BARCELONA / Brillante rutina y pocas sorpresas en el recital de Pretty Yende y Xabier Anduaga en el Liceu

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 19-IV-2026. Pretty Yende, soprano. Xabier Anduaga, tenor. Vanessa García Diepa, piano. Arias y dúos de ópera de Donizetti, Massenet, Gounod, Verdi, Léhar, Puccini y Strauss.
La muy publicitada “Gala lírica” no era tal, pues dos cantantes acompañados al piano no son otra cosa que un recital. Si se pone una orquesta y un carrusel de cantantes, más de dos generalmente, ya vamos más encaminados en lo que a “gala” se refiere, siendo de por sí un concierto. No está de más llamar las cosas por su nombre, todo es más honesto y no se genera una expectativa que da poco de sí.
Curiosamente la soprano sudafricana Pretty Yende debía actuar la temporada pasada del Liceu junto a Nadine Sierra con orquesta, pero por enfermedad canceló y en su lugar tuvimos en abril de 2025 un estelar paseo triunfal y memorable de Sierra con Pablo Mielgo en el podio. La presencia de Xabier Anduaga, aún en la fase de ensayos ante su muy esperado debut en el Liceu en Werther, dio a la velada un marcado aire de aprovechamiento y compromiso. Ese poco amor al riesgo o la falta de ambición artística para ir más allá de lo trillado se hizo patente cuando gran parte del programa se basaba en títulos ya escuchados en años anteriores, pues Yende ya cantó algunas funciones de Don Pasquale (temporada 2014-15), La traviata (2020-21) y Elisir d´amore (2024-25), con lo que solo debía abrir el baúl de los recuerdos. Parecido fue el caso del tenor donostiarra con Don Pasquale (temporada 2022-23) y La traviata (2024-25).
Ese afán reciclador fue muy notorio en el caso de la soprano. Tanto en su cavatina de Norina del Don Pasquale, como en el aria “Je veux vivre” del Roméo et Juliette, de Gounod, se pudo apreciar una impecable profusión de escalas, trinos bien mantenidos y uniformes, notas picadas y agudos bien colocados, aunque también sonidos fijos, en sí una brillante y algo hueca rutina, pero poco más pues su capacidad fraseadora es más bien limitada y no resulta conmovedora más allá de su elegancia canora. De ahí que tanto el dúo “Una parola, o Adina” del Elisir d´amore como el más movido “Quoi! Vous m´aimez…De cet aveu si tendre” de La fille du régiment, fueran un festival de carantoñas y de buena cuadratura, entre ambos, pero poco más.
Xabier Anduaga, en la primera parte, tampoco sorprendió con el aria de Tonio “Ah! mes amis!” de La fille du régiment, donde los nueve Do agudos fueron despachados con suficiencia y sin esfuerzo, aunque también con un marcado deseo de triunfar fácilmente. La dicción de los grupos vocálicos en francés sigue siendo precaria y estamos a pocos días de su debut absoluto en Werther. Más interesante fue la escena de Edgardo de Lucia di Lammermoor “Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero”, eso sí sin la cabaletta conclusiva “Tu che a Dio spiegasti l´ali”, donde habría podido combinar emoción con legato ejemplar. Con todo, esbozó una especial conexión anímica con Edgardo que convendría profundizar. De hecho, tanto Lucia como La favorite o Lucrezia Borgia serían apuestas ganadores en su actual estado de tenor lírico con un espléndido registro agudo.
En la segunda parte, Anduaga se lanzó a por Alfredo en su aria del inicio del segundo acto “De´miei bollenti spiriti” y aquí sí que hubo cabaletta, “O mio rimorso” con un suficiente, pero algo apretado Do4. Pretty Yende optó por resultar más idiomática y se marcó dos arias de opereta vienesa: “Meine Lippen, sie küssen so heiss” de Giuditta, de Franz Léhar, y “Klänge der Heimat”, el aria de las czardas húngaras de El murciélago, de Johan Strauss. En ambas, movimiento de brazos aparte, fue bastante más seductora e insufló algo de vida a un fraseo que demostró que su arte es más completo en piezas no tan pirotécnicas. En el dúo “Parigi, o cara” de La traviata ambos ofrecieron una dosis algo excesiva de almíbar, mientras que Yende cantó la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados, como si reprodujera la partitura en la mente, pero bastante aislada de la interpretación. En cambio, Anduaga pudo lucir bellas mezzevoci. El donostiarra fue antes sobre seguro y se marcó una “La donna è mobile” sin despeinarse, pero con algunas notas centrales y graves algo sombrías, a pesar del fulgor que alcanza arriba. En el dúo de Rigoletto “È il sol dell´anima… Addio, addio, speranza ed anima” concluyeron de un modo mucho más brillante, pues aprovecharon la última oportunidad oficial de pasional lucimiento. Curiosamente en la frase final Yende, muchos más potente, opacó algo a Anduaga.
El punto de sorpresa y emoción genuina, desde el conocimiento y la sensibilidad, lo puso la pianista grancanaria y repertorista del Liceu, Vanessa García Diepa. Sus dos solos, Méditation de Thaïs, de Massenet y el arreglo para piano del intermezzo de Manon Lescaut, ya escuchado en otros recitales, fueron bastante relevantes por ese toque presto a sorprender, con sutiles variaciones dinámicas, sus pausas y silencios bien expresivos, además de una elegancia que hizo que el público estuviera en estado de recogimiento ante el derroche de calidad desplegado por la pianista.
En los bises Anduaga explotó la vena sentimental con la consabida romanza “No puede ser” de La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal, bien fraseada y natural, yendo a más, pero sin el poderío de otros. Afortunadamente se volvió más emotivo y sorpresivo con Júrame, pieza de la compositora mexicana María Grever (1885-1951), a la que le sacó bastante partido al poner intención y fraseo encendido. Pretty Yende jugó con su nombre en “I feel pretty” de West Side Story, donde quedó sencillamente correcta, siendo más convincente en la paródica “Art is calling me”, también conocida como “I ought to be a prima donna”, de la opereta de Joseph Herbert The enchanteress, donde se marcó unas cadenzas de “Una voce poco fa” del Barbiere di Siviglia y de la escena de la locura de Lucia di Lammermoor con una cómplice García Diepa, que le siguió bien el juego. El dúo final volvió a Bernstein, con “Tonight”, en la que Yende estuvo más metida en el papel, mientras que Anduga quedó algo superficial como enamorado. Fue otro eco de piezas ya escuchadas y en estado de gracia, pues se había escuchado el año pasado por Flórez y Sierra y además con Dudamel al frente de la orquesta del Liceu.
En definitiva, un recital muy aplaudido en general, pero bastante rutinario, lejos del carácter estelar de una “gala” de verdad.
Josep Subirá
(fotos: A. Bofill)


