POTSDAM / ‘Adriano in Siria’ de Graun; el emperador sobre la maleta

Potsdam. Musikfestspiele Potsdam Sanssouci. 13-VI-2024. Valer Sabadus, Roberta Mameli, Bruno de Sá, David Tricou, Keri Fuge, Federico Fiorio. Dirección musical: Dorothee Oberlinger. Dirección escénica: Deda Cristina Colonna. C. H. Graun, Adriano in Siria
Desde hace años, el Festival de Música Potsdam Sanssouci destaca por la originalidad de su programación. Este año el tema general quedaba subsumido bajo el lema Danza, lo que auguraba una buena gran cantidad de atractivas propuestas. En el escenario del Nuevo Palacio de Postdam se representó la ópera Adriano in Siria de Graun, estrenada en la Königlichen Oper de Berlín en 1746 y no representada desde entonces. El género de la ópera-ballet, célebre en Francia durante el siglo XVIII, también gozó de gran popularidad en Prusia. En 1744, Federico II contrató una compañía de danza para la corte de Potsdam, encabezada por la sensacional bailarina italiana Barbara Campanini “La Barberina”, quien, como es lógico, participó en el estreno de Adriano.
La legendaria artista también encontró su lugar en la reciente producción de Deda Cristina Colonna. Como fondo para la historia de Adriano –que tras derrotar al rey sirio Osroa, secuestra a su hija Emirena–, la directora de escena dispuso un alto muro decorado con obras de arte y detalles del interior del palacio y sus jardines. No obstante, resultaban innecesarias las numerosas persianas instaladas en el escenario, accionadas por los intérpretes constantemente y sin motivo aparente. El vestuario, de estética historicista, es atractivo y lujoso, mientras que algunos añadidos más actuales, como una maleta que el emperador usa como podio, un carrito de la compra y una bicicleta, resultan prescindibles. Para las apariciones de La Barberina al final de cada acto, Graun preparó unos divertimentos. Como alternativa para la presente producción, el italiano Massimiliano Toni ha compuesto, por encargo del festival, la Suite Barberina, tres intermezzi interpretados con gracia y misterio por la especialista en danza barroca Valerie Lauer. Su traje oriental y su rostro dorado traslucen un encanto extranjero, a juego con la música y sus exóticos instrumentos: clavicterio, instrumentos de percusión mediterráneos y la flauta que toca la propia Dorothee Oberlinger. Con su Ensemble 1700, la directora construyó una introducción animada, rítmicamente concisa y con gran riqueza de color a lo largo de la tripartita obertura. La música es alegre y galante, a menudo también elegíaca y melancólica. Oberlinger enfatiza eficazmente todos los afectos, colocados con precisión y acentuados con fuerza.

El selecto conjunto de solistas dominó la exigente partitura de manera asombrosa, encabezados por Valer Sabadus en el papel principal. La voz del contratenor sonó equilibrada y resonante, sin asperezas en el registro agudo, y con mucha presencia en el grave, como demostró en la apasionada aria Wenn ein wilder Löwe, del segundo acto. La elaboración emocional de sus solos también fue impresionante, aunque su interpretación siempre se mantiene un tanto contenida. La actuación de Bruno de Sá como el príncipe parto Farnaspe, resultó espectacular. El sopranista demostró un abrumador y estupendo dominio del registro agudo más extremo, y su exhibición de una virtuosa e impecable ornamentación resultó casi milagrosa, rebosante de coloratura, trinos y florituras. En el papel de su prometida Emirena, pudimos escuchar a Roberta Mameli. La soprano italiana es invitada habitualmente a Potsdam, y siempre garantiza una interpretación de alto nivel. Además de su singular voz, su intensa actuación y su expresividad gestual resultan dignos de elogio. Después del aria Als verlassene Gefangene, vigorosa y resolutiva, Mameli y De Sá ofrecieron el sobrecogedor dúo Meine Seele soll übergehen. El tiempo pareció detenerse frente a las dos voces de soprano entrelazadas en un armonioso unísono, renunciando a su individualidad en favor de una maravillosa simbiosis. La soprano Keri Fuge como Sabina, la prometida del emperador Adriano –que intuye cierta rivalidad en su afinidad con Emirena–, también realizó una excelente interpretación. La rica y técnicamente brillante voz de la cantante británica estuvo a la altura de la de Mameli, e impresionó por su comprometida interpretación. El haute-contre francés David Tricou, en el papel del derrotado rey parto Osroa, también destacó en el reparto. Con su aspecto noble y su actitud regia, llamó la atención en cada una de sus apariciones. Su canto fue potente y furioso, de expresión intrépida y porte digno. El joven sopranista italiano Federico Fiorio completó el reparto como Aquilio, ayudante de Adriano, con una voz juvenil, bufonesca y ligera. Interpretó las arias Ein alter Krieger y Der vorsichtige Schnitt des Winzers con encanto y gran pasión. A modo de conclusión, todos los intérpretes se juntaron sobre el escenario para el jubiloso coro final Möge dein Name, großer Kaiser, y una alegre danza, ya que Adriano había concedido la libertad a Osroa y devuelto a Farnaspe, su Emirena. Tras este lieto fine, el entusiasmo perduró en la sala.
Bernd Hoppe


