Porfiando hacia la estupidez oficial

Porfiando hacia la estupidez oficial

Va a hacer ahora un año que escribí una bitácora para SCHERZO titulada “Camino de la estupidez oficial”, en la que, antes de relatar otro episodio de la susodicha estupidez, hacía alusión a una magistral escena de la película El discurso del rey, en la que el terapeuta Lionel Logue sentenciaba, tras una discusión con su británica majestad sobre los (según los médicos del monarca) pretendidos beneficios del tabaco, que, por muy Sirs que fueran los médicos en cuestión, lo que decían era una tontería, y por tanto, cabía considerarles ‘oficialmente tontos’.

Mucho ha llovido desde entonces. No, de agua más bien poco. Pero de estupidez hemos tenido auténticos chaparrones. Ahora que se lleva tanto el término, digamos que una DANA continua de estupidez, aunque uno prefiera el término tan clásico de ‘temporal’. No necesito recordarles las recientes tonterías con que ha sido torturado el pobre Beethoven, ni otras lindezas ocurridas en el periodo. Pero el temporal de idioteces, digo, la DANA, continúa. Pero una advertencia previa: tengan a mano el frasco de sales, que luego se me privan y se pone la cosa cruda.

Leo hoy en el blog de Norman Lebrecht una noticia que he leído hasta tres veces para asegurarme de que era cierta (ya me pasó con la de Beethoven, así que me voy a tener que acostumbrar a leer las cosas por triplicado, como los informes del ejército romano, según relataba Astérix; lo que se dice una pesadez, oiga). He aquí el enlace a la noticia en cuestión (en francés).

El resumen: el próximo 11 de julio se va a celebrar un concierto en el Santuario de Lourdes, con participación prevista, voluntaria, de alumnos de colegios públicos y privados. El concierto contará con la dirección, nada menos, que de Riccardo Muti. Puedo imaginar muy bien la ilusión de muchos colegiales por participar en tal evento, y más aún porque la obra que se interpretará por estos colegiales será nada menos que el bellísimo Ave Verum Corpus de Mozart.

Como la sociedad occidental está porfiando con tenaz insistencia en la consumación de la estupidez oficial, esta no podía faltar a tan señalado evento. Y en efecto, ha hecho acto de presencia. Y con distinción. Dos sindicatos de profesores han elevado una protesta al Ministerio de Educación francés porque consideran que el concierto en cuestión, y sobre todo la obra elegida, constituyen “un atentado a la laicidad oficial” de la República, y que no se debería estimular a los estudiantes para que participen en el evento.

Al margen de creencias religiosas… ¿se puede ser más idiota y corto de miras culturales? ¿Vamos a vetar ahora la música religiosa de Mozart y —líbranos, señor— de otros autores porque atenta contra la laicidad? ¿Prohibiremos, como ya se hizo a principios del siglo XX, la Salomé de Strauss por un intolerable atentado contra la fe y por sus alusiones sexuales y hasta necrofílicas? ¿Censuraremos tal vez el texto profano de Carmina Burana por ir contra las buenas costumbres?

En una palabra, ¿habrá un límite para la gilipollez oficial o vamos a batir el récord todos los días? No contesten, es una pregunta retórica. Y me temo que vamos por una autopista camino de la segunda alternativa. Sin límite de velocidad.

Rafael Ortega Basagoiti