrike Solinís. Obras de Attaignant, Milán, Neudsidler, Johnson, Dowland, Cantemir, Vivaldi, Haydn y anónimas.

Pruebe a meter en un programa obras del Renacimiento, del Barroco y del Clasicismo… Procure que unas provengan de la Europa occidental y otras, del cercano Oriente… Y que unas sean para varios instrumentos y el resto, para un único instrumento… De ahí no puede salir nada medianamente coherente. Salvo que caiga en manos de un genio. Enrike Solinís lo es y por eso estas propuestas suyas, que a priori parecen abocadas al caos, están cargadas de congruencia musical. Él es consciente de lo mucho que se aparta a veces de la ortodoxia y, cuando intenta explicar al público lo que va a escuchar, no duda en emplear términos como “recreaciones”, “improvisaciones”, “aberraciones” y hasta “paranoias”.

Pues sí, todo de esto hay en conciertos como el que ayer ofreció Euskal Barrokensemble en el Monasterio de Santa María de El Paular. Recreaciones, porque hay que echarle mucha imaginación para hacerse una idea de cómo pudieron sonar en su momento estas piezas. Improvisación, porque Solinís y sus colaboradores son grandes improvisadores (no en balde, alguno, como Pablo Martín Caminero, alterna la música clásica con el jazz y hasta con el flamenco; o, incluso, con la batería rockera, como es el caso de Daniel Garay), y la improvisación, en la actualidad, es algo que está solo reservado a grandes intérpretes. Aberración, porque aberrante, en su literalidad, es lo que se aparta de lo que es normal o usual, y algunos de los proyectos de Solinís son realmente inclasificables. Y paranoia, pues tal vez también haya algo de eso, sí, porque como a este bilbaíno se le meta algo entre ceja y ceja… tira con ello contra viento y marea.

El hilo conductor de “Tendrement”, la última propuesta de Solinís es el laúd. Pero el laúd genérico, porque el laúd tuvo —y sigue teniendo— infinidad de formas, tamaños y caracteres. Pocas cosas han unido tanto a Oriente y a Occidente —casi siempre en permanente conflicto a lo largo de los siglos— como el laúd: nació en Oriente, pero fue adoptado con entusiasmo en Occidente, hasta tal punto que es difícil concebir la música europea de cuatro siglos (del XV al XVIII) sin este instrumento. Pero, claro, tocar un latva turco (similar al oud árabe, pero de tamaño más reducido), pasar a tocar acto seguido un archilaúd barroco italiano y que todo suene natural tiene realmente su miga. Y que suene una pavana de Luis de Milán, que luego venga un divertimento de Haydn y que el salto cronológico no resulte inconexo pues es, igualmente, algo que no está al alcance de todos.

Solinís (latva, laúd renacentista y archilaúd barroco) y sus colaboradores (Miren Zeberio, violín barroco y rabel renacentista; Vicente Parrilla, flautas de pico renacentistas y barrocas; Alejandro Saúl Martínez, violonchelo; Pablo Martín Caminero, contrabajo y Daniel Garay, percusión) fueron saltando de Oriente (piezas anónimas como Bestenigar o Markam Huseyni y el Buselik Asirani del príncipe Dimitrie Cantemir, que hizo el trayecto inverso al laúd: de su Moravia natal pasó a Turquía, previa estancia —larga— en Rusia) a Occidente (Milán, Neusidler, Johnson, Dowland, Vivaldi y Haydn), del Renacimiento al Barroco, del Barroco al Clasicismo… Y porque no había tiempo para más, porque, de lo contrario, Solinís habría sido capaz de meter ahí una guitarra eléctrica, que alguna vez lo ha hecho, sin que a nadie le haya parecido extravagante.

Como pistoletazo de salida a la segunda temporada del Ciclo Música en El Paular – Silencios, lo escuchado en el monasterio de la sierra norte madrileña no pudo ser más fascinante. Acompañaba todo para ello: un día primaveral (el campo en toda esa zona ha reverdecido milagrosamente con las lluvias de los últimos días), una luz cerúlea —como la que solo se puede dar en la sierra del Guadarrama— filtrándose por los lucernarios de la capilla mayor y una música realmente extraordinaria. ¡Hay que ver cómo sonó la Casación en Do mayor Hob.III 6 en manos de esta gente!