RASCAFRÍA / El arreglador arreglado

RASCAFRÍA / El arreglador arreglado

Rascafría. Monasterio de Santa María de El Paular. 15-XII-2019. Accademia del Piacere. Director y viola da gamba: Fahmi Alqhai. Obras de Marais, Dieupart, F. Couperin y J.S. Bach.

Johann Sebastian Bach no fue un gran viajero. Todo lo contrario. El único viaje largo que se le conoce es el que hizo de Arnstadt hasta Lübeck (470 kilómetros de distancia) en 1705 para conocer de primera mano la música de Dieterich Buxtehude. Sin embargo, Bach estuvo ya desde temprana edad al corriente de todo lo que se cocía en aquella Europa. Lo prueba la gran colección de partituras que logró atesorar, en la cual proliferaban obras de compositores franceses e italianos. Por eso dominaba a la perfección ambos estilos —tan extraordinariamente antagónicos—, lo que le llevó a desarrollar una personalidad musical única.  Para esa asimilación estilística, no dudó en recurrir al plagio, es decir, a arreglar, transcribir o, simplemente, tomar prestadas ideas de otros autores, como Vivaldi, Albinoni, Torelli o los hermanos Marcello.

En 1735, Bach publica su Clavier-Übung II, en el cual incluye dos obras para clave de dos manuales con las que pretende dejar de manifiesto la diferencia entre el gusto italiano y el francés: el Concerto nach Italianischen Gusto BWV 971 y la Ouvertüre nach Französischer Art BWV 831. El formato de esta segunda obra hace referencia a autores franceses como Marin Marais, François Couperin o Charles Dieupart (aunque este pasase buena parte de su vida trabajando en Inglaterra), los cuales habían publicado piezas en forma de suites, bien para instrumentos solistas (viola da gamba y clave, principalmente), bien para formación orquestal.

En su más reciente programa, el violagambista sevillano Fahmi Alqhai incluye suites de los tres compositores franceses arriba mencionados (la Suite en Re menor del Premier livre de pièces à a une et à deux violes de Marais, la Suite en Mi menor nº 4 de Six suittes de clavessin, mises en concert de Dieupart y la Sonata de la Suite L’Imperiale de Couperin, reunida esta, junto a otras tres, en una colección intitulada Les Nations). Pero también incluye la Obertura francesa BWV 831 de Bach, no en su forma original, sino en un arreglo realizado por él mismo. Es decir, Alqhai hace ahora con Bach lo mismo que Bach hizo en su día con Vivaldi, Albinoni o Torelli: arreglar su música.

El arreglo es para interpretar esta obertura o suite con tres violas da gamba, tiorba y clave. No es la primera vez que Alqhai arregla la música de Bach: su versión para viola da gamba de la Ciaccona de la Partita para violín solo nº 2 BWV 1004 fue ciclópeo. Lo es este también, y con resultados igual de sobresalientes. Cada decisión es concienzuda y rigurosa, nada queda en manos del capricho. Alqhai distribuye las distintas voces entre los instrumentos del grupo, de tal forma que unas veces suenan todos, otras veces lo hacen dos o tres y, en ocasiones, la tiorba o el clave suenan en solitario.

A Alqhai lo acompañaron este concierto que tuvo como escenario la impresionante capilla del Monasterio de Santa María de El Paular las violas da gamba de Rami Alqhai y de Johanna Rose, así como el clave de Javier Núñez y la tiorba y la guitarra de Carles Blanch. Los tres primeros, colaboradores de toda la vida; el último, debutante con la Accademia del Piacere (se trata de un joven discípulo de Xavier Díaz Latorre, que viene a enriquecer aún más el feraz panorama de la cuerda pulsada en nuestro país). Quizá no fue una actuación tan redonda como las que nos tiene acostumbrados esta formación sevillana (la acústica de la capilla es muy apropiada para instrumentos musicales agudos, pero no tanto para los graves), pero pudimos disfrutar de una música realmente bella, en especial de esa Obertura francesa ahora arreglada por Alqhai, mastodóntica en todos sus aspectos, incluido el de la duración (por encima de la media hora).