Rarezas de Horenstein

Rarezas de Horenstein

Jascha Horenstein. Reference recordings. Bartok, Beethoven, Brahms, Bruch, Bruckner, Hindemith, Janacek, Liszt, Mahler, Ravel, Schoenberg, Strauss, Stravinsky, Wagner. Bamberger Symphoniker, Pro Musica Wien, London Symphony Orchestra. Profil/Hänsler. 10 CD.

Aunque no todos los discos son sobresalientes, bastantes lo son y el único que falta es Nielsen, compositor del que Horenstein fue paladín y cuyas grabaciones siguen siendo canónicas. Junto con Nielsen, el director ucraniano fue notorio por sus versiones de Mahler y Bruckner. Vienen aquí tres grabaciones del primero, todas buenas, sobre todo la Primera, de 1953, con la orquesta vienesa “Pro Música”. En aquel momento poca gente conocía esa Primera, pero Horenstein la había dirigido ya en 1922 cuando nadie la había oído y él la eligió para su primer concierto, a los 24 años. En 1953 sigue siendo asombroso lo que consigue transmitir con una toma de sonido convincente. Viene también, en la caja, una Tercera de 1961 y los Kindertotenlieder que están reseñados en el libreto como “primera grabación (1928)”. Me parece imposible. Ha de ser 1958, aunque entonces, ¿primera grabación? El barítono, Heinrich Rehkemper, ya ha sido olvidado, pero es de una expresividad emocionante.

También figura Bruckner con una Octava correcta, pero es muy superior el inesperado y soberbio Segundo Concierto para violín de Bartók grabado en 1955 con el violinista israelí Ivry Gitlis, un virtuoso excepcional que sigue vivo y casi centenario. Muy buena también la sinfonía Faust de Liszt (1956) con la orquesta y coros de la Südwestfunk de Baden-Baden. Tormentoso, violento y agresivo el primer capítulo, seguido por una delicada Gretchen y concluido con un potente finale.

Pero si hablamos de violencia, nada como la Tercera de Beethoven con la Pro Musica de Viena (1955). La percusión es tan brutal que puede tratarse de un error de la toma, aunque lo dudo porque la masterización es muy buena. Lo mismo sucede en el Primer Concierto para piano de Brahms con un Arrau desolado, arrebatado, soberbio. La grabación, de 1962, es buena, pero la orquesta de la televisión francesa no es la más adecuada.

Hay más joyas en este estuche de Hänssler, como dos Schoenberg de 1956 o un Max Bruch con la London SO de 1962, pero aquí se nos acaba el espacio.