VALENCIA / ‘Giustino’ por René Jacobs: Vivaldi sin fantasía

Valencia. Palau de la Música. 19-IV-2026. Rémy Brès-Feuillet, Olivia Vermeulen, Kateryna Kasper, Robin Johannsen, Siyabonga Maqungo, Sonia Prina, Mark Milhofer, Francesc Ortega Martí. Dirección musical: René Jacobs. Vivaldi: Il Giustino.
La Freiburger Barockorchester lleva décadas a la vanguardia de la interpretación historicista gracias, en buena medidad, al impulso de René Jacobs, uno de los grandes maestros de la ópera barroca. Jacobs cumplirá en otoño ochenta años e impresionó verle entrar con ayuda de una asistente y apoyado por un bastón. Una vez en el podio, si bien mostró su diligencia y seriedad en el trabajo habitual, lo cierto es que algo no terminaba de funcionar. Jacobs cayó en una especie de monotonía que resultó fatal para la interpretación de una ópera como Il Giustino. Vivaldi necesita alegría, contraste, matiz y un poco de fantasía. Sin embargo, Jacobs condujo una versión por momentos mortecina. Fue un Vivaldi falto de vida que poco tenía que ver con las versiones de las óperas del compositor que en Valencia se han podido escuchar en las últimas décadas a cargo de Biondi (Palau de la Música) o Sardelli (Palau de les Arts).
Tampoco la Freiburger Barockorchester sonó con la superioridad sonora con la que se la escuchaba hace años. Ya en el inicio, unas tirantes trompetas sorprendían por su falta de temple, pero tampoco el resto de las familias parecía la de otros tiempos. Las cuerdas, por ejemplo, ya no lucen la nítida textura característica. En ese sentido, es curioso comprobar cómo en los últimos años las agrupaciones del ámbito germano, que fueron vanguardia en la interpretación historicista, han ido perdiendo esa primacía tanto por su calidad, como por la innovación en sus propuestas. La última gira española del mítico grupo Concentus Musicus es un claro síntoma. Por el contrario, Francia se alza como el gran referente de la música barroca actual con grupos ya consolidados como Les Arts Florissants o Les Musiciens du Louvre, junto a agrupaciones nacidas ya este siglo y que son un referente como Pygmalion o Cappella Mediterranea.
La propuesta era semiescenificada, contando con unas sillas y algunos elementos que permitían a los cantantes poder desarrollar cierto movimiento dramático. Además, los intérpretes iban caracterizados de forma que se creó la ficción efectiva de una representación operística. El elenco de cantantes fue solvente, pero sin voces especialmente deslumbrantes. El contratenor Rémy Brès-Feuillet fue un Giustino simpático y carismático en lo escénico, a la vez que mostró un canto depurado y elegante. Olivia Vermeulen fue un Anastasio (César) de gran autoridad vocal y carisma escénico. Kateryna Kasper interpretó los papeles de Arianna y La Fortuna. Este último supone una peculiaridad, pues la ópera seria italiana no suele contar con este tipo de elementos míticos tan habituales en el repertorio francés. La soprano convenció por la solidez de su canto, si bien la voz no siempre sonó con la frescura deseable. Robin Johannsen como Leocasta fue un deleite gracias a un canto exquisito, mientras que Siyabonga Maqungo como Vitaliano destacó por el brillo de su voz de tenor. Sonia Prina mostró tablas en escena usando una peluca a lo Raffaella Carrà para travestir en Flavia su papel de Andronico. La voz, sin embargo, no acompañó y sonó visiblemente avejentada. Mark Milhofer, por su parte, mostró una sólida técnica que empleó para caracterizar a un Amanzio entre lo histriónico y lo cómico. Por último, Francesc Ortega Martín fue un impecable Polidarte de gran calidad vocal.
César Rus
(fotos: Live Music Valencia)


