“Rappresentatione di anima et di corpo” de Cavalieri

CAVALIERI:
Rappresentatione di anima et di corpo. Georg Nigl, Cyril Auvity, Anett Fritsch, Danel Schmutzhard, Florian Boesch, Margherita Maria Sala, Matus Simko, Carlo Vistoli, Giuseppina Bridelli. Arnold Schoenberg Choir, Il Giardino Armonico. Director musical: Giovanni Antonini. Director de escena: Robert Carsen. Coreografía: Lorena Bandi. Theater an der Wien, 2021. NAXOS (1 DVD)
1600. Estreno de Rappresentazione di anima e di corpo, Roma, Oratorio de la Vallicella, libreto de Agostino Manni. La presentación como personajes del Alma, el Intelecto, el Placer, etc., es propio de la conciencia teatral, tanto sacra como profana, de finales del XVI y buena parte del XVII. Recordemos los prólogos de obras tan distantes como las dos últimas óperas atribuidas a Monteverdi. Recordemos los autos sacramentales, sobre todo los más de cien de Calderón de la Barca.
No se ha perdido del todo esta tradición de conceptos personificados dramáticamente, solo han mutado: ¿no tiene mucho de auto sacramental la doble obra de Tony Kushner Angeles en América? Britten compuso sus propias mistery plays. Hay teatralidad en esta obra, contemporánea de L’Euridice de Peri, y sin embargo es difícil considerarla una ópera. No es solo oratorio, porque tiene vocación de escena costumée, y sin embargo es un buen antecedente de la monodia, y la verdad es que este recitativo cantabile nos recuerda los muchos Monteverdi que hemos visto y oído.
Lo esencial de la obra se resume en la dramática vacilación del Cuerpo en la escena IV del acto I: Ahi! Chi mi dà consiglio? / A qual di due m’appiglio? / L’anima mi conforta / Il senso mi trasporta. / La carne mia mi tenta, / l’eterno mi spaventa: / misero che far deggio? / Attaccarommi al peggio? / No, no che non è giusto / per un fallace gusto, / per breve piacer mio, / perder ‘l ciel, la vita eterna, e Dio. Hamlet dirá algo semejante en su monólogo, que no es tanto existencial como religioso: el temor al juicio, al castigo en la vida eterna es lo que me impide acaso darme muerte.
Cavalieri conocía bien el cometido de director de escena y de compositor para los jesuitas (que usaban el teatro como lección de luz frente a la tiniebla, por decirlo así). Y el conflicto que plantea es entre lo terrenal y lo trascendente, dentro de una confesionalidad romana. El placer y sus compinches tienen espacio en esta representación, multiplican sus disfraces y tentaciones; y el entrevero del conflicto permite que Carsen logre una de sus puestas en escena más importantes; lo que es mucho decir, al ser uno de los registas auténticos, no proclives al capricho o la arbitrariedad. Cambia el prólogo, que es suyo; suprime el epílogo del Tiempo.
Pero, ¿cómo poner en escena una obra de tesis, un auto cuyo sentido se ha perdido en un mundo laico y glotón de placeres, acaso temeroso del fin del mundo, y arrepentido no de pecar, sino de no pecar lo suficiente? ¿Cómo encarar las escenas de admonición ante las penas infernales, las almas condenadas? ¿Cómo poner en escena un drama que es en realidad secuencia de ejercicios espirituales? Carsen lo resuelve con una troupe de gentes de hoy, en su mayoría jóvenes; sus cantos y danzas dibujan una trascendencia que no refuta el original, sino que lo replantean como un conflicto de nuestro tiempo, precisamente ante lo inane del apego ciego y ansioso a lo terreno, cuando acaso lo terreno se juega su futuro.
La sonoridad, el color de Il Giardino Armonico dirigido por Giovanni Antonini (sinfonías, ritornelli, danzas, acompañamientos) son de una belleza que nos conmueve. En esta orquestación resuena el muy medido esplendor del primer barroco, justo en el inicio del XVII; y voces y actuación se complementan, no chirría nunca la convivencia de jóvenes (casi todos lo son) que cantan y bailan con la historicidad de esta música. Magnifica Anett Fritsch en el Alma; como Daniel Schmutzhard en el Cuerpo o Cyril Auvity en el Intelecto; y todo el reparto, sin que quepa hacer excepciones; más un cuerpo de baile integrado en esa especie de comuna o congregación de amigos. Una de las propuestas escénicas y musicales más relevantes de los últimos tiempos.
Santiago Martín Bermúdez


