Por qué SCHERZO no va a publicar la programación del Teatro Real

Para los peor intencionados, la pregunta que da título a este editorial tendría una fácil respuesta: porque no ha tenido acceso a ella. Incluso cabría posiblemente otra: porque se le han adelantado otros. Pues bien, permítannos decir que ni una ni otra son la causa de que no vayamos a publicar anticipadamente esa programación 2026-2027 del Teatro Real como han hecho dos de nuestros, valga decir, colegas.
Empecemos por la mecánica. Codalario utiliza el muy dudoso término de exclusiva para catalogar lo que no parece ser sino, lisa y llanamente, un robo de información reservada (en periodismo, una exclusiva se concede, no se hurta). Cualquiera con algo de formación en informática sabe cómo acceder a una noticia preparada para su posterior publicación en una web determinada, en este caso la del Teatro Real que es quien deberá investigar su brecha de seguridad.
Sigamos por el oportunismo de segundo plato de Beckmesser.com, que se hace eco en un artículo firmado por su fundador de la información hurtada por Codalario sin citar para nada su origen, aunque aprovechándose de ella. Trata de sortear esa presunta exclusividad con algún leve comentario y, al principio y al final, una loa al Real da la sensación de querer ser el pago para hacerse perdonar su presunta travesura.
Cada medio es muy libre de anticipar aquellas noticias cuyo contenido ha averiguado en el legítimo uso de sus facultades investigadoras, por chuscas que estas sean. Incluso de servirse del trabajo de los demás sin ni siquiera citar las fuentes —¿o se trata de una fuente común? Si atendiéramos a la verdadera importancia, por así decir, funcional, de un hecho tan irrelevante para el común de los mortales como la programación de un teatro de ópera podríamos callar y considerar por nuestra parte que, al fin y al cabo, la profesionalidad no la ejerce quien quiere, sino quien puede. Pero sabemos también que los medios dedicados a la música clásica vivimos en un ecosistema razonable a veces y manifiestamente injusto otras: en este último caso cuando asoman los peligros que acechan a la libre competencia.
El mantenimiento de ese ecosistema pasa porque se asuman unas reglas elementales no por no escritas menos vinculantes. Por eso no hemos publicado ni vamos a publicar la programación del Teatro Real hasta que no se produzca su presentación oficial, el próximo día 21. Por respeto al Teatro Real, por respeto a nosotros mismos —que sabemos que una revista no es un juguete— y por respeto a nuestros lectores, que no esperan de nosotros ninguna clase de filibusterismo informativo, y a quienes, como aficionados o aficionadas sensatos, no les importa esperar unos días y que su medio preferido muestre la madurez informativa y el peso que se supone en el citado ecosistema, y que puede incluir, por supuesto, críticas -a veces duras- al Teatro Real a lo largo de los treinta años de su moderna actividad. Podríamos perfectamente haber reproducido tal cual esa misma programación, comentarla y hasta valorarla, y nada ni nadie nos podría acusar de burlar exclusiva alguna. Pero comprenderán nuestros lectores que, haciéndolo, romperíamos con ese estilo del que no todos pueden presumir, y que cualquier estudiante de periodismo aprende en una asignatura llamada deontología profesional.
Dentro de la común lealtad que en cuestiones como esta nos debemos los medios que competimos —es un decir— en el mercado —es otro decir— de la información y la crítica musicales, las actitudes de Codalario y Beckmesser.com hablan por sí solas. Les parecerá puro periodismo agresivo adelantarse a los demás, pero definir como exclusiva lo que a todas luces no lo es o reproducir, con esa tendencia al recuelo de los agregadores de noticias, una información sin citar las fuentes es, simplemente, burlarse de esa noble profesión llamada periodismo o, simple y llanamente, ser deshonestos.


