POTSDAM / ‘Zanaida’, de Johann Christian Bach, en la Ópera de Invierno

Potsdam. 7.III.2026. Miriam Kutrowatz, Anna-Lena Elbert, Elmar Hauser, Philipp Mathman, Matthias Lika, Pia Davila, Sarah Gilford, Florian Sievers, Laila Salome Fischer. Dirección musical: Johanna Soller. Dirección escénica: Rahel Thiel. Johann Christian Bach: Zanaida
Desde su fundación en 2005, la Winteroper de Potsdam ofrece cada año una rareza del Barroco tardío o del Clasicismo temprano. En esta ocasión ha sido Zanaida de Johann Christian Bach, una ópera estrenada en 1763 en el King’s Theatre de Londres, cuyo autógrafo se creyó perdido durante muchos años, hasta que en 2010 se encontró en la colección de un musicólogo neoyorquino.
El libretista Giovanni Gualberto Bottarelli se basó en el primer libreto operístico del célebre Metastasio, Siface, re di Numidia, y creó a partir de él una trama apasionante. Zanaida, la hija del emperador turco, está prometida en matrimonio al rey persa Tamasse, quien, sin embargo, ama a Osira, la hija del enviado turco Mustafa. A esta, a su vez, la corteja el príncipe Cisseo, pero es la princesa persa Silvera quien suspira por él. Se urde una intriga para condenar a muerte a Zanaida, un complot apoyado traicioneramente por Roselane, la madre de Tamasse.
En el marco de la Friedenskirche, la directora de escena Rahel Thiel plantea la obra no como un drama político contemporáneo, ni tampoco como una trama orientalizante, sino que decide centrarse en la compleja red de relaciones entre los personajes. La escenografía de Judith Philipp sitúa en la nave longitudinal de la iglesia, cuyas columnas dóricas ofrecen un imponente telón de fondo, varias plataformas con réplicas de fragmentos de las mismas. También sirven como asientos, si bien los actores/cantantes no paran de llevárselas de un lado a otro. Por su parte, los trajes metálicos plateados incorporan elementos de la ciencia ficción. Solo las dos rivales, Zanaida y Osira, llevan vestidos femeninos de telas vaporosas en verde lima y turquesa.

De forma un tanto chocante, la directora presenta a Zanaida como una mujer rubia y ciega, una especie de pariente lejana de Undine. Su refugio y morada es un árbol situado a la derecha, cuyas hojas caídas ella vuelve a colocar una y otra vez en las ramas. La regista también propone su propia solución para el final: Zanaida abandona la escena en lugar de acudir en ayuda de su marido Tamasse, acosado por los secuaces turcos Mustafa y Gianguir.
La soprano Miriam Kutrowatz interpretó el papel protagonista con una una voz clara y de gran expresividad. Este exigente papel, repleto de momentos de fuerte emoción y cantos lastimeros, parece anticipar a la Constanze del mozartiano Rapto en el serrallo. Su interpretación del aria de la tórtola abandonada, a la que adornó de vivaces coloraturas, resultó especialmente delicada, si bien el momento culminante fue sin discusión su aria de despedida, que tradujo con enorme brillantez y un conmovedor sentimiento.
No todos los cantantes estuvieron al mismo nivel. En el rol de Osira, la voz de la también soprano Anna-Lena Elbert sonó algo rígida y estridente en la zona aguda. En el mismo registro, Pia Davila, ofreció un imponente contraste en el papel de Roselane, la intrigante madre del rey, con emisión firme y expresión burlona.

Dos contratenores compitieron por ganarse el favor del público: Elmar Hauser como Tamasse, vestido de lurex dorado, con una voz cálida, llena de carácter, rica en matices y redondeada hasta en el registro agudo; y Philipp Mathman como Cisseo, de voz potente y resonante, aunque no tan personal. La victoria se la llevó el primero, sobre todo gracias a su aria del timonel («Se spiegò ler prime vele»), que interpretó con gran sentido del color y poderosos ataques, y a la delicada y encantadora «Pupille amabili» en el tercer acto.
El barítono Matthias Lika interpretó un Mustafa de voz cálida pero enérgica, abordando sus agresivos solos con vehemente furor. La soprano de agilidad Sarah Gilford tradujo con extrema brillantez y gran temperamento el pequeño papel de Silvera. El elenco lo completaron de manera impecable el tenor Florian Sievers, que demostró un gran dominio del estilo, como Gianguir, y la mezzo Laila Salome Fischer, como la alegre Aglatida.
Al frente de la Kammerakademie Potsdam se encontraba Johanna Soller, gran especialista en la interpretación con criterios historicistas, quien logró un equilibrio perfecto entre los pasajes animados y los episodios más intimistas, además de ofrecer un apoyo muy sensible y atento a los cantantes. Tras el éxito de Alessandro nell´Indie en el Schlosstheater del Neues Palais en 2000, esta representación de Zanaida ha sido una nueva prueba de la gran calidad musical de Johann Christian, el ‘Bach inglés’.
Bernd Hoppe


